QUIEN NO LUCHA, YA PERDIÓ

 

Escribe: Prof. Plinio Arruda Sampaio Jr. en Contrapoder (*)

La aprobación de la contrarreforma de la Seguridad Social en la Cámara de Representantes fue un golpe brutal para la clase trabajadora. Con la excepción de las protestas de la CSP-CONLUTAS (Central Sindical y Popular Conlutas), que son importantes por su valor simbólico, el día de votación de la segunda ronda de la Reforma de la Seguridad Social pasó en perfecta calma.
La evaluación de que habría condiciones para negociar la reducción de daños en el parlamento y para preservar la sustancia del sistema de Seguridad Social establecido por la Constitución de 1988, resultó ser un error. Las concesiones hechas por la coalición liberal no socavaron el carácter privatista del proyecto original de Paulo Guedes y no alcanzaron lo necesario para evitar un cambio de calidad en el proceso de desmantelamiento del sistema público de protección social.
Desviar el presupuesto de la Seguridad Social de los ingresos preestablecidos -como Confins, CSLL y PIS-PASEP- dejará al sistema extraordinariamente vulnerable a nuevos ataques contra los beneficios de bienestar público. La desconstitucionalización de las reglas que rigen la definición del tiempo de contribución, la base de cálculo de beneficios, la regla de ajuste de valor y otros elementos estratégicos de la Seguridad Social, como la asignación por accidente y enfermedad, abrirán una vía para la reducción progresiva de los beneficios. Beneficios del sistema público de seguridad social. 

Finalmente, la brecha para la privatización de los fondos de pensiones suplementarios dejará los ahorros de los trabajadores, que se han invertido en fondos de pensiones vulnerables, a los grandes bancos. 
El régimen de capitalización que salió por la puerta principal, regresó camuflado, aunque deshidratado, a través de la puerta trasera.

Los líderes sindicales y partidarios que debían movilizar a los trabajadores contra la ofensiva contra sus pensiones, capitularon sin luchar. Sus energías y recursos no se movilizaron para explicar el engaño del déficit de asistencia social, para dilucidar las verdaderas intenciones de los cambios propuestos, para organizar protestas, marchas, manifestaciones y huelgas contra la Reforma de la Seguridad Social ni para proponer una reforma alternativa.

En lugar de luchar por una jubilación digna, las burocracias que controlan las principales centrales sindicales (CUT, UGT, CTB, FS, CSB) dejaron a los trabajadores a la buena de Dios.
De hecho, se dedicaron a cuidar su propia supervivencia, negociando con Bolsonaro y Maia la desmovilización de los trabajadores a cambio de algún recurso para compensar el fin del impuesto sindical, la gallina de oro que sostiene a la casta sindical.
Sin comprender que no hay vuelta atrás, los líderes del PT y sus partidos satélites, vigilando el calendario electoral, estaban mucho más preocupados por proclamar  el "Lula libre" que por denunciar la violencia contra la jubilación de los trabajadores. Peor aún, ante la falta de coraje para cuestionar la deuda pública como una forma de superar la asfixia financiera institucionalizada por la Ley de Responsabilidad Fiscal, los gobernadores de PT, PCdoB, PSB y PDT no sólo apoyaron explícitamente el ataque de la Seguridad Social sino que también presionaron para que los estados y municipios no quedaran excluidos.

En ausencia de liderazgo y dispositivos operacionales a la altura de los desafíos históricos, objetivos estratégicos para guiar movimientos tácticos y un proyecto alternativo de organización de la sociedad, los trabajadores quedaron desarmados. La mera organización de máquinas electorales para obtener acceso a aparatos sindicales, partidistas y estatales, no funciona. La clase trabajadora necesita construir una fuerza real. Es la tragedia a la que hay que enfrentarse.
En el interregno entre la muerte de lo viejo y el nacimiento de lo nuevo, los trabajadores sólo pueden atropellar las burocracias y avanzar en su auto organización. Los nuevos instrumentos sindicales y partidistas se forjarán en el fragor de las luchas.

Derrotar sin luchar anima al enemigo a avanzar. La ofensiva liberal-autoritaria sólo se detendrá si hay un amplio movimiento de masas. El 13 de agosto, la huelga nacional en defensa de la educación debe ser un tsunami. Como dice Bertold Brecht: “Los que luchan pueden perder. Los que no luchan ya han perdido”.

 

(*) Contrapoder es una plataforma virtual para discutir políticas y programas de la clase trabajadora. Nuestro objetivo es fomentar la discusión sobre los problemas de clase y sus posibles soluciones. Está abierto a todas las fuerzas políticas convencidas de que es necesario ir más allá del PT y el lulismo. En este editorial, discutimos las razones de la victoria de la Reforma de la Seguridad Social en la Cámara de Representantes y los desafíos que surgen para los trabajadores.
Arruda Sampaio Junior Plinio (editor)
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