LA TORMENTA Y DESPUÉS

 

 

Por Julio Gorga, desde Nueva York, Estados Unidos (*)

Bueno, 7 y algo de la mañana y en el Bronx todo se ve inusual.
En primer lugar, no están los infaltables patrulleros  en cada esquina ni en el frente de la Clínica. Tampoco hay mucha gente en la calle. En la Avenida, por debajo del largo puente elevado por donde contradictoriamente circula el subway (tren subterráneo), una farmacia muestra las vidrieras rotas y está claro que la vaciaron. Igual con un lugar de comidas hispano y una tienda donde venden ropa y demás del rubro. Y en el Foot Locker no queda tennis alguno, y zapato ni para muestra. La relojería donde se compra oro y venden alianzas, apenas muestra relumbrón de cristales rotos. El Chase tiene la cortina metálica baja como señal de que nadie entró, pero los vidrios de la puerta se ven diseminados por los alrededores. Así como en el Bank of América, of course. La bodega de enfrente que permanece abierta las 24 horas todos los días del año y los dueños son muy trabajadores y amigables exponente de la cultura árabe, no sufrió al parecer problemas, y cuando fui a comprar el “corazán” y el café de cada mañana, el dueño me dijo que a él lo respetan y él se hacía respetar. Y además puso afuera un cartel escrito en español e inglés que dice: “No puedo respirar. Las vidas afroamericanas también cuentan!”.
Cierto. Sabe cómo hacerse respetar.  
En el McDonald y en el Dunkin Donuts de la cuadra, no vi algo raro. Lógico, las fuentes de comida rápida y barata, se desenvuelven en otra órbita.  
Estuve intercambiando información, aunque no del clima, como de costumbre, con los muchachos dominicanos del estacionamiento -lugar donde también se carga gasolina, y hay un salón de bocadillos y para jugar al "lotto"- y ahí no se ven daños. Ellos discutían y comentaban que discrepan con el vandalismo, y tildan de “chorros” a los que dañan esos comercios sin motivo. Se distancian con énfasis de tales elementos. Pero por un lado están más furiosos que nunca con Trump, por los ataques contra una manifestación pacífica, lo que perpetró sólo para poder ir caminando sin contratiempo hasta la iglesia Episcopal de Saint John enfrente de la Casa Blanca, sacarse una foto propagandística, y luego, regresar a su búnker como si nada.
Decían que "le valió gorro" hacer disparar indiscriminadamente pelotitas de goma y proyectiles de plástico (de tan trágicos recuerdos para nosotros y para la memoria del compañero de Bellas Artes,  Maximiliano Pereira, su primera víctima fatal de aquellos años de la década del ‘60), hacia quienes les tocara recibirlos en la multitud, e incluso a un par de periodistas femeninas de TV que cubrían los hechos y transmitieron en vivo y directo, con miedo y horror todos los sucesos, mostrando además algunos incrustados en su piel.
Así como también en esos comentarios, los muchachos condenaba el atropello a propósito de patrulleros embistiendo a grupos de personas que trataban ponerse a salvo del insólito y criminal ataque, y el despliegue inusitado de policía militar a caballo y a pie, protegida por enormes escudos trasparentes y armados hasta los dientes, mostrando una agresividad extrema. Pero no solo por esto se insistía, sino porque además el evidente propósito de Trump era electoral y pretendía dar a entender que domina la situación y conserva la iniciativa, ya que llegó a amenazar que “apenas comiencen los  destrozos comenzarán los balazos” (está desesperado y con su ridículo ego muy castigado) para lo cual la tal caminata a la cercana iglesia, era tomarse las ansiadas fotos mostrando una Biblia en sus manos con la finalidad de santificar su accionar y transmitirlo al resto del país. Claro que se sabe que Trump está asesorado por su "consejera espiritual" Paula White, que ha llegado a declara que la gente "ha sacado de contexto las escrituras bíblicas" en cuanto a inmigración, puesto que "Jesús no fue un inmigrante ilegal", puesto que era judío, y que hubiera sido ilegal, hubiera quebrantado la ley entonces habría sido pecador y no hubiera sido nuestro mesías. Paula tuvo un primer matrimonio del cual nació su hijo, y luego ya con 18 anos dice que se le apareció Dios y le pidió que practicara el evangelio. Entonces se divorció y estuvo estudiando la biblia por dos anos, y se casó otra vez con Randy White, fundó su iglesia y Randy afirmó que tenían que creer en su producto que era Jesús. Después se le apareció Trump.
Todo lo anterior, le resultó bumerán, porque la Obispo Episcopal Mariann Budde se esmeró en no dejar dudas para condenar la utilización del presidente con fines políticos de un símbolo que definió “sagrado” y nunca utilizable para provecho de tales fines, y de paso, para intentar demonizar la protesta justa del pueblo. Estableciendo además la declaración de la Obispo, que el presidente había usado el exterior de la Iglesia y la Biblia en sus manos, sin siquiera requerir un permiso de cortesía para utilizar el más sagrado símbolo judeocristiano, y que quería establecer que no quería ver al presidente hablando como si el representara a la Iglesia de Saint John, y que quería dejar bien claro que la iglesia “se alineaba con quienes están buscando justicia por la muerte de George Floyd y tantos más ya incontables”, y que respecto a la actitud de Trump “no podía creer lo que acababan de ver sus ojos”.
Sin embargo, ante el vandalismo que seguro perpetran “chorros”, no se si con los clásicos infiltrados de siempre (ayer dos agentes policiales  detuvieron y ningunearon a un afroamericano metido entre una de esas multitudes, y recién cuando revisaron sus bolsillos supieron que era agente del FBI, lo cual por supuesto el implicado no utilizó en el momento para evitar el arresto. Y debió ser liberado (da para conjeturar, ¿no?)
Lo cierto es que la población que condena el cobarde y terrible asesinato “en vivo y directo” de George Floyd, y protesta exigiendo que de una vez por todas la impunidad de los excesos policiales termine para siempre, a su vez repudia a los que vandalizan, y así actúan recargando las armas de la peor derecha y sus fanáticos partidarios, llámense Trump o como sea.  Y hasta proporcionan a la distancia munición a las derechas latinoamericanas que siguen reminiscentes de un pasado de represión y asesinato aún impune.
Confieso que si en un principio no comprendí aquella chocante escena en las escalinatas -si no me equivoco- en uno de los episodios de la magnífica película EL ACORAZADO POTEMKIN dirigida por Eisenstein, cada vez que suceden estos contrasentidos, tal episodio me vuelve a la memoria, y hasta creo -con cierta confusión de sentimientos- que repetir lo sucedido, contribuiría mucho a limpiar camino hacia el objetivo. Después de todo, lo definió mejor Hillary Clinton cuando ya se notaban los golpes a mansalva para deteriorar sus aspiraciones hacia la presidencia, tachando a sus detractores del pueblo como “los deplorables” (que dicho sea de paso, brotan en todos lados, sólo que en algunos lados los riegan y cultivan más).
Y para dar una vuelta de tuerca que aproxime más a la comprensión de gran parte del capítulo anterior, en algún momento tendremos que extendernos acerca de las fuentes espirituales en las que beben Trump y similares fabricantes de patrañas.

 

(*) Julio Gorga es uruguayo, fue parte del Secretariado de la FEUU de 1968, partió al exilio y se radicó en Estados Unidos en 1980.