OTRA…
Reflexiones sobre la realidad estadounidense, 13 de julio de 2020

 

Por Dr. Julio Gorga, desde Estados Unidos (*)

Según artículos, comentarios y declaraciones de escandalizados políticos tanto demócratas como republicanos, que aparecen hoy en varios medios, aun no se digiere que Trump le haya concedido a su ex colaborador y estratega Roger Stone, el “perdón” presidencial para evitar que fuera a prisión (lo que por razones del COVID-19 había conseguido diferir y quedarse  recluido en su casa, pero que cumplido el plazo otorgado, ya esta semana debía presentarse en una prisión federal a cumplir su pena de tres años y cuatro meses).
Roger Stone había sido condenado a 40 meses de prisión por obstruir la investigación del Congreso acerca de la intervención rusa en las elecciones que dieron la presidencia a Trump. Resulta que Roger y Donald son compinches desde finales del siglo pasado, cuando -segun se dice- ya Stone animaba a Trump para que intentara ser candidato a la presidencia. Por supuesto que sin creérselo, pero tales consejos no exentos de una lisonja incluida, le facilitaban probablemente obtener ciertos favores colaterales de Trump. Cuando este ganó la candidatura republicana, recién ahí Stone acepto la existencia de posibilidades, y comenzó a desarrollar la trama que pondría a Trump en la presidencia.
Se cuenta que su consejo de siempre se basaba en tres premisas ineludibles: “Nada admitas, niega todo, lanza contraataques”. Lo que ya hemos visto ha seguido Trump al pie de la letra.
Fue Stone quien logró el apoyo de los “cristianos con Trump”, cuando sabemos ahora según revela su prima Mary en su libro ya disponible en estos días, la única vez que Trump fue a una iglesia, había sido para sacarse una foto publicitaria (lo que repitió recientemente en medio de las protestas por el asesinato de Floyd, generando detalles de similitud con el principio que sugiere que “el asesino siempre regresa a la escena del crimen”. O que lo repite).
También se dice que cuando aparecieron los testimonios de sus comentarios degradatorios para las mujeres, entre ellos el repugnante consejo de que para conquistar a una mujer -o al menos saber si está disponible- solo había que “meter mano” en su entrepierna (que dicho sea de paso, aún no se cómo calificar -sin aparentar un repelente machismo-  a las mujeres que están en su gobierno y a las muchas que lo votaron, después de enterarse de la técnica de “conquista” de Trump, que imagino debe ser humillante hasta para una profesional del sexo que se de a respetar. A no ser que millones hayamos estado equivocados toda la vida, y resulte que Donald ¡tenga razón! (Ni pensarlo). Y cuando se le criticó por esos dichos, les quitó importancia porque muy orondo aseguró que habían sido comentarios de “locker room”, o sea, de “vestuario” y entre amigos (que, la verdad, no se tampoco a que tipo de “locker room” se refería Donald, ya que entre los cientos o miles de veces que estuve en vestuarios de gimnasios y canchas de fútbol con amigos, el último tema que podía salir era referido al género femenino, y en ese caso, porque alguien se disculpaba por no poder compartir un rato más, porque la novia o la esposa o la mamá lo estaba esperando para cenar u otra excusa similar).
Y cuando en el debate público preelectoral por TV, Hillary Clinton sacó el tema, segura de que iba a  destrozarlo. Stone había llevado un batallón de mujeres (contratadas, o tal vez cristianas evangélicas parte de los “deplorables” que estaban y siguen bajo el influjo “trumpista”), que cuando comenzó a hablar Hillary, comenzaron a proferir improperios contra Bill, con el pretexto de que era un abusador de mujeres (por el caso de su colaboradora Paola y el determinante de la Lewinsky). Y también todo indica que fue Stone quien orquestó las numerosas “fake news” y flagrantes e increíbles  mentiras que inundaron FACEBOOK y el resto de redes sociales en plena campaña electoral, así como obteniendo la colaboración de Assange y su Wikileaks y hackers para fabricar gruesas mentiras con apariencia de verdad (lo que justifica todas las complicaciones que sufre su creador, y merece muchísimas más y peores, por haber aportado además del destape de delitos escandalosos, el proporcionar las armas que determinaron el ascenso de Trump al cargo que ocupa, y así, de todas las consecuencias y desgracias y retrocesos mundiales generados por su “ayuda”).
Y por supuesto que lo central de los delitos de Stone, es la creación de la “trama rusa”. Ahora cobran sentido los dichos de Trump, por ejemplo rogándole a Putin que hiciera hackear los email de Hillary Clinton en pleno debate, sin que se le moviera algo el oxigenado jopo, ya que eso ahora se puede inferir formaba parte de una estrategia, y por agarrar a todos en falsa escuadra por lo insólito de la solicitud. No hubo quien se detuviera a llamarlo por su nombre (incluyendo alguien que debió hacerlo, Obama), o sea, lisa y llanamente. Traidor (que en el caso de ser al revés, a Putin lo hubieran enviado “a la antigüita”, a vacacionar a Siberia en traje de baño). Ridículo.
Como habrá caído esta movida de Trump, que el obsecuente y permisivo Fiscal General de la Nación -William Barr- y el Jefe de Personal de La Casa Blanca -Mark Meadows- al igual que otros oficiales de alto rango, según informes, se opusieron vehementemente a que la pena de prisión de Roger Stone fuera conmutada, y se indignaron por la decisión de Trump tomada este pasado viernes de noche, a pesar de todas las opiniones en contra (lo que ha dado a conocer el noticiero de NBC).
Los “trumpistas” temen que las ya poco entusiasmantes perspectivas para la reelección de su líder sufran un peor y muy significativo retroceso político.
Es claro para sus colaboradores, que la nueva barrabasada de Trump se origina en que confía en la lealtad ciega de su base de  “deplorables”, ya que como afirmó hace un tiempo, el puede “disparar y matar a una persona en plena 5ta Avenida de Manhattan”, y aún así sus fieles seguidores lo apoyaran.
El mismo comentario de NBC News cuenta que consejeros muy cercanos a Trump lo han querido hacer entrar en razón, con el argumento de que la gente que lo había votado, quería que cumpliera sus promesas electorales, o sea “que usted construya el muro y desagüe el pantano de los políticos en Washington”, agregando que: “pero nunca le pidieron que perdonara a Roger Stone”.
Todo lo anterior ha puesto en claro que no existe control alguno de las decisiones políticas de La Casa Blanca, ni siquiera del equipo legal asesor.
Los legisladores demócratas y un par de senadores republicanos, están furiosos con esta decisión de Trump, entre ellos el ex candidato presidencial Mitt Romney y actual senador por Utah, que ha definido en Twitter a este “perdón” presidencial, como “sin precedentes, histórica corrupción”.  Y así justifica su lapidaria afirmación: “un presidente americano conmuta la sentencia de una persona convicta por un jurado por mentir para proteger a ese mismo presidente”.
Claro que otros obsecuentes de Trump, como el senador de Carolina del Sur, Lindsey Graham, apoyaron la decisión de Trump. Y el mismo Stone en su domicilio de la Florida festejó a lo grande la esperada “mano” de su amigo, y seguramente se ha puesto de inmediato a calcular cómo puede inferir (léase “trampear”, o si se prefiere, directamente “trumpear”) para que Donald sea reelecto, ya que de no ser así, la cosa vendría espesa. Por otro lado, los demócratas han sido más sucintos, definiendo las acciones de Trump como las de un “Jefe de la mafia”.
Para colmo de males, este viernes pasado, confirmando que los record están para batirlos, se alcanzaron los 66 mil casos de COVID-19 en un día. Y van 135 mil fallecidos. Veremos cómo sigue esto.

 

(*) El Dr. Julio Gorga, es Médico Pediatra uruguayo residente en Estados Unidos desde mediados de los ’80. Fue dirigente de la Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay a fines de los ’60.