TESTIGO DEL ASESINATO DEL MILITANTE DEL PCR OSCAR FELIPE FERNÁNDEZ MENDIETA DA SU TESTIMONIO E IDENTIFICA A LOS ASESINOS
Contacto con el periodista Dino Capelli, desde Durazno, 12 de abril de 2019.

El periodista Dino Cappelli, de El Acontecer de Durazno en contacto con CX36 se refirió a la entrevista que publicó a un militar que fue testigo directo de las últimas horas y la muerte de Oscar Felipe Fernández Mendieta, muerto en democracia. Cappelli se refirió al testimonio hasta ahora anónimo y dijo que “días atrás a través de un mensaje de texto se contacta una persona diciendo que tenía elementos contundentes que daban cuenta de las últimas horas y de los autores de la muerte de Fernández Mendieta”. Dijo que en pocos días esta persona declarará ante la Justicia y hará pública su identidad y señaló que se desempeñó en el Regimiento de Caballería N°2 de Durazno. A continuación transcribimos el contacto de  Dino Cappelli con CX36, que puede volver a escuchar aquí:
https://www.ivoox.com/dino-cappelli-12-4-2019-audios-mp3_rf_34401089_1.html

 

Diego Martínez: estamos en contacto con el periodista Dino Capelli del periódico El Acontecer de Durazno. Antes que nada, muchísimas gracias por estos minutos.
Capelli, lo molestamos dándole los buenos días para conocer un poco más de esta nota que salió publicada de un testimonio hasta ahora anónimo de alguien que quiere declarar sobre la situación de Mendieta, un detenido desaparecido

Dino Capelli: Exacto, buenos días, gracias por el llamado, por el interés.
Sí, efectivamente, yo trabajo para el diario ‘El Acontecer’ de Durazno, días atrás a través de un mensaje de texto se contacta una persona en forma anónima diciendo que tenía elementos contundentes que daban cuenta de lo que fueron los últimos minutos, las últimas horas y los autores fundamentalmente de la muerte de Óscar Felipe Fernández Mendieta que fue un muerto en democracia lamentablemente, aún no había sucedido el golpe de Estado en nuestro país.
Bueno, nos contactamos con esta persona, allí pasa a dejar de ser anónimo para nosotros y en definitiva es una persona que, quiero destacarlo, en pocos días, cuando Perciballe, el fiscal que lleva adelante la causa de la muerte de Fernández Mendieta, le tome de testigo, le tome declaración, ya va a dejar de ser anónimo. No tiene problemas, luego de ello en dar a conocer su identidad.
Es una persona que trabajó en el Regimiento de Caballería Nº2 de Durazno en esa época, tenía 18 años, era muy joven, y bueno, vivió todo este tiempo con eso que vio, que escuchó, que presenció de laguna manera como testigo directo, y bueno, años después decide contarlo. Eso fue un poco la génesis de esta nota

 

María de los Ángeles Balparda: Lo que significa un cambio para la causa porque aparece un testigo por primera vez.

DC: Exacto, aparece un testigo y además se cita claramente quienes fueron los autores físicos, materiales de la muerte ¿verdad? Porque es una causa en la cual siempre se titulaba con aquello de Ballestrino y otros.
Bueno, en este caso este hombre indica como los autores responsables de la muerte a Mieres y a Blanco que eran dos alférez en esa época, también jóvenes en aquel momento, en el año 1973. Yo creo que otorga elementos contundentes.
Sabido es que esta muerte ocurrida en democracia tiene un primer y gran responsable que es el Estado uruguayo y después de allí todas las cadenas de mando. Pero bueno, por fin recae a partir de este testimonio en alguien claramente, personas que además hasta hace poco tiempo tenían una vida pública muy activa, Mieres por ejemplo en el departamento de Tacuarembó con actividades vinculadas al deporte, a las instituciones deportivas, así que creo yo que es un elemento importante que finalmente aparece en esta causa

 

DM: ¿Él por qué explica que decide hablar y hablar con usted, cuál es la razón que da?

DC: Bien, él lo primero que esgrime es "no puedo dormir", eso fue increíblemente lo primero. Él afirma escuchar aún los gritos de Fernández Mendieta, él afirma escuchar en su interior los golpes y los sollozos, eso fue un poco lo que determinó esto.
Esta persona con 18 años de edad, para contextualizar un poco a la gente, Durazno, año 1973, sin fuentes laborales como la mayoría de los departamentos del interior, los jóvenes terminaban el liceo y se enrolaban en el Ejército, era una forma de conseguir trabajo como lo dice él mismo.
Vive todo esto y a partir de ahí, una persona que además manifiesta ser cristiana, ser religiosa, desde ese momento de vuelca al alcohol, él además sufre de alguna manera las presiones de ese Ejército que le brindaba trabajo diciendo no podés hablar de esto, no podés decirle nada a nadie.
En determinado momento la viuda de Fernández Mendieta que se había ido para Inglaterra, retorna a Uruguay, trata de contactarlo para conocer lo que en sus últimos minutos había sido la vida de su esposo, él en ese momento tampoco dice nada por miedo y en definitiva todo esto fue llevando a que se convirtiera en un alcohólico, no pudiera dormir, hoy por hoy admite estar medicado psiquiátricamente para poder descansar y para poder llevar una vida tranquila o normal. Entonces, bueno, a partir de diversos testimonios que le dicen esto tenés que contarlo, no podés seguir viviendo con esto, sin decirlo, es que él entiende que era necesario exorcizar esto a través de, primero se contactó con un cura católico, el Padre Avrillaga, un hombre de la región centro-sur, floridense. De alguna manera allí le contó el testimonio a Avrillaga, dentro de su círculo de Alcohólicos Anónimos también lo dijo pero de allí, al igual que de una confesión católica, no sale el testimonio, así que bueno, de alguna manera haciéndolo público él entiende que va a poder dormir. Directamente fue lo que nos dijo en el momento en que hablamos con él.
Creo yo que por allí pasa, por algo tan humano como el no poder convivir con ese peso en la conciencia de algo tan grave que vivió

 

MAB: Exactamente, que era muy llamativo que pasaran tantos años y no hubiera ningún caso que se expresara en estos términos.
¿Para vos como periodista, esto qué significa? Yo creo que en algún momento en la nota decís "me eligió a mí", ¿cómo tomás que te toque escuchar este testimonio?

DC: Sí, fue una experiencia realmente muy fuerte. Yo tengo 45 años, trabajo en los medios desde los 14 y he pasado por muchas instancias fuertes en materia de comunicación pero nunca había te nido un testimonio así de una persona donde vos notabas la tensión en el ambiente, en su relato. Él creo que nos elige, de hecho nos dice nos elige porque, bueno, había seguido un poco la serie de notas que nosotros habíamos escrito sobre casos sucedidos en la dictadura, siempre buscando temas que de alguna manera, a partir de las historias periodísticas pudieran tener alguna solución, no solamente en esto, en temas (...) o en temas medioambientales. Entonces, bueno, creo que por allí pasa la elección y también, por supuesto, por un tema de cercanía, este testigo vive actualmente en el centro del país, vive en Durazno y bueno, nosotros estamos en Sarandí Grande y de alguna forma él nos eligió por eso y por poder tener ese contacto cara a cara.
Seguramente hay medios periodísticos que tienen mayor difusión, periodistas con mayor trayectoria o renombre que también podrían haber tomado la historia

 

MAB: Sí, pero es muy importante que lo haga contigo porque es un coterráneo, está cerca, estás interesado en el tema porque has trabajo en él, es muy importante porque además puede iniciar, capaz que no pero puede ser un camino para otros también que digan, bueno, hasta ahora me lo guardé y ahora puedo hablar

DC: Por supuesto.
A partir de eso, increíblemente como tú decías, empiezan a surgir contactos con personas que dicen, sí yo trabajaba en el Ejército en ese momento, yo sabía, yo escuchaba, yo veía. Ojalá, como tú decís, esto permita, y que también permita tener garantías, que estas personas puedan tener las garantías necesarias para que la Justicia, sea civil o sea militar, los escuche, las escuche y tome en cuenta esos testimonios. Porque en definitiva esto se trata de que personas que cometieron crímenes atroces, y en democracia como fue en este caso, puedan dar su testimonio y puedan aportar al esclarecimiento.
A través de, por ejemplo, las redes sociales, mucha gente que se ha contactado dice, yo a veces no puedo vivir dos o tres días con un secreto, con algo que sé y que no lo digo, y esta persona estuvo tantos años, como decíamos, coaccionada por el miedo, por las presiones, es realmente difícil.
Yo vi a una persona muy tensa, muy cansada, ese sería también un término, muy agotada por todo lo que han sido estos tiempos. Imagínense un joven con 18 años que los altos mandos le dicen, tenés que ir al velorio de la persona que escuchaste ver matar hace minutos y tomar nota de quiénes están allí, quiénes fueron, quiénes acompañaron al féretro. O sea, es muy, muy fuerte y capaz que lo naturalizamos mucho los uruguayos por todo lo que se vivió en esa época, yo nací en ese año en el 73.
Son realmente cuestiones increíbles que uno también las dimensiona a partir de un testimonio así ¿no?

MAB: Exacto

 

DM: ¿Dino, la relación con la Justicia ocurre después del contacto contigo? ¿Le hacés tú el camino para que sea más fácil para él, o él directamente cuando habla contigo ya también se comunica con el fiscal Perciballe?

DC: Él me dijo que ya antes de contactarse conmigo tenía un contacto establecido con Perciballe. Me dijo que quería que la nota saliera antes del contacto con Perciballe como una forma de ya tener un camino allanado en cuanto a lo que él tiene para decir. Entonces, por lo que este testigo me dijo, que luego de Semana de Turismo él estaría pudiendo aportar su testimonio a la Justicia, eso fue lo que me expresó

 

DM: Dino, te agradecemos mucho este contacto, obviamente que seguimos de manera permanente, va a haber otros contactos contigo para conocer un poco más de esto porque va a mover obviamente la realidad de Durazno, la realidad de todo, esta nota que ustedes publicaron. Y felicitaciones también por el hallazgo periodístico de alguna manera, por haber sido elegido también para publicar esto y haberte animado a hacerlo también. Quizás otros tengan testimonios y no lo hagan.
Un abrazo y gracias

DC: No, gracias a ustedes y quiero valorar también, aprovechar la oportunidad de este contacto, valorar a la empresa periodística, ustedes que están en los medios seguramente saben lo difícil que es para las empresas periodísticas a veces ponerse en el plan de dar a conocer este tipo de nota. Desde la dirección que inmediatamente leyó la nota y dijo "dale para adelante, va sin problemas" y esto sabemos que se asumen riesgos, los que hemos pasado por juicios de prensa sabemos lo que a veces puede suceder, en materia económica fundamentalmente y no en lo penal. Entonces, bueno, creo que también vale un reconocimiento a la empresa periodística que se la jugó.
Gracias a ustedes por el contacto, y por cierto, estamos a la orden

 

DM: Muchas gracias, hasta luego.

 

A continuación compartimos la nota publicada en el diario “El Acontecer” de Durazno:

EXCLUSIVO RELATO EN PRIMERA PERSONA DE LA MUERTE EN DEMOCRACIA DE 1973 EN DURAZNO
Testigo del horror: “Los gritos de la tortura a Fernández Mendieta aún hoy no me dejan dormir”

Todo va a estar bien, parece decirle Oscar a su compañera. Ya fue esposado y puesto en la parte trasera de la camioneta del cuartel, y los ojos dicen y transmiten más que mil palabras. Aquella mirada, tranquilizadora, es lo último que el joven le deja al amor de su vida. Todo va a estar bien, se dice para sí. Nada puede pasar por tener unos cuadernos del Partido, se dice para sí. Quiere transmitir esa esperanza al niño que nacerá pronto, aquel por el que vale la pena vivir, por el que vale la pena Uruguay. Entonces sigue mirando a su compañera, y el miedo no se traduce, solamente se siente.

Dino Capelli | 11/04/2019

Son las 5 de la tarde, es mayo del 73. Durazno respira temor, como todo el país. Y los cuarteles se llenan de jóvenes como Oscar Felipe Fernández Mendieta.
A Oscar lo trasladan cuando el sol está por caer, en aquel otoño rumbo al invierno. Caballería lo recibe, y comienza a contestar preguntas simples. 
Credencial Cívica: RBD 13.855. Edad: 26. Nació en 1947 en Durazno. Está casado y tiene un hijo, que aún no ha nacido. Vive en ruta 5, a 5 kilómetros al sur de la ciudad de Durazno. Es trabajador rural, medianero de un establecimiento a 5 km de la capital del departamento. Milita políticamente en el Partido Comunista Revolucionario (PCR). Tiene un alias, paradójicamente uno que busca otorgarle invisibilidad, ‘Juan Pérez’.
No tiene claro por qué lo llevan a declarar. Es a partir de una documentación incautada y procesada por efectivos del Regimiento de Caballería n.º 2, perteneciente a la Región Militar n.º 2. No hay testigos, no hay datos, apenas unos cuadernos del Partido, dicen de un lado y del otro.

Muchas horas me insume elegir el alias para la historia que voy a escribir. Sucede que todo comenzó sin nombres, desde el primer mensaje de texto. “Me parece oportuno declarar por lo de Fernández Mendieta y que paguen por su muerte Mieres y Blanco. Estoy dispuesto a declarar.” Un número de teléfono, una responsabilidad. Llamo y atiende un hombre, suena mayor de edad, nervioso. Escucha mal y justifica desde la mala audición de un oído. “Leí todas sus notas”, agrega. Se refiere a la cobertura realizada en varios medios sobre el caso del duraznense torturado y muerto en democracia, días antes del golpe de Estado del ‘73. Indago datos, y aparecen. Y surge naturalmente el nombre que finalmente elegiré. El Testigo, así, con mayúsculas. No hay nombre o acción que identifique mejor a quien estuvo allí, vio y escuchó, y desde entonces convive con los gritos y el desgarro del alma y el cuerpo.
“Es el año 1973, un 24 de mayo de aquel año. Yo tenía 18 años en aquel momento, aún no había sucedido el golpe de Estado. Fue una muerte en democracia. El día que lo entierran a Oscar Fernández Mendieta viene un senador del Partido Nacional, Sierra creo que fue, y está presente. Lo puedo decir con toda propiedad porque los que habíamos estado en la guardia anterior, en la cual me incluyo, fuimos ordenados a ir al cementerio al sepelio de dicha persona para verificar quiénes andaban acompañando el féretro.” Son las primeras palabras de El Testigo, en la redacción del diario El Acontecer. La calle Artigas luce de otoño, con las hojas golpeando el mes de abril. ¿Por qué me eligió? ¿Por qué eligió este momento? ¿Qué motivó la declaración luego de 46 años?
En aquel momento, El Testigo era un soldado de 1.ª y desempeñaba la función de cuidador del sótano n.º 2, “el grande, donde a media mañana trajeron a este señor y lo pusieron en depósito en ese sótano”. Refiere al Regimiento de Caballería n.º 2, al sur de la ciudad de Durazno. “El hombre llegó muy bien, de salud lo vi bien cuando nos lo entregaron en custodia a nosotros. Sé que era un laburador rural, había sido estudiante. No tuvimos diálogo con él, los soldados custodiábamos. Para hablar lamentablemente venía gente especializada desde Montevideo, en aquel momento. A su vez, el día del insuceso fue previamente interrogado por dos alférez nuevos que había acá.”

Era el 24 de mayo de 1973. El mundo dejaba de ser tal para Fernández Mendieta. Según los detalles oficiales, fallece en momentos en que estaba siendo interrogado por su actividad militante.
Según documentación del Ministerio de Defensa Nacional, Fernández es detenido y llevado al Regimiento de Caballería n.º 2 alrededor de las 18:30 horas del 24 de mayo de 1973. Inmediatamente después es conducido al subsuelo, ubicado cerca del cuerpo de guardia del Regimiento, donde se le realiza el interrogatorio primario. En esas circunstancias Óscar Fernández intenta ascender por las escaleras para escapar y es reducido por los efectivos del Regimiento. Ante esta situación, el oficial S-2 de la Unidad decide trasladarlo a un subsuelo más grande, donde nuevamente Oscar Fernández intenta liberarse, al arrojarse hacia el descanso de una escalera, y se repite la situación anterior, donde presumiblemente vuelve a tirarse contra el piso. Los militares que participaron en estos hechos declaran que comenzó a manifestar dificultades respiratorias, por lo que intentan ubicar al médico de la Unidad.

Es el momento de que El Testigo relate los hechos. “Lo confinan al sótano, el cual tenía una malla de reja y afuera quedaba una persona custodiando una puerta. Todo ocurre rápidamente. Luego de mediodía se me apersonan dos oficiales y me paro como corresponde, firme. Me dicen que le abra, tengo la llave y le abro. Bajaron al sótano el alférez Blanco y el alférez Mieres, muy jóvenes. Se podían escuchar los gritos, lamentos, sollozos, algo bastante espantoso para un joven de 18 años como era yo, un pibe. Había sido estudiante y había entrado al Ejército porque era lo que había en el momento. Esto se extiende por un tiempo de unas dos horas y pico, hasta que lamentablemente sucede el hecho de que me llaman de abajo. Me gritan: ‘Guardia, pida un número, llame al enfermero de turno y que traiga una camilla’. Obedezco la orden y llamo, llega el enfermero corriendo con la camilla. Ellos lo levantan hasta arriba por los escalones de hormigón y lo suben. El enfermero agarra de un lado y se me ordena que yo agarre del lado de la cabecera. Les dije que no podía porque yo estaba apostado allí, y me dicen: ‘El puesto se levanta, ¿no ve que lo trasladamos?’. Entonces me cuelgo la metralleta a la espalda y ayudo al traslado hacia la enfermería. Corren los trámites de llamar al Dr. Navarro, médico militar, y yo me quedo allí parado. Lo pasamos de la camilla a la cama médica, y recuerdo que un alférez le hizo respiración boca a boca. Pidieron un tubo de oxígeno, de esos verdes de 45 kilos, y le pusieron la mascarilla tratando de darle aire. Recuerdo también que, al darle toda la presión, se inflaba el cuerpo y como que se movía. Entonces un alférez le dice al otro: ‘Ves que se mueve’, pero el enfermero Píriz —ya fallecido hoy— le dice: ‘Está más muerto que mi abuela’. Un alférez se da vuelta y le ordena silencio y arresto. Transcurrieron unos minutos, llegó el capitán de servicio, el teniente Saravia —que andaba con una salida de baño—, el comandante teniente coronel Bonfrisco y presurosamente llegó Navarro. La persona ya estaba muerta, y Navarro mandó desalojar la sala. Como persona cristiana que soy, si bien era militar, me caló muy hondo escuchar esos gritos…”

De acuerdo con la ficha de Oscar Fernández Mendieta que guarda la Secretaría de Derechos Humanos por el Pasado Reciente, a las 19:15 horas arriba el Dr. Rossi, quien comprueba el deceso de Oscar Fernández Mendieta. Según autopsia solicitada por la esposa de Fernández Mendieta, prensa de la época y testimonios, se expresa que su cuerpo mostraba múltiples marcas de golpes y evidentes señales de haber sido sometido a tortura.
La autopsia fue practicada —a pedido del Regimiento— por los doctores Julio C. Rossi, Juan J. Navarro y Hugo Bosch, quienes concluyen que se trató de un infarto extenso de cara posterior inferior. Posteriormente la esposa de Fernández Mendieta solicita un reconocimiento del cadáver, el que fue llevado a cabo por los médicos de Durazno Carlos Schettini, Eduardo Pastor y Edison Scaffo, quienes emitieron un comunicado.

El Testigo se conmueve y conmueve. Traslada la idea de un joven de 18 años, poco más que un adolescente, con una metralleta cargada al hombro, partícipe de aquel violento episodio en el apacible Durazno del 73. La violencia de aquel año no se fue más, no se olvidó más. “Desde entonces estoy en tratamiento siquiátrico porque de noche siento esos gritos, vuelvo a recordar.”
Habla de que el cuerpo “tenía moretones, quemaduras de cigarrillos por todos lados, se notaba rasguños de golpes. Tres médicos se la jugaron y confirmaron que tenía todos esos magullones en el cuerpo. Estaba mojado… Dicen que existía el tacho o submarino. Su cuerpo recuerdo verlo mojado, todo lastimado”.

CABEZA: 2 erosiones frontales izquierdas; una parietal temporal derecha; erosiones en el labio inferior.- HOMBRO IZQUIERDO: tres erosiones sobre región deltoidea.- Dos erosiones sub-claviculares izquierdas.- Hematomas de manos derecha e izquierda.- Hematoma de extremidad inferior de antebrazo izquierdo.- Gran hematoma en región tórax abdominal izquierda (de unos seis por ocho cms.).- Erosiones en cara externa y superior de muslo izquierdo.- Hematomas y erosiones en ambas rodillas.- Hematoma en cara externa de muslo derecho.- Se observan además dos incisiones suturadas [estas incisiones corresponden a la autopsia realizada anteriormente]: una longitudinal tórax abdominal en y una transversal de abdomen.
El informe lleva la firma del Dr. Eduardo Pastor, Dr. Edison Scaffo y Dr. Carlos Schettini.

Le pregunto. ¿Hubo contactos luego de aquella muerte entre los superiores y usted?
Responde El Testigo. “En aquel momento nos ordenaron que teníamos que guardar silencio. Recuerdo que inmediatamente fueron puestos en arresto a rigor, los mandaron al cuarto a los dos. El capitán a cargo los sancionó a ambos.” 
Indago. ¿Cómo siguió su vida luego de haber vivido ese hecho tan dramático?
Suspira, recuerda, cuenta. “Me llevó a la bebida porque era la forma de evadirme, de callar eso, olvidarme. Me volví alcohólico. Soy un enfermo alcohólico, hoy concurro a los grupos de AA [nos muestra un llavero con esa identificación]. Me caló muy hondo por haber sido un pibe con apenas 18 años y, además, por ser cristiano desde muy chico.”
El Testigo reconoce que aquellas voces lo persiguen de noche, cuando Durazno está en calma, y que lo llaman desde el sótano, constantes, dolientes. Lo buscan, como lo buscó la señora de Fernández Mendieta, algunos años después, para saber de los últimos instantes de vida del peón rural. “Había venido de Inglaterra un señor Rovira, con quien nos criamos juntos, la arrimó para tratar de hacerme de nexo. Yo ya estaba retirado, él pretendía que le contara algo, pero guardé silencio porque tenía miedo a las represalias”.

Poseo información sobre quienes torturaron y mataron al joven Oscar Felipe Fernández Mendieta, quien murió el 25/5/73 en el Cuartel de Durazno, perteneciente a la Región Militar n.º 2.
Quien me confió lo sucedido fue la esposa de uno de los asesinos, que recientemente se ha separado y me lo contó con enorme pesadumbre.
Los torturadores y asesinos de Fernández Mendieta fueron los que en aquel entonces poseían el flamante cargo de alférez, con 21 o 22 años de edad, ya que egresaron en setiembre de 1972 de la Escuela Militar. Ellos son los tres siguientes: Cnel. Daniel Blanco (creo que ocupa actualmente el cargo de jefe de la Dirección del Personal Militar, dependiente de la Secretaría del Ministerio del Interior), Cnel. (R) Gustavo Mieres y el que creo que se retiró con el cargo de capitán, Alberto Ballestrino (h), que se dedicó posteriormente a ejercer como pastor de una iglesia protestante.

El miedo a las represalias fue enorme y llevó a muchos años de silencio. Pero el miedo que persigue en las noches y que no deja dormir es mayor. El Testigo tiene 64 años, y hace mucho que no duerme bien. Llega el momento en que se debe contar, exorcizar. “Yo esto lo hablé con mi siquiatra, el Dr. Romero. Desde ahí tomo ansiolíticos, me ha dado otro para dormir porque sigo recordando esos gritos, como que me traen… hace poco en una reunión de AA un veterano me dijo: ‘Vos tenés algo adentro que te tiene angustiado’, y le dije que sí. Se lo confié como buen compañero, porque allí se guardan las historias. Y él me dijo que era conveniente que lo hablara con algún cura o pastor. Lo hablé con un excura, Arrillaga, que fue de los que concurrió al cementerio aquel día. Lo vi irse juntos con el senador… Me comentó tiempo más tarde que había estado presente.”

La responsabilidad institucional por la muerte de Oscar Felipe Fernández Mendieta, muerto en democracia, es de las Fuerzas Conjuntas. Región Militar n.º 2, Regimiento de Caballería Nº 2, Durazno.
En la causa penal tramitada ante el Juzgado Letrado de Primera Instancia en lo Penal de 7.º Turno figuran como indagados los siguientes: Coronel (R) Líber Morinelli, Coronel (R) Raúl Ramírez, Coronel (R) Juan Alberto Saravia, Mayor (R) Eilen Rodríguez, Capitán (R) Alberto Ballestrino, Coronel (R) Daniel Blanco, Coronel (R) Gustavo Mieres; Coronel (R) José Luis Pereira, General (R) Aurelio Abilleira y Dr. Juan José Navarro.

A tiempo presente, el fiscal de derechos humanos Ricardo Perciballe solicitó el procesamiento con prisión de cuatro militares retirados por el homicidio por torturas de Oscar Fernández Mendieta.
De acuerdo con la Fiscalía General de la Nación, a dos de ellos, Daniel Blanco y Gustavo Mieres, les imputó la autoría de un delito “muy especialmente agravado”. Lo mismo le tipificó a Alberto Ballestrino, a quien le agregó abuso de autoridad. En el caso de Líber Molinelli, la solicitud de procesamiento fue por coautoría de homicidio más dos delitos de privación de libertad y dos de abuso de autoridad.
El Testigo afirma que declarará en breve para aportar estos datos, sus verdades, sus demonios. “Sí, lo haré. Estos crímenes no prescriben... Yo creo en la justicia divina, de Dios, pero hay una justicia civil que si me lleva al interrogatorio y yo digo la verdad, pienso que la misma va a actuar y tomar medidas correspondientes”.

Dejamos de grabar, dejamos de hablar. Un hondo silencio se instala entre nosotros, al amparo de la tarde que va comenzando a caer. El Testigo lo dijo, y nosotros escuchamos. 

Entonces me pide un último esfuerzo: que grabe claramente los nombres de los asesinos. Y sus alias. Juan Carlos El Cuervo Blanco y Gustavo La Perra Mieres.

El periodista Dino Cappelli, de El Acontecer de Durazno en contacto con CX36 se refirió a la entrevista que publicó a un militar que fue testigo directo de las últimas horas y la muerte de Oscar Felipe Fernández Mendieta, muerto en democracia. Cappelli se refirió al testimonio hasta ahora anónimo y dijo que “días atrás a través de un mensaje de texto se contacta una persona diciendo que tenía elementos contundentes que daban cuenta de las últimas horas y de los autores de la muerte de Fernández Mendieta”. Dijo que en pocos días esta persona declarará ante la Justicia y hará pública su identidad y señaló que se desempeñó en el Regimiento de Caballería N°2 de Durazno. A continuación transcribimos el contacto de  Dino Cappelli con CX36, que puede volver a escuchar aquí:
https://www.ivoox.com/dino-cappelli-12-4-2019-audios-mp3_rf_34401089_1.html

 

Diego Martínez: estamos en contacto con el periodista Dino Capelli del periódico El Acontecer de Durazno. Antes que nada, muchísimas gracias por estos minutos.
Capelli, lo molestamos dándole los buenos días para conocer un poco más de esta nota que salió publicada de un testimonio hasta ahora anónimo de alguien que quiere declarar sobre la situación de Mendieta, un detenido desaparecido

Dino Capelli: Exacto, buenos días, gracias por el llamado, por el interés.
Sí, efectivamente, yo trabajo para el diario ‘El Acontecer’ de Durazno, días atrás a través de un mensaje de texto se contacta una persona en forma anónima diciendo que tenía elementos contundentes que daban cuenta de lo que fueron los últimos minutos, las últimas horas y los autores fundamentalmente de la muerte de Óscar Felipe Fernández Mendieta que fue un muerto en democracia lamentablemente, aún no había sucedido el golpe de Estado en nuestro país.
Bueno, nos contactamos con esta persona, allí pasa a dejar de ser anónimo para nosotros y en definitiva es una persona que, quiero destacarlo, en pocos días, cuando Perciballe, el fiscal que lleva adelante la causa de la muerte de Fernández Mendieta, le tome de testigo, le tome declaración, ya va a dejar de ser anónimo. No tiene problemas, luego de ello en dar a conocer su identidad.
Es una persona que trabajó en el Regimiento de Caballería Nº2 de Durazno en esa época, tenía 18 años, era muy joven, y bueno, vivió todo este tiempo con eso que vio, que escuchó, que presenció de laguna manera como testigo directo, y bueno, años después decide contarlo. Eso fue un poco la génesis de esta nota

 

María de los Ángeles Balparda: Lo que significa un cambio para la causa porque aparece un testigo por primera vez.

DC: Exacto, aparece un testigo y además se cita claramente quienes fueron los autores físicos, materiales de la muerte ¿verdad? Porque es una causa en la cual siempre se titulaba con aquello de Ballestrino y otros.
Bueno, en este caso este hombre indica como los autores responsables de la muerte a Mieres y a Blanco que eran dos alférez en esa época, también jóvenes en aquel momento, en el año 1973. Yo creo que otorga elementos contundentes.
Sabido es que esta muerte ocurrida en democracia tiene un primer y gran responsable que es el Estado uruguayo y después de allí todas las cadenas de mando. Pero bueno, por fin recae a partir de este testimonio en alguien claramente, personas que además hasta hace poco tiempo tenían una vida pública muy activa, Mieres por ejemplo en el departamento de Tacuarembó con actividades vinculadas al deporte, a las instituciones deportivas, así que creo yo que es un elemento importante que finalmente aparece en esta causa

 

DM: ¿Él por qué explica que decide hablar y hablar con usted, cuál es la razón que da?

DC: Bien, él lo primero que esgrime es "no puedo dormir", eso fue increíblemente lo primero. Él afirma escuchar aún los gritos de Fernández Mendieta, él afirma escuchar en su interior los golpes y los sollozos, eso fue un poco lo que determinó esto.
Esta persona con 18 años de edad, para contextualizar un poco a la gente, Durazno, año 1973, sin fuentes laborales como la mayoría de los departamentos del interior, los jóvenes terminaban el liceo y se enrolaban en el Ejército, era una forma de conseguir trabajo como lo dice él mismo.
Vive todo esto y a partir de ahí, una persona que además manifiesta ser cristiana, ser religiosa, desde ese momento de vuelca al alcohol, él además sufre de alguna manera las presiones de ese Ejército que le brindaba trabajo diciendo no podés hablar de esto, no podés decirle nada a nadie.
En determinado momento la viuda de Fernández Mendieta que se había ido para Inglaterra, retorna a Uruguay, trata de contactarlo para conocer lo que en sus últimos minutos había sido la vida de su esposo, él en ese momento tampoco dice nada por miedo y en definitiva todo esto fue llevando a que se convirtiera en un alcohólico, no pudiera dormir, hoy por hoy admite estar medicado psiquiátricamente para poder descansar y para poder llevar una vida tranquila o normal. Entonces, bueno, a partir de diversos testimonios que le dicen esto tenés que contarlo, no podés seguir viviendo con esto, sin decirlo, es que él entiende que era necesario exorcizar esto a través de, primero se contactó con un cura católico, el Padre Avrillaga, un hombre de la región centro-sur, floridense. De alguna manera allí le contó el testimonio a Avrillaga, dentro de su círculo de Alcohólicos Anónimos también lo dijo pero de allí, al igual que de una confesión católica, no sale el testimonio, así que bueno, de alguna manera haciéndolo público él entiende que va a poder dormir. Directamente fue lo que nos dijo en el momento en que hablamos con él.
Creo yo que por allí pasa, por algo tan humano como el no poder convivir con ese peso en la conciencia de algo tan grave que vivió

 

MAB: Exactamente, que era muy llamativo que pasaran tantos años y no hubiera ningún caso que se expresara en estos términos.
¿Para vos como periodista, esto qué significa? Yo creo que en algún momento en la nota decís "me eligió a mí", ¿cómo tomás que te toque escuchar este testimonio?

DC: Sí, fue una experiencia realmente muy fuerte. Yo tengo 45 años, trabajo en los medios desde los 14 y he pasado por muchas instancias fuertes en materia de comunicación pero nunca había te nido un testimonio así de una persona donde vos notabas la tensión en el ambiente, en su relato. Él creo que nos elige, de hecho nos dice nos elige porque, bueno, había seguido un poco la serie de notas que nosotros habíamos escrito sobre casos sucedidos en la dictadura, siempre buscando temas que de alguna manera, a partir de las historias periodísticas pudieran tener alguna solución, no solamente en esto, en temas (...) o en temas medioambientales. Entonces, bueno, creo que por allí pasa la elección y también, por supuesto, por un tema de cercanía, este testigo vive actualmente en el centro del país, vive en Durazno y bueno, nosotros estamos en Sarandí Grande y de alguna forma él nos eligió por eso y por poder tener ese contacto cara a cara.
Seguramente hay medios periodísticos que tienen mayor difusión, periodistas con mayor trayectoria o renombre que también podrían haber tomado la historia

 

MAB: Sí, pero es muy importante que lo haga contigo porque es un coterráneo, está cerca, estás interesado en el tema porque has trabajo en él, es muy importante porque además puede iniciar, capaz que no pero puede ser un camino para otros también que digan, bueno, hasta ahora me lo guardé y ahora puedo hablar

DC: Por supuesto.
A partir de eso, increíblemente como tú decías, empiezan a surgir contactos con personas que dicen, sí yo trabajaba en el Ejército en ese momento, yo sabía, yo escuchaba, yo veía. Ojalá, como tú decís, esto permita, y que también permita tener garantías, que estas personas puedan tener las garantías necesarias para que la Justicia, sea civil o sea militar, los escuche, las escuche y tome en cuenta esos testimonios. Porque en definitiva esto se trata de que personas que cometieron crímenes atroces, y en democracia como fue en este caso, puedan dar su testimonio y puedan aportar al esclarecimiento.
A través de, por ejemplo, las redes sociales, mucha gente que se ha contactado dice, yo a veces no puedo vivir dos o tres días con un secreto, con algo que sé y que no lo digo, y esta persona estuvo tantos años, como decíamos, coaccionada por el miedo, por las presiones, es realmente difícil.
Yo vi a una persona muy tensa, muy cansada, ese sería también un término, muy agotada por todo lo que han sido estos tiempos. Imagínense un joven con 18 años que los altos mandos le dicen, tenés que ir al velorio de la persona que escuchaste ver matar hace minutos y tomar nota de quiénes están allí, quiénes fueron, quiénes acompañaron al féretro. O sea, es muy, muy fuerte y capaz que lo naturalizamos mucho los uruguayos por todo lo que se vivió en esa época, yo nací en ese año en el 73.
Son realmente cuestiones increíbles que uno también las dimensiona a partir de un testimonio así ¿no?

MAB: Exacto

 

DM: ¿Dino, la relación con la Justicia ocurre después del contacto contigo? ¿Le hacés tú el camino para que sea más fácil para él, o él directamente cuando habla contigo ya también se comunica con el fiscal Perciballe?

DC: Él me dijo que ya antes de contactarse conmigo tenía un contacto establecido con Perciballe. Me dijo que quería que la nota saliera antes del contacto con Perciballe como una forma de ya tener un camino allanado en cuanto a lo que él tiene para decir. Entonces, por lo que este testigo me dijo, que luego de Semana de Turismo él estaría pudiendo aportar su testimonio a la Justicia, eso fue lo que me expresó

 

DM: Dino, te agradecemos mucho este contacto, obviamente que seguimos de manera permanente, va a haber otros contactos contigo para conocer un poco más de esto porque va a mover obviamente la realidad de Durazno, la realidad de todo, esta nota que ustedes publicaron. Y felicitaciones también por el hallazgo periodístico de alguna manera, por haber sido elegido también para publicar esto y haberte animado a hacerlo también. Quizás otros tengan testimonios y no lo hagan.
Un abrazo y gracias

DC: No, gracias a ustedes y quiero valorar también, aprovechar la oportunidad de este contacto, valorar a la empresa periodística, ustedes que están en los medios seguramente saben lo difícil que es para las empresas periodísticas a veces ponerse en el plan de dar a conocer este tipo de nota. Desde la dirección que inmediatamente leyó la nota y dijo "dale para adelante, va sin problemas" y esto sabemos que se asumen riesgos, los que hemos pasado por juicios de prensa sabemos lo que a veces puede suceder, en materia económica fundamentalmente y no en lo penal. Entonces, bueno, creo que también vale un reconocimiento a la empresa periodística que se la jugó.
Gracias a ustedes por el contacto, y por cierto, estamos a la orden

 

DM: Muchas gracias, hasta luego.

 

A continuación compartimos la nota publicada en el diario “El Acontecer” de Durazno:

EXCLUSIVO RELATO EN PRIMERA PERSONA DE LA MUERTE EN DEMOCRACIA DE 1973 EN DURAZNO
Testigo del horror: “Los gritos de la tortura a Fernández Mendieta aún hoy no me dejan dormir”

Todo va a estar bien, parece decirle Oscar a su compañera. Ya fue esposado y puesto en la parte trasera de la camioneta del cuartel, y los ojos dicen y transmiten más que mil palabras. Aquella mirada, tranquilizadora, es lo último que el joven le deja al amor de su vida. Todo va a estar bien, se dice para sí. Nada puede pasar por tener unos cuadernos del Partido, se dice para sí. Quiere transmitir esa esperanza al niño que nacerá pronto, aquel por el que vale la pena vivir, por el que vale la pena Uruguay. Entonces sigue mirando a su compañera, y el miedo no se traduce, solamente se siente.

Dino Capelli | 11/04/2019

Son las 5 de la tarde, es mayo del 73. Durazno respira temor, como todo el país. Y los cuarteles se llenan de jóvenes como Oscar Felipe Fernández Mendieta.
A Oscar lo trasladan cuando el sol está por caer, en aquel otoño rumbo al invierno. Caballería lo recibe, y comienza a contestar preguntas simples. 
Credencial Cívica: RBD 13.855. Edad: 26. Nació en 1947 en Durazno. Está casado y tiene un hijo, que aún no ha nacido. Vive en ruta 5, a 5 kilómetros al sur de la ciudad de Durazno. Es trabajador rural, medianero de un establecimiento a 5 km de la capital del departamento. Milita políticamente en el Partido Comunista Revolucionario (PCR). Tiene un alias, paradójicamente uno que busca otorgarle invisibilidad, ‘Juan Pérez’.
No tiene claro por qué lo llevan a declarar. Es a partir de una documentación incautada y procesada por efectivos del Regimiento de Caballería n.º 2, perteneciente a la Región Militar n.º 2. No hay testigos, no hay datos, apenas unos cuadernos del Partido, dicen de un lado y del otro.

Muchas horas me insume elegir el alias para la historia que voy a escribir. Sucede que todo comenzó sin nombres, desde el primer mensaje de texto. “Me parece oportuno declarar por lo de Fernández Mendieta y que paguen por su muerte Mieres y Blanco. Estoy dispuesto a declarar.” Un número de teléfono, una responsabilidad. Llamo y atiende un hombre, suena mayor de edad, nervioso. Escucha mal y justifica desde la mala audición de un oído. “Leí todas sus notas”, agrega. Se refiere a la cobertura realizada en varios medios sobre el caso del duraznense torturado y muerto en democracia, días antes del golpe de Estado del ‘73. Indago datos, y aparecen. Y surge naturalmente el nombre que finalmente elegiré. El Testigo, así, con mayúsculas. No hay nombre o acción que identifique mejor a quien estuvo allí, vio y escuchó, y desde entonces convive con los gritos y el desgarro del alma y el cuerpo.
“Es el año 1973, un 24 de mayo de aquel año. Yo tenía 18 años en aquel momento, aún no había sucedido el golpe de Estado. Fue una muerte en democracia. El día que lo entierran a Oscar Fernández Mendieta viene un senador del Partido Nacional, Sierra creo que fue, y está presente. Lo puedo decir con toda propiedad porque los que habíamos estado en la guardia anterior, en la cual me incluyo, fuimos ordenados a ir al cementerio al sepelio de dicha persona para verificar quiénes andaban acompañando el féretro.” Son las primeras palabras de El Testigo, en la redacción del diario El Acontecer. La calle Artigas luce de otoño, con las hojas golpeando el mes de abril. ¿Por qué me eligió? ¿Por qué eligió este momento? ¿Qué motivó la declaración luego de 46 años?
En aquel momento, El Testigo era un soldado de 1.ª y desempeñaba la función de cuidador del sótano n.º 2, “el grande, donde a media mañana trajeron a este señor y lo pusieron en depósito en ese sótano”. Refiere al Regimiento de Caballería n.º 2, al sur de la ciudad de Durazno. “El hombre llegó muy bien, de salud lo vi bien cuando nos lo entregaron en custodia a nosotros. Sé que era un laburador rural, había sido estudiante. No tuvimos diálogo con él, los soldados custodiábamos. Para hablar lamentablemente venía gente especializada desde Montevideo, en aquel momento. A su vez, el día del insuceso fue previamente interrogado por dos alférez nuevos que había acá.”

Era el 24 de mayo de 1973. El mundo dejaba de ser tal para Fernández Mendieta. Según los detalles oficiales, fallece en momentos en que estaba siendo interrogado por su actividad militante.
Según documentación del Ministerio de Defensa Nacional, Fernández es detenido y llevado al Regimiento de Caballería n.º 2 alrededor de las 18:30 horas del 24 de mayo de 1973. Inmediatamente después es conducido al subsuelo, ubicado cerca del cuerpo de guardia del Regimiento, donde se le realiza el interrogatorio primario. En esas circunstancias Óscar Fernández intenta ascender por las escaleras para escapar y es reducido por los efectivos del Regimiento. Ante esta situación, el oficial S-2 de la Unidad decide trasladarlo a un subsuelo más grande, donde nuevamente Oscar Fernández intenta liberarse, al arrojarse hacia el descanso de una escalera, y se repite la situación anterior, donde presumiblemente vuelve a tirarse contra el piso. Los militares que participaron en estos hechos declaran que comenzó a manifestar dificultades respiratorias, por lo que intentan ubicar al médico de la Unidad.

Es el momento de que El Testigo relate los hechos. “Lo confinan al sótano, el cual tenía una malla de reja y afuera quedaba una persona custodiando una puerta. Todo ocurre rápidamente. Luego de mediodía se me apersonan dos oficiales y me paro como corresponde, firme. Me dicen que le abra, tengo la llave y le abro. Bajaron al sótano el alférez Blanco y el alférez Mieres, muy jóvenes. Se podían escuchar los gritos, lamentos, sollozos, algo bastante espantoso para un joven de 18 años como era yo, un pibe. Había sido estudiante y había entrado al Ejército porque era lo que había en el momento. Esto se extiende por un tiempo de unas dos horas y pico, hasta que lamentablemente sucede el hecho de que me llaman de abajo. Me gritan: ‘Guardia, pida un número, llame al enfermero de turno y que traiga una camilla’. Obedezco la orden y llamo, llega el enfermero corriendo con la camilla. Ellos lo levantan hasta arriba por los escalones de hormigón y lo suben. El enfermero agarra de un lado y se me ordena que yo agarre del lado de la cabecera. Les dije que no podía porque yo estaba apostado allí, y me dicen: ‘El puesto se levanta, ¿no ve que lo trasladamos?’. Entonces me cuelgo la metralleta a la espalda y ayudo al traslado hacia la enfermería. Corren los trámites de llamar al Dr. Navarro, médico militar, y yo me quedo allí parado. Lo pasamos de la camilla a la cama médica, y recuerdo que un alférez le hizo respiración boca a boca. Pidieron un tubo de oxígeno, de esos verdes de 45 kilos, y le pusieron la mascarilla tratando de darle aire. Recuerdo también que, al darle toda la presión, se inflaba el cuerpo y como que se movía. Entonces un alférez le dice al otro: ‘Ves que se mueve’, pero el enfermero Píriz —ya fallecido hoy— le dice: ‘Está más muerto que mi abuela’. Un alférez se da vuelta y le ordena silencio y arresto. Transcurrieron unos minutos, llegó el capitán de servicio, el teniente Saravia —que andaba con una salida de baño—, el comandante teniente coronel Bonfrisco y presurosamente llegó Navarro. La persona ya estaba muerta, y Navarro mandó desalojar la sala. Como persona cristiana que soy, si bien era militar, me caló muy hondo escuchar esos gritos…”

De acuerdo con la ficha de Oscar Fernández Mendieta que guarda la Secretaría de Derechos Humanos por el Pasado Reciente, a las 19:15 horas arriba el Dr. Rossi, quien comprueba el deceso de Oscar Fernández Mendieta. Según autopsia solicitada por la esposa de Fernández Mendieta, prensa de la época y testimonios, se expresa que su cuerpo mostraba múltiples marcas de golpes y evidentes señales de haber sido sometido a tortura.
La autopsia fue practicada —a pedido del Regimiento— por los doctores Julio C. Rossi, Juan J. Navarro y Hugo Bosch, quienes concluyen que se trató de un infarto extenso de cara posterior inferior. Posteriormente la esposa de Fernández Mendieta solicita un reconocimiento del cadáver, el que fue llevado a cabo por los médicos de Durazno Carlos Schettini, Eduardo Pastor y Edison Scaffo, quienes emitieron un comunicado.

El Testigo se conmueve y conmueve. Traslada la idea de un joven de 18 años, poco más que un adolescente, con una metralleta cargada al hombro, partícipe de aquel violento episodio en el apacible Durazno del 73. La violencia de aquel año no se fue más, no se olvidó más. “Desde entonces estoy en tratamiento siquiátrico porque de noche siento esos gritos, vuelvo a recordar.”
Habla de que el cuerpo “tenía moretones, quemaduras de cigarrillos por todos lados, se notaba rasguños de golpes. Tres médicos se la jugaron y confirmaron que tenía todos esos magullones en el cuerpo. Estaba mojado… Dicen que existía el tacho o submarino. Su cuerpo recuerdo verlo mojado, todo lastimado”.

CABEZA: 2 erosiones frontales izquierdas; una parietal temporal derecha; erosiones en el labio inferior.- HOMBRO IZQUIERDO: tres erosiones sobre región deltoidea.- Dos erosiones sub-claviculares izquierdas.- Hematomas de manos derecha e izquierda.- Hematoma de extremidad inferior de antebrazo izquierdo.- Gran hematoma en región tórax abdominal izquierda (de unos seis por ocho cms.).- Erosiones en cara externa y superior de muslo izquierdo.- Hematomas y erosiones en ambas rodillas.- Hematoma en cara externa de muslo derecho.- Se observan además dos incisiones suturadas [estas incisiones corresponden a la autopsia realizada anteriormente]: una longitudinal tórax abdominal en y una transversal de abdomen.
El informe lleva la firma del Dr. Eduardo Pastor, Dr. Edison Scaffo y Dr. Carlos Schettini.

Le pregunto. ¿Hubo contactos luego de aquella muerte entre los superiores y usted?
Responde El Testigo. “En aquel momento nos ordenaron que teníamos que guardar silencio. Recuerdo que inmediatamente fueron puestos en arresto a rigor, los mandaron al cuarto a los dos. El capitán a cargo los sancionó a ambos.” 
Indago. ¿Cómo siguió su vida luego de haber vivido ese hecho tan dramático?
Suspira, recuerda, cuenta. “Me llevó a la bebida porque era la forma de evadirme, de callar eso, olvidarme. Me volví alcohólico. Soy un enfermo alcohólico, hoy concurro a los grupos de AA [nos muestra un llavero con esa identificación]. Me caló muy hondo por haber sido un pibe con apenas 18 años y, además, por ser cristiano desde muy chico.”
El Testigo reconoce que aquellas voces lo persiguen de noche, cuando Durazno está en calma, y que lo llaman desde el sótano, constantes, dolientes. Lo buscan, como lo buscó la señora de Fernández Mendieta, algunos años después, para saber de los últimos instantes de vida del peón rural. “Había venido de Inglaterra un señor Rovira, con quien nos criamos juntos, la arrimó para tratar de hacerme de nexo. Yo ya estaba retirado, él pretendía que le contara algo, pero guardé silencio porque tenía miedo a las represalias”.

Poseo información sobre quienes torturaron y mataron al joven Oscar Felipe Fernández Mendieta, quien murió el 25/5/73 en el Cuartel de Durazno, perteneciente a la Región Militar n.º 2.
Quien me confió lo sucedido fue la esposa de uno de los asesinos, que recientemente se ha separado y me lo contó con enorme pesadumbre.
Los torturadores y asesinos de Fernández Mendieta fueron los que en aquel entonces poseían el flamante cargo de alférez, con 21 o 22 años de edad, ya que egresaron en setiembre de 1972 de la Escuela Militar. Ellos son los tres siguientes: Cnel. Daniel Blanco (creo que ocupa actualmente el cargo de jefe de la Dirección del Personal Militar, dependiente de la Secretaría del Ministerio del Interior), Cnel. (R) Gustavo Mieres y el que creo que se retiró con el cargo de capitán, Alberto Ballestrino (h), que se dedicó posteriormente a ejercer como pastor de una iglesia protestante.

El miedo a las represalias fue enorme y llevó a muchos años de silencio. Pero el miedo que persigue en las noches y que no deja dormir es mayor. El Testigo tiene 64 años, y hace mucho que no duerme bien. Llega el momento en que se debe contar, exorcizar. “Yo esto lo hablé con mi siquiatra, el Dr. Romero. Desde ahí tomo ansiolíticos, me ha dado otro para dormir porque sigo recordando esos gritos, como que me traen… hace poco en una reunión de AA un veterano me dijo: ‘Vos tenés algo adentro que te tiene angustiado’, y le dije que sí. Se lo confié como buen compañero, porque allí se guardan las historias. Y él me dijo que era conveniente que lo hablara con algún cura o pastor. Lo hablé con un excura, Arrillaga, que fue de los que concurrió al cementerio aquel día. Lo vi irse juntos con el senador… Me comentó tiempo más tarde que había estado presente.”

La responsabilidad institucional por la muerte de Oscar Felipe Fernández Mendieta, muerto en democracia, es de las Fuerzas Conjuntas. Región Militar n.º 2, Regimiento de Caballería Nº 2, Durazno.
En la causa penal tramitada ante el Juzgado Letrado de Primera Instancia en lo Penal de 7.º Turno figuran como indagados los siguientes: Coronel (R) Líber Morinelli, Coronel (R) Raúl Ramírez, Coronel (R) Juan Alberto Saravia, Mayor (R) Eilen Rodríguez, Capitán (R) Alberto Ballestrino, Coronel (R) Daniel Blanco, Coronel (R) Gustavo Mieres; Coronel (R) José Luis Pereira, General (R) Aurelio Abilleira y Dr. Juan José Navarro.

A tiempo presente, el fiscal de derechos humanos Ricardo Perciballe solicitó el procesamiento con prisión de cuatro militares retirados por el homicidio por torturas de Oscar Fernández Mendieta.
De acuerdo con la Fiscalía General de la Nación, a dos de ellos, Daniel Blanco y Gustavo Mieres, les imputó la autoría de un delito “muy especialmente agravado”. Lo mismo le tipificó a Alberto Ballestrino, a quien le agregó abuso de autoridad. En el caso de Líber Molinelli, la solicitud de procesamiento fue por coautoría de homicidio más dos delitos de privación de libertad y dos de abuso de autoridad.
El Testigo afirma que declarará en breve para aportar estos datos, sus verdades, sus demonios. “Sí, lo haré. Estos crímenes no prescriben... Yo creo en la justicia divina, de Dios, pero hay una justicia civil que si me lleva al interrogatorio y yo digo la verdad, pienso que la misma va a actuar y tomar medidas correspondientes”.

Dejamos de grabar, dejamos de hablar. Un hondo silencio se instala entre nosotros, al amparo de la tarde que va comenzando a caer. El Testigo lo dijo, y nosotros escuchamos. 

Entonces me pide un último esfuerzo: que grabe claramente los nombres de los asesinos. Y sus alias. Juan Carlos El Cuervo Blanco y Gustavo La Perra Mieres.