“NOS SENTIMOS MÁS ARTIGUISTAS QUE NUNCA” PORQUE SU IDEARIO Y SU PROYECTO “ES EL ÚNICO CAMINO PARA CONSTRUIR Y CONQUISTAR LA JUSTICIA, LA IGUALDAD Y LA FELICIDAD DE NUESTROS PUEBLOS” 
Exposición del diputado Eduardo Rubio (Lista 326-UP) en Sesión Homenaje a José Artigas, 3 de setiembre de 2019.

Dando cumplimiento a la resolución del 7 de junio de 1956, la Cámara de Diputados se reunió en Sesión Solemne el martes 3 de setiembre, “a efectos de exaltar la personalidad del General José Artigas”. El responsable de dicho homenaje en esta oportunidad, fue el diputado de Unidad Popular Eduardo Rubio (Lista 326 del 26 de Marzo) quien destacó particularmente la importancia del ideario artiguista en la actual coyuntura política. “El mejor homenaje que podemos tributarle a Artigas es el compromiso que asumimos de mantener en alto sus banderas. El mejor homenaje en este tiempo y en estas circunstancias es decir que venimos a reafirmar la plena vigencia de su ideario y de ese proyecto que marcó nuestra historia en sus principios esenciales, convencidos de que es el único camino para recuperar la soberanía, para ser dueños de nuestro destino, para construir y conquistar la justicia, la igualdad y la felicidad de nuestros pueblos.
En este tiempo y en estas circunstancias, decimos, con convicción y con orgullo, que nos sentimos más artiguistas que nunca”, señaló el diputado Rubio. Transcribimos sus palabras que puede volver a ver y oír aquí:
http://bit.ly/RubioHomenajeArtigas

 

Cecilia Bottino: La Cámara ha sido convocada a Sesión Solemne a efectos de exaltar la personalidad de José Artigas.
En esta oportunidad hará uso de la palabra el representante nacional Sr. Eduardo Rubio.

Eduardo Rubio: Gracias presidenta.
Con mucha responsabilidad y emoción asumimos este inmenso compromiso de homenajear a la figura de Artigas. No vamos a realizar un homenaje formal a una figura ideal aprisionada en el bronce, queremos rescatar al Artigas de carne y hueso que fue protagonista de una formidable gesta revolucionaria que marcó la historia de nuestra región y del continente.
Vamos a rescatar la figura de un dirigente revolucionario comprometido plenamente con la suerte de su pueblo, venimos a reivindicar la vigencia de su proyecto, esencialmente antiimperialista, democrático y popular, de su convicción del destino de la Patria Grande.
Sin duda el proyecto político más avanzado de su época que quedó trunco, inconcluso; no por errado sino por la prevalencia de los intereses de la oligarquía mercantil y terrateniente. Y por la deleznable acción de los traidores. Insistimos en el concepto de proyecto truncado e inconcluso porque estamos convencidos de la absoluta vigencia el proyecto artiguista, y de su necesaria continuidad para asegurar la construcción de una sociedad de justicia, de libertad y una patria grande que recupere plenamente su soberanía.

 

 
Militantes de Unidad Popular en las barras del Palacio Legislativo

 
Al terminar su exposición, el diputado Eduardo Rubio saludó con el puño levantado a militantes de izquierda que estaban en las barras y que explotaron en sentidos aplausos, saludando el contenido de sus palabras.

 

Hoy todos hablan de Artigas, la mayoría escondiéndolo cuidadosamente en el pasado como parte de una historia alejada en el tiempo, casi como una pieza de museo. Por el contrario, nosotros reivindicamos la plena vigencia de este proyecto en su esencia. Seguramente nos dirán que eso fue hace tiempo, que el mundo ha cambiado y que no es aplicable el proyecto artiguista en esta época; por eso recalcamos que reivindicamos los aspectos esenciales, porque éstos mantienen plena vigencia.
Al inicio de la Revolución Americana se definen claramente dos bloques, por un lado el poder colonial y por otro los americanos que querían liberarse del yugo imperial. Artigas se incorpora con las fuerzas que claman por la libertad de América.
En medio de esta confrontación Artigas va desarrollando un proyecto popular, democrático y federal que va mucho más allá de romper los lazos con el dominio colonial. Esta visión de sociedad genera contradicciones insalvables dentro del bloque americano, la oligarquía mercantil y terrateniente ve en el proyecto revolucionario artiguista a un enemigo peligroso que ponía en riesgo sus intereses.
Para esta oligarquía la disputa con el poder colonial era por ver quién se apropiaba de los recursos generados en estas tierras, en los hechos ya no había sólo dos bloques, estaban los defensores del imperio español confrontando con la oligarquía terrateniente y mercantil que se levantaba y disputaba para controlar y administrar la riqueza, pero sin cambios sociales profundos.
Y por otro lado el proyecto artiguista que supera ampliamente esta contradicción con una propuesta revolucionaria que abarca, no sólo la ruptura con el imperio sino que avanza en la propuesta de cambio político y social profundo, que en los hechos confronta con los intereses de la oligarquía.
Prontamente Artigas se transformó en un peligro, también para estos, quienes lo van dejando solo, le ponen precio a su cabeza y comienzan a tejer la leyenda negra con diversas acusaciones, entre ellas la de estar del lado de los españoles, la de hacerle el juego a los españoles. Hoy en día le dirían a Artigas que le estaba haciendo el juego a la derecha.
Muy por el contrario, como lo demostró la historia, el proyecto artiguista era el único que representaba cabalmente los intereses del pueblo americano. Seguramente, que a impulso de estas calumnias, los propios españoles se sintieron tentados a convidar a Artigas a pasarse a sus filas, ofreciéndole riquezas, villas y castillos; tal como lo hizo el virrey de Perú Joaquín de la Pezuela en mayo de 1814.
La respuesta de Artigas, que vamos a leer, nos exime de todo comentario.

Contestación de Artigas a Pezuela:
"Han engañado a vuestra señoría y ofendido mi carácter cuando le han informado que defiendo a su rey; y si las desavenencias domésticas han lisonjeado el deseo de los que claman por reestablecer el dominio español en estos países, con teorías para alimentar sus deseos; la sangre y la desolación de América la ha causado la ambición española por derecho supuesto; esta cuestión la decidirán las armas.
Yo no soy vendible, ni quiero más premio por mi empeño, que ver libre mi nación de poderío español; y cuando mis días terminen al estruendo del cañón, dejarán mis brazos la espada que empuñaron para defender su patria." Y le advierte: "Vuelve el enviado de vuestra señoría prevenido de no cometer otro atentado, como el que ha proporcionado nuestra vista." No volvió ningún emisario más.
¿Cuáles son los ejes fundamentales del proyecto artiguista?
El primer lugar que queremos resaltar es el concepto de integración regional basada en el federalismo republicano, como único sistema capaz de asegurar la soberanía particular de los pueblos. En un contexto histórico en el que muchos preferían la monarquía y no la república. Abundan los documentos en el que la oligarquía americana buscaba desesperadamente instalar una monarquía bajo el amparo de alguna de las potencias de la época, en confrontación con la organización política que proponía el proyecto artiguista claramente plasmada en las Instrucciones del año 13. Por ejemplo, en el Artículo 10 planteaba que esta provincia por la presente entra separadamente de una firme liga de amistad con cada una de las otras para su defensa común, seguridad de su libertad y para su mutua y general felicidad, obligándose a asistir cada una de las otras contra toda violencia o ataques hechos sobre ellas o sobre alguna de ellas por motivos de religión, de soberanía, tráfico o algún otro pretexto cualquiera que sea.
Que esta provincia tiene derecho para levantar los regimientos que necesite, nombrar los oficiales de compañía, reglar la milicia de ella para la seguridad de su libertad por lo que no podrá violarse el derecho de los pueblos para guardar y tener armas.
Y el Artículo 18, fundamental, expresaba el despotismo militar será precisamente aniquilado con trabas constitucionales que aseguren inviolable la soberanía de los pueblos.
Otro eje del proyecto artiguista fue la reforma agraria, el Reglamento de Tierras de setiembre de 1815 es uno de los acontecimientos más importantes de toda nuestra historia. El único proceso de reforma agraria concretado hasta ahora en estas tierras.
Destacamos algunos de sus artículos, por ahora el señor alcalde provincial y demás subalternos se dedicarán a fomentar con brazos útiles la población de la campaña, para ello revisará cada uno en su respectivas jurisdicciones los terrenos disponibles, y los sujetos dignos de esta gracia con la prevención que los más infelices sean los más privilegiados.
En consecuencia, los negros libres, los ambos de esta clase, los indios y los criollos pobres, todos podrán ser agraciados con suertes de estancia si con su trabajo y hombría de bien propenden a su felicidad y a la de la provincia.
Artículo 7, serán igualmente agraciadas las viudas pobres si tuvieran hijos, serán igualmente preferidos los casados a los americanos solteros y estos a cualquier extranjero.
El Artículo 11, después de la posesión serán obligados los agraciados por el señor alcalde provincial a formar un rancho y dos corrales en el término preciso de dos meses, los que cumplidos si se advierte la misma negligencia, será aquel terreno donado a otro vecino más laborioso y benéfico a la provincia.
Esto es la esencia de una política revolucionaria que plantea la integración de los sectores sociales más desposeídos a través del trabajo y su participación en la producción, en la vida económica y social. Esto es la antítesis del asistencialismo, es la concreción de una autentica política de profundo contenido social para combatir la marginalidad y la pobreza.
Un tercer aspecto fundamental de la política artiguista es su concepción de la política comercial y de relaciones internacionales. El proyecto artiguista apuntaba a la defensa de la producción y el trabajo de las provincias; privilegiando además la integración con los pueblos hermanos de América.
Esta definición de política económica se plasma en el Reglamento de Aduanas de 1815 y en el acuerdo comercial con los ingleses.
El Reglamento de Aduanas del 15 establece un 25% de arancel al ingreso de todo efecto de ultramar, a excepción de ropa hecha y calzado que pasan a pagar un 40% porque competían con los productos de la región. Caldos y aceites, un 30%, en tanto, no pagan derecho de introducción las máquinas, los instrumentos de ciencia, pólvora y todo lo que no se tenía en la región. Una clara política de protección y desarrollo de la producción nacional.
Mucho se ha hablado del acuerdo de Artigas con los ingleses como un Tratado de Libre Comercio; nada más lejos de eso. Aquí están los documentos, le escribía Artigas desde Paysandú al Cabildo acerca de este acuerdo:
"He recibido igualmente el oficio y contestación al comandante de las fuerzas de Su Majestad Británica. Vuestra señoría ha contestado lo que debe. Ya dije a vuestra señoría lo que respondí al comandante principal sobre el comercio inglés: que mis puertos estaban abiertos, que la seguridad de sus intereses mercantiles era garantida, debiendo los comerciantes, para importar y exportar sus mercancías, reconocer por puestos precisos, Colonia, Montevideo y Maldonado; que dichos comerciantes ingleses no pueden traficar a Buenos Aires mientras duren nuestras desavenencias. De este modo pueden continuar su comercio los de su nación, le digo a dicho comandante; si no le acomoda haga vuestra señoría retirar todos sus buques de estas costas, que yo abriré el comercio con quien más nos convenga.
En cuyo concepto prevengo a vuestra señoría no se rebaje un ápice de su representación para mantener esta determinación. Los ingleses deben conocer que ellos son los beneficiados, y por lo mismo jamás deben imponernos; al contrario, someterse a las leyes territoriales según lo verifican todas las naciones.
Y ya en plena crisis, con la Banda Oriental invadida, en agosto del 17 en un nuevo acuerdo, Artigas aclaró a los ingleses: "Los señores comerciantes serán obligados a pagar en nuestros puertos los derechos de introducción y extracción establecidos y acostumbrados en las diversas receptorías según los reglamentos generales". El Reglamento de Aduanas.
Estas definiciones de política económica y comercial expresadas claramente en los documentos confirman que el propósito del proyecto artiguista era la defensa de la soberanía particular de los pueblos y la idea de que a través del desarrollo de las fuerzas productivas locales generadoras de trabajo y de riqueza se iba a alcanzar la felicidad de los pueblos.
Un cuarto eje, era la lucha contra la corrupción y el favoritismo, así como la defensa de la austeridad en la administración pública. Existen dos documentos que describen esto. En nota al Cabildo de Montevideo de agosto de 1815, escribió: "Vuestra señoría castigue severamente al que fuese ilegal en sus contratos, o al que por su mala versación degradase el honor americano. Enseñemos a los paisanos a ser virtuosos en presencia de los extraños, y si su propio honor no los contiene en los límites de su deber, conténgalos al menos la pena con que serán castigados".
Decía, además: "Los magistrados deben ser enérgicos, garantidos en la solidez de sus virtudes. De lo contrario nos expondremos a mendigar".
Y en defensa de la austeridad y del decoro en la administración de los bienes públicos escribía Artigas al Cabildo, en agosto de 1815: "Asimismo procure vuestra señoría que en la administración pública se guarde la mayor economía tanto en los sueldos como en la minoridad de los agentes. Vuestra señoría conoce como yo la indigencia de la provincia y todos y cada uno de sus individuos deben convencerse de la necesidad de hacer algunos sacrificios en obsequio de su patria".
El proyecto artiguista fue profundamente democrático e integrador, defensor de los derechos de los pueblos originarios, planteando la participación política en pie de igualdad con los criollos. Es importante destacar la voluntad expresa de Artigas en reconocer a los indios el derecho de participar en la vida política y económica, siendo parte en la resolución de sus problemas.
En carta a Andrés Artigas, comandante general de las Misiones, Artigas escribió: "Por el conducto del gobernador de Corrientes puse a usted, hace tres días, las circulares para que mande cada pueblo su diputado indio al Arroyo de la China. Usted dejará a los pueblos en plena libertad para elegirlos a su satisfacción, pero cuidando que sean hombres de bien y de alguna capacidad para resolver lo conveniente".
En otra carta al gobernador de Corrientes, Artigas expresaba: "Igualmente reencargo a usted que mire y atienda a los infelices pueblos de indios. Yo deseo que los indios, en sus pueblos, se gobiernen por sí, para que cuiden sus intereses como nosotros de los nuestros. Así experimentarán la felicidad práctica y saldrán de aquel estado de aniquilamiento a que los sujeta la desgracia. Recordemos que ellos tienen el principal derecho y que sería una degradación vergonzosa para nosotros, mantenerlos en aquella exclusión vergonzosa que hasta hoy han padecido por ser indianos".
Formidable definición de qué sociedad quería.
Además de todas estas definiciones de innegable trascendencia, Artigas también fue un cabal dirigente revolucionario, un hombre plenamente comprometido con la causa revolucionaria. Hay testimonios que lo retratan en su campamento de Purificación, sentado en una cabeza de vaca, humildemente vestido.
Pero queremos traer el testimonio del almirante artiguista Pedro Campbell, quien en sus notas autobiográficas describe al Artigas real. Decía: "Se vestía de botas y sencillo uniforme militar. Un poncho cubría sus hombros. Cada día atendía cosas de higiene personal para poder presentarse siempre bien afeitado y de buen aspecto. Caminaba y hablaba de manera calma, bien deliberada. No se apuraba en nada. Proyectaba la imagen de un hombre seguro de liderazgo y sus ideas. Verdaderamente un caballero, un hombre de los más nobles sentimientos. Siempre lo veía rodeado de escribanos. Él dictaba y ellos escribían, hablando parado, lentamente caminando, a veces fumando. Era capaz de dictar a tres secretarios a la vez".
Esta es la imagen de un revolucionario, que en medio de las privaciones, se cuidaba de mantener un aspecto decente ante sus conciudadanos, paisanos pobres, indios, sin disfrazarse, sin la utilización de un lenguaje que rebajara su nivel porque su aspiración era elevar el nivel de los demás. Mantuvo la voluntad de pelear hasta el final; en momentos en los que todo parecía derrumbarse, buscaba nuevos acuerdos, nuevas alianzas para volver a la lucha.
Finalmente, obligado, se repliega al Paraguay, posiblemente, tal cual lo testimonia Pedro Campbell en sus memorias, con la idea de reorganizar fuerzas para volver a la batalla. Hasta ahí llegó el ejército artiguista, los restos, acompañando al general; ese ejército que se definía como el pueblo reunido y armado para conquistar la libertad, defender la soberanía y la construcción de una sociedad de justicia e igualdad.
Finalmente, Artigas quedó en Paraguay hasta su muerte, y su ejército desapareció con él.
No hay esa pretendida continuidad del ejército artiguista en el ejército surgido para sustentar otro proyecto político que no era el artiguista. El ejército que masacró a los charrúas en Salsipuedes, nada tiene que ver con el ejército artiguista. El ejército que tuvo su bautismo de fuego siendo parte del crimen de la Triple Alianza contra Paraguay, nada tiene que ver con el ejército artiguista. El ejército que fue sustento del militarismo del último tercio del siglo XIX, nada tiene que ver con el ejército artiguista. El ejército que sustentó la brutal dictadura del siglo XX, que aún se ampara en la impunidad, nada tiene que ver con el ejército artiguista. El ejército que participa de la ocupación de pueblos hermanos, como el caso de Haití o el Congo, nada tiene que ver con ejército artiguista.
Esto sin dejar de reconocer que a lo largo de la historia ha habido en este ejército militares profundamente artiguistas, que pagaron con la persecución y con la cárcel la fidelidad a este ideario.
No queremos que este sea una especie de homenaje póstumo, como quien dice un entierro. Venimos a reivindicar la vigencia del proyecto artiguista en sus rasgos esenciales, trayéndolo a nuestra realidad, a nuestro tiempo. Por eso es que cuando vemos que en nuestros campos crece el latifundio y la concentración de tierra en manos de los malos europeos y peores americanos a niveles inéditos; cuando vemos cómo envenenan nuestras aguas, empobrecen nuestros campos y se roban nuestras riquezas; cuando vemos cómo se cierran las escuelas rurales por falta de niños porque se despobló la campaña; cuando vemos que cierra un tambo cada dos días y crecen los megatambos; cuando vemos a las multinacionales del agronegocio imponernos un modelo ajeno a nuestros intereses; cuando vemos todo eso, reafirmamos la vigencia absoluta y la necesidad de una reforma agraria de clara y neta inspiración artiguista.
Cuando vemos en la región cómo se violan los derechos de los pueblos originarios, cómo se los despoja de sus tierras en Brasil, Argentina, Paraguay y Chile, reafirmamos la vigencia y la necesidad de recuperar ese proyecto de patria grande y propugnar la defensa de los derechos inalienables de los naturales de estas tierras, que era un concepto fundamental de la concepción artiguista de la sociedad.
Cuando vemos cómo se primariza nuestra economía, cómo se destruye la industria nacional y cómo nos invaden con productos extranjeros; cuando vemos que se nos propone como único camino para la inserción internacional los tratados de libre comercio; cuando vemos todo eso, reafirmamos la concepción artiguista de una política de comercio exterior basada en tratados de mutua conveniencia; que tenga como objetivo el desarrollo de nuestra capacidad productiva, que genere empleo, que defienda la soberanía y que tenga como premisa fundamental la unidad e integración de los pueblos de nuestra América.
Cuando vemos en nuestro continente desplegarse la ofensiva imperialista buscando someter a nuestros pueblos, bloqueando naciones, levantando muros, persiguiendo a aquellos que emigran de nuestra América pobre hacia la América rica, tratándolos como ciudadanos de segunda y tercera categoría. Cuando vemos que en nuestra patria se recibe a George W. Bush, un señor de la guerra y un genocida, y se lo define como amigo de nuestro país; cuando se usa nuestro suelo como base de operaciones del ejército imperialista para dar protección a los dueños del mundo, que se juntan para ver cómo nos siguen dominando. Cuando vemos todo esto, reafirmamos la plena vigencia de la firme concepción antiimperialista que define al proyecto artiguista.
Es verdad que Artigas fue derrotado, que murió solo en el ostracismo, pero la historia muestra que muchas veces las derrotas tácticas se revierten y se convierten en victorias estratégicas. En cierta medida, Artigas ya derrotó a sus enemigos y a los traidores porque su ideario vive y palpita en el corazón de nuestros pueblos.
Sentimos, entendemos que el mejor homenaje a José Gervasio Artigas no puede ser solamente un discurso, donde obviamente expresamos ideas, sentimientos, convicciones. El mejor homenaje que podemos tributarle a Artigas es el compromiso que asumimos de mantener en alto sus banderas.
El mejor homenaje en este tiempo y en estas circunstancias es decir que venimos a reafirmar la plena vigencia de su ideario y de ese proyecto que marcó nuestra historia en sus principios esenciales, convencidos de que es el único camino para recuperar la soberanía, para ser dueños de nuestro destino, para construir y conquistar la justicia, la igualdad y la felicidad de nuestros pueblos.
En este tiempo y en estas circunstancias, decimos, con convicción y con orgullo, que nos sentimos más artiguistas que nunca.
Gracias, señora presidenta.