ANTE UN NUEVO ANIVERSARIO DEL ACTO TERRORISTA IMPERIALISTA SOBRE HIROSHIMA Y NAGAZAKI 
Se cumplen 72 años de este acto terrorista imperialista, y por eso Radio Centenario comparte un Mensaje de la 36 del 6 de agosto de 2010, que Usted puede volver a escuchar aquí:
http://www.ivoox.com/aniversario-del-acto-terrorista-imperialista-las-verdades-sobre-audios-mp3_rf_20232215_1.html
 

 

6 de agosto de 2010
Mensaje de la 36

 

A 65 AÑOS DEL ACTO TERRORISTA IMPERIALISTA LAS VERDADES SOBRE HIROSHIMA Y NAGAZAKI 
“Humo y fuego en Tokio. 
Olía a azufre. Había polvo por todas partes.
Cuando todo se despejó, allí yacían los crueles japoneses.
La respuesta a las oraciones de nuestros soldados.

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NI EL MONSTRUO QUE ARROJÓ LA BOMBA ATÓMICA ESTÁ ARREPENTIDO 
“El capitán de Theodore Van Kirk, quien hoy tiene 90 años, le dijo a La W: "Terminamos la guerra y salvamos muchas vidas”
“El objetivo que realmente buscaba Estados Unidos con el lanzamiento de las bombas atómicas, sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, no era el de la rendición de Japón, pues éste ya llevaba tiempo buscando una salida negociada a la guerra. El verdadero objetivo del gobierno yanqui no era otro que intimidar a la humanidad, en especial a la Unión Soviética, mostrándole la capacidad destructiva de la que eran poseedores y de su total falta de escrúpulos para utilizarla contra población civil indefensa”.

 

Para hablar hoy sobre este crimen yanqui uno de los mayores actos de terrorismo imperialista hemos recurrido a fuentes como la de Joanna Bourke, "Hiroshima", en La segunda guerra mundial, Guillermo Alvarado desde Radio Habana Cuba“Una historia de las víctimas”, periódicos de la fecha y testimonios.   
El horror y la devastación en su máxima expresión. Ocurrió en Japón un día como hoy hace 65 años, pero las heridas que dejó la bomba atómica de Hiroshima aún siguen abiertas. En especial para los casi 235 mil sobrevivientes de aquella masacre.
Con una serie de homenajes y ceremonias, el gobierno de Japón recuerda el primer ataque atómico de la historia, ocurrido el 6 de agosto de 1945. Aquel día, el bombardero "Enola Gay", un B-29 Superfortress, dejó caer sobreHiroshima a "Little Boy", como llamaron a la bomba atómica de uranio 235 que arrasó con todo. Eran las 8:15 de la mañana. A Paul Tibbets, el piloto, un cura le había dado su bendición cinco horas y media antes. Unas 140 mil personas murieron en el acto y en los cuatro meses siguientes por los efectos letales de la radiación. Muchas más, con el tiempo.
Tres días más tarde, el 9 de agosto de aquel año, el espanto se apoderó de Nagasaki. Allí, el bombardero B-29 Bockscar al mando de Charles Sweeney mató a unas 75 mil personas con otra bomba nuclear: la "Fat Man", a diferencia de la anterior era de plutonio239 y el reloj marcaba las 11:02. Seis días más tarde, el emperador Hirohito leyó por radio un comunicado en el que anunciaba la rendición de Japón y dio fin así a la Segunda Guerra Mundial.
Los actos que conmemoran esos ataques empezaron ayer. Decenas de miles de personas se congregaron en Hiroshima. Todo fue lágrimas y emoción entre los hibakusha, sus familiares y amigos.
Tsuyuko Nakao tiene 92 años y a pesar de sus canas y la dificultad para moverse no dudó en acercarse hasta el Memorial de Hiroshima para recordar a sus familiares. Delgada y frágil, se tomó de las manos con Kinuyo Ikegami,otra mujer que perdió a sus seres queridos en el bombardeo y que, aún a sus 77 años, no olvida el horror. Las dos rezaron desgarradas.
Otros fueron acompañados de sus nietos. Chiquitos que apenas entienden de lo que les hablan, pero que rezaron con la misma devoción que sus mayores por las almas de los caídos.
Muchos se acercaron a los periodistas para mostrar las fotos de sus seres queridos muertos y recordar sus nombres. Para ellos son mucho más que un número entre las víctimas.
Las flores y las velas no faltaron desde el atardecer e inundaron con su luz la noche japonesa. Arrodillados, de pie, inclinados sobre sí mismos, en cada familiar y hibakusha se escuchó el mismo rezo y la misma voz: nunca más. Y exigieron que las potencias ganadoras pidan perdón por la masacre de su gente.
Es la primera vez en más de seis décadas que se encuentran cara a cara con representantes de esos países. Nunca antes, un funcionario de Estados Unidos, Francia o el Reino Unido había tenido el coraje de pisar esas tierras en medio de un aniversario tan doloroso como el de hoy.
Los últimos supervivientes del ataque atómico de Estados Unidos sobre Japón, hace 65 años, son hoy ancianos que se resisten a que sus recuerdos mueran con ellos, algo que tratan de evitar con la ayuda de la tecnología digital.
En Japón quedan cerca de 235.000 “hibakusha” supervivientes de la bomba nuclear en Hiroshima y Nagasaki, pero tienen una media de edad de 75 años y muchos arrastran enfermedades por las radiaciones recibidas cuando eran niños a causa de la explosión nuclear.
Buena parte de ellos han dedicado su vida a luchar para que lamasacre no caiga en el olvido con conferencias, entrevistas y giras por el mundo con el fin de difundir, como símbolos vivos de la tragedia, su elocuente mensaje contra las armas nucleares.
Pero los sobrevivientes son cada vez menos y con ellos se extinguen los relatos sobre lo ocurrido el 6 de agosto en Hiroshima y el 9 en Nagasaki, cuando dos bombas atómicas arrasaron ambas ciudades y acabaron con la vida de decenas de miles de personas.
A finales de 1945, 140.000 personas habían muerto en Hiroshima 74.000 en Nagasaki por esos ataques, aunque las víctimas a causa de las radiaciones en los años posteriores fueron muchas más.
"Vi un fogonazo de intensa luz púrpura y blanca, las ventanas estallaron y el techo se derrumbó. Los gritos y quejidos de los heridos vibraban por todas partes", cuenta Naoyuki Okuma, un trabajador de Mitsubishi Electric que tenía 19 años cuando cayó la bomba de Nagasaki.
"Como mis heridas eran menores que las de otros, me pidieron que transportara a los heridos. Había quienes habían sido alcanzados por cristales, brazos y piernas rotos, gente con la piel abrasada", detallaOkuma.
Su relato ha quedado perpetuado en el llamado “Archivo de Nagasaki”, una iniciativa digital que ofrece, con la ayuda de Google Maps, un mapa en 3D de la ciudad con fotos de los supervivientes en los lugares donde les sorprendió el ataque y sus testimonios.
La webestrenada hace menos de un mes, pretende “guardar la trágica experiencia del pasado y convertirla en datos digitales accesibles para las futuras generaciones”, dicen los responsables del proyecto, en el que ha colaborado la Universidad Metropolitana de Tokio.
"La atención de los medios de comunicación y los educadores y la oportunidad de tratar el tema de la bomba atómica está disminuyendo gradualmente, y la memoria comienza a borrarse", advierten.
La página de Internet permite además que cualquier usuario envíe mensajes cortos y enlaces a través de la red social Twitter mediante el que aparecen como una nube superpuesta en el mapa.
Los sitios web dedicados a los sobrevivientes se han multiplicado en los últimos años en Japón, donde durante décadas las víctimas de Hiroshima Nagasaki llevaron como una losa el estigma de la discriminación pues se creía que los efectos de la radiación podían ser contagiosos.
Entre los lugares emblemáticos que han echado mano de Internet para difundir su mensaje está el Museo Memorial de la Paz de Hiroshima, muy cerca del lugar donde cayó la primera bomba atómica de la historia.
Después de que en el año 2000 el director mostrara su preocupación por la continua disminución del número de visitas, el centro decidió crear un museo virtual para que, desde cualquier rincón del mundo, se pueda hacer una visita interactiva por sus instalaciones.
Los responsables del Museo han realizado un ingente trabajo para recoger en las últimas décadas cerca de 130.000 relatos de supervivientes, de los que ha digitalizado un puñado que se pueden leer y escuchar en línea.
Traducidas hasta ahora al inglés, chino y coreano, esta semana el museo anunció la próxima versión de varios testimonios en otros siete idiomas, entre ellos el español.
El objetivo es mantener vivos estos recuerdos para las generaciones futuras. Porque, como asegura el lema del Museo de Hiroshima: "Si nadie habla, nada cambia".
65 años después de la bomba que mató a 80.000 personas instantáneamente, el capitán de Theodore Van Kirk, quien hoy tiene 90 años, dijo: “Terminamos la guerra y salvamos muchas vidas”. 
Van Kirk aseguró que estaban concientes de lo que estaban haciendo y que la noche anterior estaban jugando poker. Agregó que sintió alivio al ver que la bomba había funcionado y que su misión llevó a Japón a la rendición y puso fin a la Segunda Guerra Mundial. 
Por otro lado, Hiroshima recordó el 65 aniversario del lanzamiento de la primera bomba atómica con un llamado al desarme nuclear. 
La ceremonia contó con la participación oficial, por primera vez, de Estados Unidos, a través de su embajador en Japón, John Ross y el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-Moon.
Representantes del Reino Unido y Francia, aliados en la Segunda Guerra Mundial y hoy potencias nucleares, también se hicieron presentes por primera vez y con diplomáticos de 70 países.
A las 8:15 hora local, la misma en la que el avión estadounidense “Enola Gay” lanzó la bomba atómica en 1945, un intenso silencio se hizo entre las 55.000 personas que, según la agencia local Kyodo, se congregaron en el Parque de la Paz de Hiroshima. 
El parque ocupa la explanada dejada por la detonación de la bomba de uranio “Little Boy” que arrasó Hiroshima, una ciudad que contaba, en aquel entonces, con unos 350.000 habitantes, según los cálculos actuales. 
Cerca de 80.000 personas perdieron la vida al instante y para finales de 1945 los muertos se elevaban a unos 140.000, aunque fueron muchas más las víctimas a causa de la radiación en los años posteriores. 
Tres días después de aquel ataque, EE. UU. lanzó una segunda bomba nuclear sobre la ciudad de Nagasaki que causó 74.000 muertos a finales de ese año. 
En la ceremonia, el alcalde de Hiroshima, Tadatoshi Akiba, incitó a Japón a que abandone el “paraguas nuclear” de EE. UU., que tras la Segunda Guerra Mundial se convirtió en su principal aliado de seguridad. 
Ante un público que incluía al primer ministro nipón, Naoto Kan, Akiba rindió homenaje a los muertos y a los 'hibakusha', como se conoce a los sobrevivientes del desastre atómico, que "sin entender la razón, se vieron envueltos en un infierno más allá de sus peores pesadillas", dijo Akiba.
La demanda del alcalde tuvo pronta respuesta del primer ministro nipón, que tras la ceremonia afirmó que la protección nuclear de EE. UU. "sigue siendo necesaria" para Japón, aunque al mismo tiempo aseguró que el país tiene la responsabilidad moral de liderar la lucha contra las armas atómicas. 
Tanto Kan como Akiba agradecieron la presencia oficial en la ciudad de los representantes de Estados Unidos, Reino Unido y Francia, potencias nucleares que nunca antes habían enviado representantes al aniversario del bombardeo. 
El embajador estadounidense asistió “para expresar respeto por todas las víctimas de la Segunda Guerra Mundial”, según un comunicado de la delegación diplomática en Tokio, que destacó que,  EE. UU y Japón “comparten el objetivo común de avanzar en la visión del presidente Obama de lograr un mundo sin armas nucleares”. 
También reiteró su compromiso con la abolición de las armas atómicas el secretario general de la ONU, quien mostró su esperanza de poder celebrar en 2020 la existencia de un mundo sin amenazas atómicas. 
Ban, quien visitó Nagasaki el pasado jueves, propuso fijar el 2012 como el año de entrada en vigor del Tratado para la Prohibición de Pruebas Nucleares, suscrito en 1996 pero que sigue a la espera de la ratificación de 44 naciones, entre ellas Estados Unidos y China. 
Además, se mostró partidario de convocar reuniones periódicas del Consejo de Seguridad para analizar “la situación de nuestras promesas y compromisos” en lo relativo a las armas nucleares. 
La amplia presencia internacional este año en Hiroshima y, en especial, la asistencia del embajador de Estados Unidos había suscitado grandes expectativas en la ciudad, que esperaba alguna indicación sobre una próxima visita deBarack Obama en noviembre. 
Sin embargo, un portavoz de la Casa Blanca afirmó que, por ahora, una visita a la ciudad que EE. UU. arrasó en 1945 no entra en los planes del presidente estadounidense. Seguramente deberán pasar 65 años más para que esto suceda. 

El 6 de agosto de 1945 el mundo cambió. Esa mañana por primera vez en la historia, de manera conciente y deliberada, un gobierno decidió la eliminación instantánea y masiva de cientos de miles de civiles y condenó a una lenta y dolorosa agonía a muchos otros por medio del arma más poderosa inventada jamás. 
En la última edición del diccionario de la Real Academia Española se define el terrorismo de la manera siguiente: 
1. Dominación por el terror. 
2. Sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror. 
Las bombas atómicas lanzadas contra las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki fueron, simple y llanamente, actos de terrorismo fríamente calculados, cuando ya la segunda guerra mundial estaba estratégicamente terminada, Italia y Alemania habían capitulado y a Japón le quedaban semanas apenas. 
Ninguna de las mentiras esgrimidas por el gobierno del presidente de Estados Unidos, Harry Truman, magnificadas por su socio incondicional, el Primer Ministro británico, Winston Churchill, pueden ocultar los propósitos de tan brutales ataques. 
Truman dijo que el bombardeo fue necesario para obligar a Japón a rendirse, algo totalmente falso. Desde hacía meses que Tokio buscaba la forma de negociar la capitulación, pero todos sus esfuerzos resultaron infructuosos, porque tanto norteamericanos como británicos los ignoraron. 
En el New York Times del 11 de agosto de 1993, se revela el contenido de un cable enviado a Berlín el 5 de mayo de 1945 por el entonces embajador de Alemania en Tokio, e interceptado por los servicios de inteligencia estadounidenses, donde el diplomático asegura que los altos oficiales japoneses reconocen su desesperada situación y están dispuestos a aceptar los términos de la rendición, por duros que fuesen. 
También es mentira que las bombas se lanzaron para salvar vidas de soldados norteamericanos. Según Truman, se evitó la muerte de 500 mil hombres, en tanto que Churchill aumentó la parada y puso la cifra en un millón y medio. 
Una de las peores batallas del pacífico, el desembarco de Okinawa, causó la muerte de 12 mil 500 soldados de Estados Unidos y 37 mil heridos. Ya en agosto de 1945 el ejército japonés estaba tan diezmado que no hubiese puesto resistencia alguna a la ocupación aliada. 
Por otro lado se conoce que Hiroshima y Nagasaki fueron arteramente resguardadas de los bombardeos estratégicos. La fuerza aérea yanqui destruyó por completo las cinco urbes más grandes del país asiático y otras 64 de entre 100 mil y 400 mil habitantes, pero no tocaron a ninguna de las dos mencionadas. 
En Tokio el 9 de marzo de 1945 se emplearon 8 mil 250 bombas de 250 kilogramos, que 150 metros antes de tocar suelo se fragmentaban cada una en 50 bombas de NAPALM. Ese día murieron 120 mil personas y se hirió a 400 mil más. 
Sin embargo, los blancos del ataque atómico No habían recibido ni una pedrada desde los aviones estadounidenses. Los querían intactos, población e infraestructura, para medir y mostrar al mundo el verdadero efecto devastador de la nueva arma. Jamás se había visto proyecto tan criminal y grosero. 
El objetivo nunca fue rendir a Japón o salvar vidas de soldados. Fue paralizar al mundo e imponerse por medio del terror. Esto es terrorismo en todo el sentido político y militar del término y 65 años después el mismo país que lo hizo se apresta para atacar de nuevo en la misma forma, solo que con arsenales más modernos y mortíferos, esta vez contra Irán y la República Democrática de Corea. 
¿Se necesita más para saber quiénes son los que de verdad ejecutan y promueven el terrorismo? A buen entendedor, pocas palabras. 
El objetivo que realmente buscaba Estados Unidos con el lanzamiento de las bombas atómicas, sobre las ciudades japonesas de Hiroshima Nagasaki, no era el de la rendición de Japón, pues éste ya llevaba tiempo buscando una salida negociada a la guerra. El verdadero objetivo del gobierno yanqui no era otro que intimidar a la humanidad, en especial a la Unión Soviética, mostrándole la capacidad destructiva de la que eran poseedores y de su total falta de escrúpulos para utilizarla contra población civil indefensa. El lanzamiento de las bombas era la forma de decirle al mundo que, tras la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos se había convertido en el nuevo Imperio y que nadie debía de entrometerse en su camino expansionista.
Hoy como entonces, el gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica, junto a sus aliados, sigue haciendo gala de la misma falta de escrúpulos y de humanidad desarrollando guerras atómicas de baja intensidad en Afganistán e Irak, haciendo uso de explosivos de uranio empobrecido y fósforo blanco que tendrán a la larga unas consecuencias desastrosas para la población y el medio ambiente de Oriente Medio. Un genocidio sólo denunciado y combatido con firmeza por un puñado de naciones dignas como Cuba, Venezuela o Irán, ésta última, paradójicamente acusada de construir armas nucleares, por quienes precisamente las han usado y las siguen usando en sus criminales guerras de rapiña.
El 6 de agosto de 1945, a los 815 horas, el cielo estaba despejado. Acabada de sonar la alarma área cuando una bomba, bautizada con el nombre de "Little Boy", fue lanzada en paracaídas desde el bombardeo "Enola Gay", unB-29 ES. La bomba tenía tres metros de longitud y pesaba 3.600 kilogramos. Su carga de uranio de 235 tenía una potencia equivalente a 12, 5 kilotones de dinamita. Explotó a 580 metros de altura. Al deflagrar, la temperatura de la bola de fuego que alcanzó  cien metros de diámetro, de 1.8000 C en la superficie y de 300.00 C en el centro. 
El Infierno de Dante acaba de abatirse sobre Hiroshima. Yamaoka Michikio, una niña de 15 años que estaba a 800 metros del hipocentro de la bomba en Hiroshima, lo describió así:  
“Oí un leve ruido de motores de avión al acercarme al río…Y entonces ocurrió. No se oyó nada. Noté algo muy extraño. Muy intenso. Noté colores. No era calor. No se podía decir que fuese amarillo pero tampoco azul. En aquel momento pensé que yo sería la única en morir. Y me dije “Adiós, mamá”. Dicen que soporte temperaturas de siete mil grado centígrados…Nadie de los que estaba allí parecía un ser humano. Hasta aquel momento creía que eran bombas incendiarias lo que habían lanzado. Todo el mundo estaba estupefacto. Todos parecían haber perdido la facultad del habla. Nadie podía gritar aunque estuviesen envueltos en llamas. Nadie gritaba que se abrazaba. Mis ropas ardían y también mi piel. Toda hecha jirones. Me había hecho trenzas pero ahora mi pelo parecía la melena de un león. Había personas, que apenas respiraban, que intentaban volver a colocarse los intestinos que se les habían salido. Personas con las piernas arrancadas de cuajo. Decapitadas. O con la cara quemada e hinchada de tal manera que resultaban irreconocibles. Lo que yo vi fue un verdadero infierno”. 
Muchos de los heridos que seguían en pies se habían quedado ciegos, con las pupilas, los iris y las corneas quemados. Vomitaban sangre y pus. Los brazos y las espaldas eran una pura llaga. Y lo más terrorífico era que tenían que ocuparse de los cuerpos abrasados de sus familiares, vecinos y compañeros de trabajo. No había precedentes para semejante acto de guerra, que rebasaba todos los límites de la capacidad destructiva de la tecnología conocida hasta entonces. 
La bomba mató a unas 140 personas en el acto. Esta cifra no incluye a quienes murieron días, meses o años después, ni tampoco a los "bebes pica", palabra japonesa que significa "flash", que luego nacieron con malformaciones debido a la exposición del útero a la radiación. No todos los muertos fueron japoneses. Había prisioneros de guerra americanos en la ciudad en el momento de estallar la bomba. Los prisioneros de guerra que sobrevivieron a la explosión fueron linchados en las calles, inmediatamente después, por la multitud enfurecida que los apaleó hasta la muerte, mientras la policía militar lo observaba. También murieron decenas de miles de obreros coreanos, que trabajaban prácticamente como esclavos en la ciudad. Sus gritos de socorro fueron ignorados por los japoneses. 
Tras el lanzamientos de las bombas, el gobierno japonés aconsejó a la población que vistiese prendas de color blanco en lugar de oscura, dando a entender que esa sencilla medida los protegería en el caso de un nuevo ataque. Por lo demás, guardaron un extraño silencio acerca de la magnitud de la destrucción. Este silencio se mantuvo hasta 1952. Las fuerzas de ocupación americanas prohibieron los comentarios sobre los bombardeos, y ordenaron la destrucción de todas las fotografías. La información acerca de la devastación nuclear no hubiese predispuesto a Japón a abrazar la democracia y el liberalismo que las fuerzas de ocupación americanas ensalzaban. 
Irónicamente, el gobierno de Tokio se enteró de la tragedia de Hiroshima a través de Washington. En una nota de prensa dirigida a la población americana, alardeaba de haberse gastado dos mil millones de dólares en la  "mayor apuesta científica de la historia. Y la hemos ganado". La nota concluía con estas siniestras palabras: "Ahora estamos preparados para arrasar más rápida y completamente toda empresa productiva que Japón tenga en cualquier ciudad...Si no aceptan de inmediato nuestras condiciones, pueden esperar la lluvia más devastadora de la historia". 
Y mientras los líderes japoneses debatían la conveniencia de rendirse, y en qué condiciones, los americanos volvieron a actuar. El 9 de agosto de 1945, el B-29 "Bock's Car", lanzó la segunda bomba, de plutonio, sobre Nagasaki. William Laurence formaba parte de la tripulación de uno de los aviones de apoyo cuando Nagasaki fue bombardeaba. Al ver la explosión de la bomba, que los americanos bautizaron con el nombre de "Fat Man", pensó en la elemental belleza de la explosión en lugar de el sufrimiento que estaba causando. Lo expresó en estos términos: 
“Atónitos, lo vimos, refiriéndose al fuego, como un meteorito que procediese de la tierra en lugar de llegar del espacio, convirtiéndose en algo cada vez más vivo al ascender hacia el cielo a través de las nubes blancas. Era algo vivo, como un ser de una nueva especie, que nacía ante nuestros ojos incrédulos…Luego …lo vimos brotar de un hongo gigantesco que se elevó hasta unos 15 mil metros. La parte superior del hongo, que parecía más viva que el talo, producía un siseo y un hervor en un enfurecido mar de espuma blanca. A media que el hongo flotaba en el azul, cambiaba de forma adoptando la de una flor de gigantescos pétalos, de cremosa textura blanca y rosado interior, que se curvaba hacia abajo”. 
Su lirismo ocultaba una verdad patética; la bomba mató a unas 74.000 personas y dejó un legado de daños causados por la radiación que duró décadas.
Japón era un caos. El mismo día del ataque atómico a Nagasaki, la URSS ataca Manchuria desde Siberia, como prometió hacer en virtud de los acuerdos de Yalta en 1945, y le declaró la guerra a Japón. Cuando el Ejército Rojo atacó superaba a los japoneses en una proporción de dos a uno. Sin embargo, el ejército soviético tuvo 12.000 muertos y 24.000 heridos. Su contribución ayudó a la derrota de Japón en Asia y el Pacífico. A cambio, Stalinobtuvo una "esfera de influencia" en Manchuria, Corea del Norte y las islas Kuriles, así como en el sur de la isla de Sajalin.
Sin embargo, algunos líderes militares japoneses seguían "resistiendo". El Consejo Supremo para la Dirección de la Guerra conocido como el "Gran Seis" y el consejo de ministros japoneses estaban divididos. Al fin y al cabo, todos recordaban la Proclamación de Postdam, que había exigido "la redención incondicional de todas las fuerzas armadas japoneses", y subrayaba que:
“debería eliminar de manera definitiva la autoridad e influencia de aquellos que han engañado y desorientado al pueblo japonés, incitándolo a la aventura de conquistar el mundo…No nos proponemos que los japoneses sean esclavizados como raza ni destruidos como nación, pero toda la severidad de la justicia deberá recaer sobre todos los criminales de guerra” 
Éste no era el lenguaje adecuado para tranquilizar a los japoneses respecto de la supervivencia de su monarquía. Al final, fue el propio emperador quien intervino, urgiendo a la rendición. Al mediodía del 15 de agosto de 1945, las radios volvieron a oírse y, por primera vez, el emperador le habló directamente a su pueblo. Se dirigió a sus "buenos y leales súbditos" en estos términos:
“Les declaramos la guerra a América y al Reino Unido por un sincero deseo de garantizar la supervivencia de Japón y la estabilidad del este asiático…Pero ahora llevamos cuatro años de guerra. Y, a pesar de los esfuerzos de todos, de la diligencia y solicitud de los funcionarios del estado y del abnegado esfuerzo de nuestros cien millones de habitantes, la guerra no ha evolucionado a favor de Japón, y la tendencia general va en contra de nuestros intereses.
Además, ele enemigo ha empezado a utilizar una bomba nueva y sumamente cruel, con un poder de destrucción incalculable y que acaba con la vida de muchos inocentes. Si continuásemos la lucha, sólo conseguiríamos el arrasamiento y el colapso de la nación japonesa, y eso conduciría a la total extinción de la civilización humana”. 
Luego, le pidió a todos los japoneses que aceptasen las condiciones de la rendición. El ministro de la Guerra, Anami, que había sido el alto jefe militar más contrario a la rendición, accedió de inmediato y declaró que "como soldado japonés debo obedecer a mi emperador". Al día siguiente de la rendición se suicidó, haciéndose el tradicional harakuri.
Japón se rindió el 14 de agosto. La ceremonia oficial de la rendición tuvo lugar el 2 de septiembre a bordo del destructor americano Missouri, y estuvo presidida por el general MacArthur, comandante supremo de las potencias aliadas.
Las reacciones al lanzamiento de las bombas atómicas fueron diversas. Buena parte de la población de los países aliados sintió básicamente alivio y un cruel entusiasmo. En una de sus declaraciones radiofónicas, el presidente Truman alardeó diciendo que "los japoneses empezaron la guerra por aire en Pearl Harbor. Pues bien: hemos replicado con creces". Truman llegó a decir que la bomba fue un regalo de Dios, que los "hombres de bien" tenían el deber de utilizar prudentemente: "Damos gracias a Dios porque la bomba haya llegado a nuestras manos en lugar de a las de nuestros enemigos. Que Él nos guíe para utilizarla de acuerdo con su Voluntad". De un modo menos grandilocuente, uno de los tripulantes que participó en el bombardeo de Nagasaki escribió lo siguiente en su diario: "Esos pobres japoneses se lo tenían merecido". Una encuesta de Fortune, realizada en diciembre de 1945, reveló que menos del 5 % de los americanos pensaban que la bomba no tenía que haberse lanzado. En diciembre de 1945, dos cantantes de country de Kentucky grabaron la primera canción acerca de la bomba, titulada"Cuando cayó la bomba atómica". La canción incluía un estribillo que calificaba la bomba de "justo" castigo del infierno, enviada para atormentar a los malvados japoneses:
“Humo y fuego en Tokio. 
Olía a azufre. Había polvo por todas partes.
Cuando todo se despejó, allí yacían los crueles japoneses.
La respuesta a las oraciones de nuestros soldados.  
En el club de prensa brindaban con el "Coctel atómico" Pernod y ginebra, pero no todo el mundo lo celebraba.
Obviamente, en Japón hubo protestas. Como dijo una radio de Tokio: "Unas tácticas tan bestiales revelan lo delgada que es la capa de civilización de la que alardeaba el enemigo". Algunos americanos estuvieron de acuerdo. El general Dwight D. Eisenhower se preguntó "si realmente había sido necesario atacarlos con algo tan espantoso", y el periodista Edward R. Murrow comentó que "rara vez, o acaso nunca, ha terminado una guerra dejando a los vencedores con tal sensación de incertidumbre y de temor, conscientes de que el futuro es siniestro y de que la supervivencia no está garantizada". Incluso el neoyorquino Herald Tribune afirmó"que no era para congratularse pensar que una tripulación aérea americana haya provocado lo que sin duda es la mayor matanza en toda la historia de la humanidad", trazando un paralelo entre la bomba atómica y"las matanzas en masa de los nazis o de la Antigüedad".
¡LOS VERDADEROS TERRORISTAS DE TODA LA VIDA HAN SIDO Y SON LOS ESTADOS UNIDOS DE NORTEAMERICA!