EN LA ONU CONSIDERAN A ESTADOS UNIDOS COMO EL MAYOR VIOLADOR DE LOS DERECHOS HUMANOS DEL MUNDO
Ponencia del embajador bolivariano en Ginebra, Jorge Valero, 25 de agosto de 2020

 

El Embajador de Venezuela ante el Consejo de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Jorge Valero, reafirmó que Estados Unidos es el mayor violador de Derechos Humanos en el mundo. Así lo subraya en su intervención en la Conferencia Gobernanza Global y Desarrollo, donde además señaló que en plena pandemia de la COVID-19, Estados Unidos se retiró de la Organización Mundial de la Salud (OMS), resultando paradójico que el Gobierno imperial tome esta decisión cuando más se necesita fortalecer esta organización. Asimismo cuestionó que el presidente estadounidense, Donald Trump, acuse a China de haber ocultado información relevante sobre el Coronavirus a la Comunidad Internacional, especialmente a la OMS y dicha organización sería supuestamente su cómplice. A continuación transcribimos en forma íntegra la exposición del embajador Jorge Valero en la Conferencia Nacional Gobernanza Global y Desarrollo, que se realizó de forma telemática este 25 y 26 de agosto; y que el propio Embajador hizo llegar a Radio Centenario, para su difusión. Usted puede escuchar también parte de esta exposición, titulada “Desafíos y problemas comunes de la humanidad en la actualidad”, aquí:
https://archive.org/details/jorge-valero-venezuela-26-8

 

INTRODUCCIÓN

El desafío más importante que encara la diplomacia de paz, en el tiempo presente, es implementar el multilateralismo.
El unilateralismo, que es la ruta que ha tomado el gobierno de Estados Unidos, especialmente bajo la guerrerista política exterior de Donald Trump, es la principal amenaza a la paz y la seguridad internacional.
Y no es una coincidencia que Estados Unidos se haya retirado del Acuerdo Marco sobre Cambio Climático (Acuerdo de París). Un acuerdo histórico para combatir el cambio climático, e intensificar las acciones necesarias para un futuro sostenible con bajas emisiones de carbono. Trump se retiró de ese acuerdo con el propósito de que Estados Unidos continúe practicando, entre otras, políticas que destruyen la naturaleza, como el uso del fracking, que produce catastróficos daños ambientales. Y ello para satisfacer los apetitos crematísticos de sus multinacionales petroleras.
El 19 de junio de 2018, Estados Unidos abandonó su membresía del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, alegando que este órgano estaba integrado por países como China, Irán, Siria, Cuba y Venezuela que violaban los derechos humanos. Insólito argumento pues Estados Unidos es el mayor violador de derechos humanos en el mundo.
En plena pandemia del COVID-19, Estados Unidos se retiró de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Resulta paradójico que el gobierno imperial tome está decisión cuando más se necesita fortalecer, esta organización.
Trump acusa a China de haber ocultado información relevante a la comunidad internacional, especialmente a la OMS.  Esta organización sería supuestamente su cómplice.
En materia comercial, si bien Estados Unidos sigue siendo miembro de la Organización Mundial del Comercio (OMC), cada día son más recurrentes sus prácticas proteccionistas, contrarias a las normas del Sistema Multilateral del Comercio, así como sus ataques al funcionamiento de la Organización, como parte de la guerra comercial contra China.  
Y en materia de seguridad y desarme, el gobierno de Trump se retiró del Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (INF).
Trump también ha declarado que EEUU no extenderá la vigencia del Tratado sobre Reducción de Armas Estratégicas (Nuevo START). Éste es el único acuerdo en materia de armas nucleares en vigor entre los Estados Unidos y Rusia, que contiene medidas para reducir y limitar aún más las armas estratégicas ofensivas, y expira el próximo 5 de febrero de 2021.
En el año 2002, el gobierno de George W. Bush se retiró del Tratado Sobre Misiles Antibalísticos o Tratado ABM.
El gobierno de Trump también se retiró, en 2019, del Plan de Acción Integral con Irán. (Acuerdo Nuclear con Irán).
Ese gobierno implementa una política de presión y retiro de Organismos Internacionales, que no respondan a sus intereses. Esa estrategia unilateralista, y su afán de liquidar las instituciones multilaterales, suscita rechazo en el mundo.
El unilateralismo del imperialismo yankee pretende destruir las reglas del orden mundial. Esta obsesión contra el multilateralismo revela que el imperialismo norteamericano busca, desesperadamente, desprenderse de compromisos internacionales, con el propósito de actuar motu proprio en la arena mundial, para evitar lo que es inevitable: su declive como potencia hegemónica.
Por fortuna el mundo es hoy multipolar. Nuevas potencias emergen en el firmamento, las cuales reducen el espacio que otrora venía ocupando Estados Unidos.
El Secretario General de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, el pasado 25 de junio, en ocasión de la conmemoración del 75 aniversario de la adopción de la Carta de las Naciones Unidas, admitió la dificultad de lograr una transformación significativa de los mecanismos de la gobernanza mundial sin la participación de las grandes potencias mundiales. Interrogado sobre cuáles son los actores, Guterres especificó que hay dos potencias nucleares y dos económicas. Rusia y Estados Unidos en el primer caso, y la nación norteamericana y China en el segundo.
Rusia y China expanden su influjo alrededor del mundo, y se han convertido en murallas de contención a los afanes imperiales. Por eso enarbolan una política exterior que llama a respetar el derecho internacional, al tiempo que exigen el respeto a la soberanía y autodeterminación de los pueblos.  
La hegemonía norteamericana declina en todos los ámbitos.
En el económico-comercial, China implementa exitosamente, entre otras, la Iniciativa del Cinturón y Ruta de la Seda, En el ámbito de la tecnología militar Rusia y China ya han alcanzado la delantera o avanzan en varios ámbitos, tales como la carrera armamentista en el espacio ultraterrestre.
En la lucha global interpotencias, y con una mirada hacia el futuro, el multilateralismo se consolidará victoriosamente. El unilateralismo solo podrá mantenerse si es que el imperialismo recurre, hipótesis no negada en absoluto, a una nueva guerra mundial que sería de carácter nuclear, y provocaría millones de muertos y afectaría irreversiblemente la naturaleza.

LA PAZ ES UN VALOR UNIVERSAL

Los tambores de la guerra retumban en muchos lugares del orbe. La paz está amenazada. El multilateralismo es acosado, e, incluso, negado por quienes pretenden adueñarse del planeta tierra y del espacio ultraterrestre. Han inventado retóricas para desconocer la soberanía y la autodeterminación de los pueblos.
En ese contexto, necesario es enarbolar las banderas de la emancipación, en un mundo donde reine la paz y la fraternidad entre la especie humana.
El concepto de paz ha evolucionado desde la Segunda Guerra Mundial. La paz debe ser asumida como un fin. Como un objetivo imprescindible para disfrutar a plenitud los derechos humanos. La paz es la vida, un derecho supremo del ser humano.  
Al invocar la paz nos vienen a la memoria textos fundamentales del pensamiento universal, plasmados en los libros sagrados de todas las religiones monoteístas; en las tablillas cuneiformes de los sumerios; en los papiros egipcios; y en los mitos primigenios de los pueblos originarios nuestroamericanos.
Oportuno es citar a San Agustín (De civitate Dei) quien, en el siglo V de nuestra era, expresara: La paz es un bien tal, que no se puede desear otro mejor, ni poseer otro más útil.
Cuando hablamos de la paz recordamos a Jesús predicando desde el Monte de los Olivos su evangelio de amor. Al Quijote, en su trashumancia por los caminos de La Mancha. A José Martí abogando por la soberanía de nuestra América. A Martín Luther King en su incansable lucha contra la segregación racial.
Pero recordamos, sobre todo, a Simón Bolívar batallando por la emancipación de América. Y es que Bolívar, como bien lo dijo Don Miguel De Unamuno: “… era un hombre que hacía la guerra para fundar la única paz duradera y valedera, la paz de la libertad”.
Cuanta vigencia tienen hoy las palabras de Mahatma Gandhi: No hay camino para la paz. La paz es el camino.
Las constantes prácticas de violencia, a las que han sido sometidos los pueblos del Sur por los gobiernos supremacistas de Estados Unidos, expresadas a través del terrorismo de Estado, del armamentismo y la amenaza del uso de armas nucleares, son pruebas evidentes de su menosprecio por la dignidad humana.
La paz supone un respeto a la soberanía de las naciones y a la libre determinación de los pueblos.
En la última Declaración de las Naciones Unidas sobre el Derecho a la Paz de 2016, se recuerda que la paz y la seguridad, el desarrollo y los derechos humanos son los pilares del sistema de las Naciones Unidas y los fundamentos de la seguridad y el bienestar colectivos, y reconoce que el desarrollo, la paz y la seguridad, y los derechos humanos están interrelacionados y se refuerzan mutuamente.
Estamos obligados a promover y defender la paz como se consagra en la Carta de las Naciones Unidas.

EL NUEVO ORDEN INTERNACIONAL

El inhumano orden internacional, que busca perpetuar el imperialismo, se fundamenta en el uso de la fuerza para mantener su hegemonía. Por eso estimula conflictos armados en el mundo, en particular, en países del Sur. Recurre al chauvinismo, a la xenofobia, y propicia la desintegración y la fragmentación de las naciones; fomenta rivalidades étnicas y religiosas.
La potencia imperialista ha impuesto una manera de organizar la vida de las sociedades modernas, a partir del americanismo como supuesto pensamiento universal; confunde universalidad con uniformidad.
Nuevas referencias societales emergen en el mundo, surgen nuevas voces de países soberanos. Los pueblos avanzan en la lucha por la paz y la felicidad humana.
Pero no puede haber paz en un mundo caracterizado por la prevalencia de la pobreza, la inequidad y la exclusión social.
Para alcanzar la paz universal es necesario que se cumplan los 17 Objetivos de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y sus 169 metas, teniendo en cuenta las tres dimensiones del desarrollo: la económica, la social y la ambiental.
La Revolución Bolivariana está comprometida con la plena implementación de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible.
Por otra parte, propone avanzar en el diálogo interreligioso e intercultural, pues el reto que tienen los pueblos del mundo es alcanzar el desarrollo pleno, en el marco de una cultura de paz.
Y para construir una cultura de paz es necesario el diálogo y la fraternidad. Erigir sociedades en donde impere la tolerancia en medio de la diversidad entre iguales. Donde frente al Yo narcisista hagamos del Nosotros un principio fundamental de coexistencia humana.

Ante la conducta guerrerista del gobierno imperial se debe articular un vasto movimiento de naciones y pueblos que levanten las banderas de la paz.

MULTILATERALISMO VS UNILATERALISMO

Del horror causado por las dos Guerras Mundiales surgió la esperanza que alimentó el multilateralismo, como forma de solucionar los conflictos y mantener la paz y la seguridad internacional.
Los orígenes del multilateralismo se remontan a la creación de la Sociedad de Naciones en 1919. Un primer instrumento de la comunidad de Estados, para alcanzar niveles superiores de convivencia internacional.
La democratización de las instituciones multilaterales cobra hoy singular importancia, si se quiere edificar un nuevo paradigma en las relaciones internacionales.
El multilateralismo se fundamenta en los valores establecidos en la Carta de las Naciones Unidas y en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
Desde entonces, el multilateralismo se ha convertido en un sistema universal de instituciones en las esferas política, económica, social, cultural y ambiental. Es el principal mecanismo para hacer frente con certidumbre a los desafíos de la agenda internacional.
La presencia de nuevas amenazas a la seguridad y a la paz, genera serios cuestionamientos a la capacidad de la actual estructura de gobernabilidad internacional para solventar conflictos.    

El multilateralismo promueve relaciones de amistad entre los Estados y pueblos. Es una antítesis del unilateralismo. Es una constelación de principios dirigidos a contener las conductas opresivas e imperialistas de algunos Estados, y lograr que el mundo genere acciones comunes en beneficio de la humanidad.
El propósito del multilateralismo es establecer reglas de comportamiento internacional, y desarrollar instituciones que favorezcan la cooperación. El multilateralismo debe ser la base del nuevo orden mundial. Sustituye al bilateralismo que caracterizó en el pasado la dinámica de las relaciones internacionales.
Este nuevo enfoque, al que se adscribe nuestro gobierno Bolivariano y Chavista, busca construir una arquitectura internacional que hermane a los Estados, y fomente la corresponsabilidad en los asuntos internacionales. Se puede proclamar que el multilateralismo es el modelo ideal para el funcionamiento del nuevo orden mundial.
Sin embargo, la potencia hegemónica pretende seguir imponiendo sus egoístas propósitos. En ese camino comete genocidios y practica el terrorismo de Estado, para apropiarse de los recursos naturales de los países en desarrollo. Un mundo sin multilateralismo es una amenaza a la vida y a la paz.
La diplomacia para la paz que promueve Venezuela, se fundamenta en los valores superiores del humanismo. Busca construir un mundo en el que prevalezca la justicia social internacional. Condena el racismo y la xenofobia, y fomenta la confraternidad humana.    
Trump fue electo como presidente de los Estados Unidos en noviembre de 2016. En los propios Estados Unidos surgieron preocupaciones sobre la política exterior que el magnate inmobiliario llevaría adelante.
El columnista Jackson Diehl señaló, en un artículo publicado por The Washington Post, titulado Las dos pruebas inmediatas a la política exterior de Trump, y publicado el 13 de noviembre de 2016, que:  Muchos tienen miedo a que la política exterior de Trump conduzca al mundo a un caos aún más profundo. Y que provoque una guerra comercial global, o tal vez una guerra real.
El periodista norteamericano también dijo que: La administración de Trump pondrá fin a los 100 años de liderazgo mundial de Estados Unidos, que comenzó en 1918.
Y no estaba descaminado quien formuló tales vaticinios, ya que se ha comprobado, tanto la política guerrerista que Trump ha implementado, como el indetenible declive del hegemonismo yankee.

LA CRISIS ESTRUCTURAL DEL CAPITALISMO

Hoy somos testigos de la crisis estructural del capitalismo neoliberal. Agoniza un sistema que nació de la explotación y el envilecimiento del ser humano. Se conforma un nuevo mapa político mundial, a resultas de la competencia por espacios geopolíticos y geoestratégicos.
Hoy no estamos en presencia de una crisis más del capitalismo. Tampoco frente a un nuevo ciclo largo del capitalismo, tal como lo analizó Nicolai Kondratiev. No. La crisis del capitalismo es profunda. Es coyuntural porque ocurre en este tiempo histórico. Pero trasciende el tiempo de su ocurrencia. Es, sobre todo, una crisis estructural. Se resquebrajan los fundamentos sobre los cuales se conformó la modernidad capitalista.
Analizar la crisis del capitalismo, no sólo como un modo de producción sino como un sistema histórico, es una tarea necesaria. Sobre todo, para quienes no hemos perdido la esperanza de reencontrarnos con la utopía posible de construir un mundo mejor.
Los gestores arquetípicos del capitalismo han tenido que aplicar políticas proteccionistas y de subsidios para “salvarlo”. Por eso, como ha sostenido Win Dierckxsens: Cuando el gran capital se pone en peligro, termina el libre juego del mercado. La intervención del Estado comienza ahí donde los grandes jugadores del sistema mundial empiezan a perder.  
Al analizar el capitalismo debemos tener presente su dimensión de totalidad, en tanto que sistema histórico, y, asimismo, sus particularidades como modo de producción y las relaciones sociales implícitas en él.
Thomas Piketty en su libro: La superación del capitalismo afirma que: La historia de las sociedades humanas es también la historia de la búsqueda de la justicia.
Ese es el propósito que inspira a la Revolución Bolivariana que iniciara el Comandante Supremo Hugo Chávez y que hoy lidera -con dignidad e inteligencia-, el Presidente Nicolás Maduro.
Hugo Chávez fue parte aguas de un nuevo tiempo histórico. Pronosticó el colapso del capitalismo y la emergencia de un nuevo orden basado en la justicia, la igualdad, la libertad y la solidaridad entre los seres humanos.

OTRA MODERNIDAD ES POSIBLE

El teórico neoliberal Francis Fukuyama, con su infundada teoría El Fin de la Historia pontificó el capitalismo que –según él-, sería eterno. Aseguró que la economía de mercado era ese fin. ¡Cuán equivocado estaba ese falso profeta!
En estos tiempos del COVID-19 ha quedado evidenciada la vulnerabilidad del capitalismo y su incompetencia estructural para atender las demandas de salud pública que hoy exige la humanidad.
Y no es casual que la pandemia se haya cebado principalmente en Estados Unidos, y en países de nuestra región satélites del imperio como Brasil, Colombia, Perú, Ecuador y Chile, y en países europeos que desmantelaron los sistemas de salud pública, construidos en el marco del llamado Estado de Bienestar. Los más afectados en Estados Unidos son los pobres, los afroamericanos, los latinos, los pueblos originarios e, incluso, la clase media.
Hoy somos testigos de un debate que enfrenta dos visiones. De un lado, los que aspiramos a la conformación de un mundo multipolar, donde impere la justicia social, la igualdad, la libertad y la fraternidad.
Y del otro, los que imponen su dominación a través de la fuerza. Practican el colonialismo, el racismo y nuevas formas de esclavitud, a través de un sistema donde el ser humano es deshumanizado y convertido en objeto.
Las potencias capitalistas hacen gravitar los asuntos internacionales, hacia sus exclusivos y mezquinos intereses nacionales. Manipulan la ayuda humanitaria, promueven intervenciones e invasiones militares, y ejercen presiones de todo tipo sobre estados soberanos. Imponen medidas coercitivas unilaterales que causan muerte, miseria y enfermedades. Millones de personas en países en desarrollo las sufren.
En septiembre de 2018, el entonces Relator Especial de las Naciones Unidas sobre las repercusiones negativas de las medidas coercitivas unilaterales en el disfrute de los derechos humanos, Idriss Jazairy, condenó las (…) medidas coercitivas unilaterales […] cuyos efectos se equiparan prácticamente a los de un bloqueo contra un país extranjero, equivale a utilizar la guerra económica.
El 25 de marzo de 2020, China, Rusia, Cuba, República Popular Democrática de Corea, Irán, Siria, Nicaragua y Venezuela, mediante carta dirigida al Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, le solicitaron que exigiera (…) el completo e inmediato levantamiento de tales medidas ilegales, coercitivas y arbitrarias de presión económica en consonancia con la posición de principios y de larga data de las Naciones Unidas.
La Relatora Especial sobre las repercusiones negativas de las medidas coercitivas unilaterales en el disfrute de los derechos humanos, Alena Douhan, mediante comunicado de prensa de fecha 3 de abril de 2020, señaló que Las sanciones están trayendo sufrimiento y muerte en países como Cuba, Irán, Sudán, Siria, Venezuela y Yemen. Exigió (…) a todos los gobiernos que utilizan las sanciones como herramientas de relaciones exteriores que retiren de inmediato las medidas… incluidas las que impiden financiar la compra de medicamentos, equipos médicos, alimentos, y otros bienes esenciales.
Las medidas coercitivas son contrarias al derecho internacional, al derecho internacional humanitario, y a la Carta de las Naciones Unidas. Han sido reiteradamente condenadas por la Asamblea General y el Consejo de Derechos Humanos de la ONU.
A pesar de todos estos pronunciamientos, el gobierno de Trump continúa implementando esas medidas coercitivas, con intención de obligar a otros Estados a renunciar al ejercicio de sus derechos soberanos. Pretende imponer su modelo político y económico, con estrategias de cambio de régimen.
Las medidas coercitivas unilaterales son, en la práctica, armas de destrucción masiva. Una modalidad de guerra donde los tanques, los aviones, las bombas y los misiles son sustituidos por bloqueos económicos y financieros, que generan limitaciones a la producción nacional y al comercio internacional.
El Departamento del Tesoro de Estados Unidos es hoy el Pentágono económico, que comanda esta guerra contra millones de seres humanos. Venezuela y otros países sometidos a estas criminales medidas, las resisten con dignidad.
Los pueblos del mundo avanzan hacia la edificación de una nueva sociedad. Formulan nuevos paradigmas para alcanzar el equilibrio ecológico y ambiental, y para que se haga realidad la superación de los déficits sociales, ampliando los límites de la democracia.

SUPERAR EL CAPITALISMO: UN GRAN DESAFÍO

El gran desafío que hoy tiene la humanidad es superar el capitalismo neoliberal como único modelo de organización societal.
El capitalismo agotó toda posibilidad de autorregenerarse. Es por ello que, frente a la actual crisis, las potencias capitalistas y el gran capital recurren a la guerra y a la violencia como alternativa de sobrevivencia.
El capitalismo neoliberal busca obtener mayores ganancias en el menor tiempo posible. Por eso acabó con el keinesianismo y el Estado del Bienestar.
Los grandes empresarios y especuladores financieros, los dueños del gran capital, son los pretendidos dueños del mundo. Ponen y tumban gobiernos. El capital lo puede todo, es su lema.  
Ese capitalismo voraz premia la usura. Transgrede los más elementales principios de la ética y la moral social. En la economía predominan tahúres cibernéticos que logran que sus activos tóxicos se conviertan en millardos de dólares, que pueden representar más de diez veces el PIB mundial.
Dirigentes políticos se convierten en dóciles empleados de los banqueros. La política, en vez de servir al bien público, se subordina a la economía de casino.
La naturaleza se privatiza y es convertida en mercancía para beneficio de unos pocos, pero millones de seres humanos son privados de los bienes que ella regala.
Los grandes imperios mediáticos, en vez de fomentar los valores de la solidaridad y la fraternidad humana, se convierten en instrumentos para el envilecimiento y la alienación.
Los “dueños” del mundo estigmatizan a todo aquel que no asuma sus parámetros políticos-ideológicos. Se apropian indebidamente de principios y valores que son muy caros para la humanidad. Tal es el caso de la democracia y los derechos humanos. Acusan de terroristas y narcoestados a aquellos que no se arrodillan ante sus rediles.
David Rockefeller, uno de los líderes de la Comisión Trilateral, había expresado con desparpajo, en julio de 1973, cuanto sigue: De lo que se trata es de sustituir la autodeterminación nacional que se ha practicado durante siglos en el pasado, por la soberanía de una élite de técnicos y financieros mundiales.
Desde los años ochenta la ola neoconservadora se propuso desmantelar el Estado Social, logrado en reñidas luchas históricas y con grandes sacrificios de los trabajadores europeos en el siglo XX. A los países en desarrollo se les impusieron draconianos planes de ajuste fiscal, que aumentaron la pobreza, el hambre y la desigualdad.
En el marco de la crisis del capitalismo salvaje se quebrantan los mecanismos de solidaridad. Se amplían la exclusión social y la precariedad laboral. Se ensanchan las brechas sociales y las diferencias salariales.
A pesar de las calamitosas consecuencias humanas de ese capitalismo, se intenta imponer -como inevitables-, las recetas neoliberales. Y los que provocaron la crisis y el derrumbe, en vez de pagar por sus crímenes son premiados con mayores privilegios.   
Los “dueños” del mundo consideran que la legitimidad de un gobierno no deriva del consentimiento de la población, o del electorado, sino de la autoridad de organizaciones internacionales, que se encargarían de velar por la llamada “buena gobernanza global”. La legitimidad se juzga desde afuera. El espacio para la auto-determinación y la autonomía política del Estado nacional se reduce o desaparece.
Los imperialistas y neoliberales, al deslegitimar la principal institución política del orden internacional de la posguerra, la soberanía, niegan los principios fundamentales en que se fundó la Carta de las Naciones Unidas. Proponen un retorno al elitismo, a la destrucción del Estado social de derecho y de justicia, la retirada de la esfera pública, y el predominio del individualismo, la desaparición de la solidaridad.
Las corporaciones multinacionales domeñan a los gobiernos, y rechazan cualquier esfuerzo orientado a fomentar regulaciones democráticas de los procesos económicos y financieros.
Una gobernabilidad global, de carácter humanista, demanda la existencia de un sistema internacional inclusivo, transparente y efectivo. Sólo el G-193, bajo la égida de una ONU refundada, estará en condiciones de garantizar un verdadero multilateralismo.
El fortalecimiento de las Naciones Unidas sólo será posible en la medida en que los propósitos y principios de su Carta sean plenamente respetados, cuando se acaten las resoluciones emanadas de la Asamblea General.

DERECHOS HUMANOS

Desde enero del presente año 2020, Venezuela se incorporó por tercera vez como miembro del Consejo de Derechos Humanos de la ONU.
El extremismo ideológico de la Casa Blanca pretendió privar a Venezuela de su derecho a integrar ese Consejo. Activó inmorales e inéditos mecanismos de presión, y hasta de extorsión, a Estados miembros.
Aun así, no pudieron doblegar la voluntad soberana de la mayoría de los Estados del mundo que respaldaron la candidatura venezolana, en reconocimiento al compromiso de nuestro gobierno con la vigencia de los derechos humanos.
Venezuela continuará luchando, de consuno con sus aliados, en contra de la pretensión de ciertas potencias y sus lacayos, de utilizar -de manera selectiva- los mecanismos del Consejo de Derechos Humanos, para atacar políticamente a algunos de sus miembros. Esos que utilizan los derechos humanos como un instrumento para satanizar a países del Sur, que no se subordinan a sus pretensiones hegemónicas.
Hoy, más que nunca se debe promover el respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales. Defender los principios de universalidad, imparcialidad, objetividad y no selectividad. Impulsar el diálogo genuino y la cooperación en la promoción y protección de todos los derechos humanos, incluido el derecho al desarrollo.
Esto sólo es posible si se respeta la igualdad soberana de los Estados y el derecho a la libre determinación de los pueblos. Si se renuncia a la injerencia en los asuntos internos de los Estados, y si se asume el compromiso de compartir un destino de paz y bienestar común.
La solidaridad internacional debe fundamentarse en los valores de la justicia y la equidad social, como factor de desarrollo centrado en el ser humano.
Junto a países hermanos de nuestra región, seguiremos impulsando modelos de integración fundamentados en la complementariedad económica, la cooperación, y la solidaridad entre los pueblos. Un digno ejemplo es la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA-TCP).
El gobierno de Nicolás Maduro reafirma su compromiso con la promoción y protección de los derechos humanos universalmente reconocidos, incluido el derecho al desarrollo.
Éste último es un derecho humano inalienable en virtud del cual todo ser humano y todos los pueblos están facultados para participar en un desarrollo económico, social, cultural y político. La realización del derecho al desarrollo es una urgente necesidad, pues es fundamental para alcanzar los objetivos de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, mediante la cooperación internacional y la solidaridad entre los pueblos.
Durante la presidencia de Venezuela del Movimiento de Países No Alineados, en septiembre de 2019, se dio un paso histórico al cambiar el mandato del Grupo de Trabajo de las Naciones Unidas sobre el Derecho al Desarrollo, para impulsar la elaboración de un instrumento internacional jurídicamente vinculante sobre este derecho. El mismo reforzará la lucha de los pueblos, en función de superar la pobreza, las desigualdades y alcanzar la justicia social.
El vil asesinato del estadounidense George Floyd ocurrido el pasado 25 de mayo en la ciudad de Minneapolis, ha desnudado el racismo sistémico, y la naturaleza fascista y supremacista del imperialismo yankee.
El racismo es inherente al imperialismo. Es hijo predilecto del capitalismo salvaje que hoy impera en Estados Unidos. El racismo es hijo del esclavismo y del colonialismo. Donald Trump es imperialista, por tanto, racista.
Las protestas anti raciales en los Estados Unidos tienen un carácter multiétnico. Estas se multiplicaron en el mundo, lo cual demuestra que las ansias de justicia, libertad e igualdad son patrimonio universal del ser humano.
Es alarmante la proliferación de políticos y partidos políticos fascistas y neonazis, los cuales incitan a la hostilidad racial. Bochornoso es que autoridades gubernamentales las apoyen o guarden silencio.
La eliminación del racismo y la discriminación racial, arraigada durante siglos, no ha sido ni será tarea fácil. El ejemplo histórico de la lucha contra el Apartheid en Sudáfrica sirve de inspiración.
Recordamos las palabras de Nelson Mandela: Nadie nace odiando a otra persona por el color de su piel, o su origen, o su religión.

LA DOCTRINA TRUMP Y SU POLÍTICA DE DESARME

Con base en la Primera Estrategia de Seguridad Nacional, el gobierno de Donald Trump se planteó incrementar la influencia estadounidense para que el mundo apoye sus intereses.
En la política exterior de Trump se manifiesta una tendencia dominante: desechar acuerdos de naturaleza multilateral y bilateral.
Como se dijo, en el año 2002, el gobierno de George W. Bush se retiró del Tratado Sobre Misiles Antibalísticos, o Tratado
ABM, acordado entre Estados Unidos y la Unión Soviética.
Ese tratado era una piedra angular del sistema de seguridad internacional. Las partes tenían derecho a desplegar sistemas de defensa contra misiles balísticos, pero con limitaciones.
En materia de seguridad y desarme el gobierno de Trump se retiró en 2019, del Tratado Sobre Fuerzas Nucleares de Rango Intermedio (INF), que había sido suscrito en 1987 con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas sobre la eliminación de sus misiles de alcance intermedio y corto alcance. Este Tratado tenía como objetivo eliminar los misiles balísticos y de crucero, con base en tierra con alcance de entre 500 y 5.550 Km, tanto nucleares como convencionales.
EEUU se retiró también del Acuerdo Nuclear con Irán, suscrito por esa nación persa, Estados Unidos, Rusia, China, Francia, Reino Unido y Alemania.
Trump ha declarado además que EEUU no extenderá la vigencia del tratado sobre Reducción de Armas Estratégicas (Nuevo START). Este pacto con Rusia contiene medidas para reducir y limitar aún más las armas estratégicas ofensivas. Las autoridades de la Federación Rusa han advertido el riesgo de una posible guerra nuclear, tras la retirada de EEUU de acuerdos estratégicos.  
Este acuerdo se está devaluando paulatinamente porque Estados Unidos está implementado un crecimiento constante e incontrolado del número de misiles antibalísticos, mejorando su calidad y creando nuevas áreas de lanzamiento.
El Canciller ruso Sergey Lavrov se ha referido al agresivo egocentrismo en política exterior del gobierno de Estados Unidos. Y a sus intentos de destruir acuerdos fundamentales y de remodelar toda la estructura multilateral de control de armamentos según sus propios y estrechos intereses oportunistas.  Ha denunciado que el gobierno estadounidense es el único que ha generado miedo sobre el uso de armas de destrucción masiva, y está deteriorando -con su peligrosa política exterior- la estabilidad estratégica.
El Tratado de Cielos Abiertos entró en vigor el 1 de enero de 2002. Estados Unidos y Rusia lo ratificaron, pero en septiembre de 2019 el gobierno de Estados Unidos amenazó con denunciarlo. Éste instrumento establece un programa para vuelos de reconocimiento aéreo no armados sobre el territorio de los firmantes.
Es inocultable el desdén del gobierno estadounidense por las organizaciones multilaterales. En 2017 Trump recibió un Proyecto de Ley, presentado por el Partido Republicano al Comité de Relaciones Exteriores del Congreso. Allí se pide que EEUU cancele su membresía de las Naciones Unidas, incluido cualquier órgano, agencia especializada, comisión u otro organismo formalmente afiliado, y cierre la Misión de Estados Unidos ante la ONU.
El gobierno de Trump practica una política de extorsión a los organismos multilaterales, a cuyos efectos ha reducido sus contribuciones presupuestarias.
Ha menospreciado a sus aliados de la OTAN. La Canciller alemana Angela Merkel, en declaración al periódico británico The Guardian, ha instado a Europa a prepararse para un mundo sin el liderazgo de EEUU.
El gobierno de Trump exacerba el riesgo nuclear. Aumenta la incertidumbre y produce terror en la comunidad internacional. Exige a los países que se encuentran bajo su paragua disuasorio a aceptar sumisamente sus decisiones.
Trump instruyó al Secretario de Defensa James Mattis a hacer una “Revisión de la Postura Nuclear (2018)”  .
En ese documento se sostiene que el paraguas disuasorio de EEUU se ha debilitado, mientras que ha aumentado el potencial defensivo de Rusia y China. Se reconoce que Rusia posee ventajas comparativas en su capacidad de producción de armas nucleares y en fuerzas nucleares estratégicas, que sobrepasan las fuerzas nucleares de Estados Unidos y sus aliados”.
Estados Unidos busca liberarse de sus obligaciones en materia de desarme y no proliferación, para continuar produciendo y mejorando la tecnología de armamentos, y superar una supuesta brecha tecnológica con Rusia y China.
Estados Unidos cuenta con un poderoso arsenal declarado de armas estratégicas. Sin embargo, podría tener un arsenal mayor no declarado, incumpliendo con los tratados internacionales en materia de desarme.
Al denunciar los tratados, Estados Unidos queda libre para actualizar su armamento de disuasión nuclear, armas estratégicas, armas tácticas y espacio ultraterrestre, sin ser acusado de incumplimiento.
Venezuela ha respaldado en la Conferencia de Desarme, ONU-Ginebra, el proyecto de “Tratado sobre la prevención de emplazamiento de armas en el espacio ultraterrestre”, presentado por Rusia y China, en el cual aparecen definiciones sobre la verificación relacionados con los objetos en el espacio ultraterrestre.
El Gobierno de Estados Unidos atribuye pecados a otros países como Rusia y China, para abandonar el régimen actual de seguridad, implementando una política similar a la de la Guerra Fría.

LA OMC Y LA GUERRA COMERCIAL

Desde el ingreso de la República Popular China a la Organización Mundial del Comercio, en el 2001, sus exportaciones se han ido incrementando en una tasa promedio anual de 13,5 por ciento, lo que representa el doble del promedio mundial.
La publicación de la OMC intitulada "Examen estadístico del comercio mundial 2020” , informa que en 2003 el porcentaje de las exportaciones de China eran de 5,9 por ciento anual, mientras que el de Estados Unidos eran 9,0 por ciento. Dieciséis años más tarde, en 2019, las exportaciones de China crecieron para representar el 13,6 por ciento del total mundial, mientras que las de Estados Unidos se mantuvieron en el mismo 9,0 por ciento.  
El Gobierno de China implementa la nueva Ruta de la Seda, que busca mayor conexión con economías emergentes, por medio de líneas ferroviarias, puertos, aeropuertos y carreteras que le harán ganar competitividad.
En un estudio del Consejo Nacional de Inteligencia (NIC, por sus siglas en inglés) del año 2012, se afirmó que China sería la primera economía mundial para la década de 2020. El NIC es el centro de pensamiento estratégico encargado de hacer valoraciones y pronósticos sobre asuntos internacionales para el presidente y altos funcionarios de EEUU.
China posee en la actualidad el 17% de los títulos de la deuda estadounidense que se encuentran en manos extranjeras. Es el mayor prestamista internacional de los norteamericanos y ocupa el tercer lugar en el ranking, justo después de la Reserva Federal.
Con el argumento de proteger a los productores nacionales de la competencia de los mercados chinos, Donald Trump llegó a la presidencia con su eslogan: Hagamos que EEUU vuelva a ser grande.
La primera acción comercial de la administración Trump fue el aumento de aranceles a los paneles solares y lavadoras.  Pero lo que marcó el inicio de la guerra comercial contra China fue el anuncio de Donald Trump, en marzo de 2018, de subir los aranceles del 25% a las importaciones de acero, y el 10 % a las importaciones de aluminio de algunos países, incluida China, con la finalidad de proteger su industria nacional.
China respondió en forma inmediata con una subida de aranceles de entre el 15% y el 25% a 128 productos estadounidenses.
Seguidamente se fueron suscitando medidas de parte y parte que fueron escalando, causando daños a la economía de ambos países, con ramificaciones en toda la economía mundial.  Esta guerra comercial también abarca a los avances tecnológicos en inteligencia artificial logrados por China, como el caso de su empresa Huawei, que es pionera en infraestructura 5G.
A finales de 2019, Trump y el mandatario chino, Xi Jinping, acordaron una tregua en su guerra comercial. En enero del 2020, China y Estados Unidos firmaron la primera fase de un acuerdo, pero muchos asuntos quedaron pendientes y se mantuvieron los aranceles por más de US$360.000 millones que el Gobierno estadounidense había impuesto sobre productos chinos.
Entonces se decretó una tregua y se contempló la posibilidad de que ambos países continuaran la negociación hacia una segunda fase, que pusiera punto final a la guerra.  Sin embargo, este episodio de distención se cruzó en el tiempo, con un nuevo motivo de fricción entre ambos países: la Pandemia del COVID 19.
La primera fase del tratado comercial entró en vigor un mes después de su firma, el 14 de febrero de 2020. Para entonces ya habían comenzado las medidas de confinamiento en China. A finales de ese mes se confirmaría oficialmente el primer caso de Covid-19 en Estados Unidos. Con la llegada del virus se reanudaron los ataques de Trump a China, ya no sobre sus prácticas comerciales, sino en el manejo de la enfermedad.
Con el paso de los meses, el número de casos, las muertes y el desempleo aumentaron, así como los ataques de Trump a China. El 24 de mayo de 2020, el ministro chino de Relaciones Exteriores, Wang Yi, acusó a Estados Unidos de llevar la relación entre ambos países hacia una nueva Guerra Fría.
En paralelo a la guerra comercial contra China, Estados Unidos ha venido impulsando una estrategia para debilitar a la Organización Mundial del Comercio; único foro de carácter multilateral para dirimir disputas comerciales.
Vale destacar la postura de Estados Unidos de querer imponer cambios institucionales entre los que se encuentra el Órgano de Apelación, que es la segunda instancia del Mecanismo de Solución de Diferencias.  Para forzar su posición, desde el año 2016, fue imponiendo un veto para cubrir las vacantes de los miembros que se iban generando en aquel órgano, hasta lograr su parálisis en diciembre de 2019.
Estados Unidos ha señalado que se debe redefinir el concepto de desarrollo dentro de la Organización. En oposición al hecho de que grandes economías emergentes como China, India, Sudáfrica, Brasil, entre otros, son considerados en la OMC miembros en desarrollo y, por ende, pueden ampararse bajo las disposiciones del Trato Especial y Diferenciado que, en algunos casos, les permiten la exención de disposiciones acordadas.

RETIRO DE ESTADOS UNIDOS DE LA
ORGANIZACIÓN MUNDIAL DE LA SALUD

La pandemia del Covid-19 pasó a ser el nuevo foco de conflicto entre Estados Unidos y China, con importantes implicaciones para la Organización Mundial de la Salud (OMS).
El 3 de abril de 2020, el vocero del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Hua Chunying, hizo público un comunicado en el que señala que es lamentable que algunos políticos estadounidenses, dedicados a difamar y a mentir, difundan acusaciones contra su país, poniendo la política por delante de la vida de muchas personas.
Debido a la naturaleza inédita del COVID-19, su detección, investigación, pruebas y confirmación requirió tiempo. China hizo todo lo posible para informar al mundo, y dar respuesta ante la pandemia.
Las acusaciones de Trump contra China se hicieron extensivas al Director General de la OMS, Doctor Tedros Adhanom, a quien acusó de encubrir a China.  También lo acusó de privilegiar a China por sobre Taiwán y amenazó con cortar los fondos a la OMS.
En abril de 2020, Trump anunció que suspendería la financiación que Estados Unidos le entregaba a la OMS, a menos que esta emprendiera "mejoras sustanciales".
La mayoría de los gobiernos, incluido el gobierno venezolano, han llamado a reforzar la unidad, la cooperación y la solidaridad internacional para hacer frente a la pandemia del COVID 19, y han apoyado a la labor de la OMS y su Director General.
El 6 de julio de 2020, Trump notificó a la ONU la salida de su país de la OMS, lo cual se hará efectivo el 6 de julio de 2021.
En el contexto de la pandemia del COVID-19, Rusia y China han anunciado al mundo que han producido una vacuna para combatirlo. Y que muy pronto estará al servicio de la humanidad. Una nueva victoria de la innovación microbiológica y de los avances científicos de esas potencias emergentes.

CONSTRUYAMOS EL SOCIALISMO DEL SIGLO XXI

Los plumíferos del neoliberalismo y sus amos imperialistas han querido imponer una tesis ilusoria, según la cual la democracia sólo es posible dentro de un Estado liberal-burgués. Un Estado que solo ofrece, aunque limitadamente, algunos derechos civiles y políticos a los ciudadanos y ciudadanas, en particular, el derecho al sufragio.
Presentan a la democracia representativa como universal. Pero esa “democracia” ha entrado en crisis, porque nunca tuvo como correlato la democracia participativa y protagónica, que no niega la representación, y forja un nuevo tipo de articulación social en el cual el pueblo es gestor de su propia historia.
Nuccio Ordine expresa que la hegemonía del mercado convierte a los hombres en mercancía y dinero. Manifiesta que: …este perverso mecanismo económico ha dado vida a un monstruo, sin patria y sin piedad, que acabará negando también a las futuras generaciones toda forma de esperanza.  Sus consecuencias son deletéreas sobre la dignitas hominis.
La batalla contra la dictadura del beneficio es necesaria si es que nos proponemos construir el socialismo del siglo XXI. Es perturbadora la insensata carrera hacia los territorios del beneficio egoísta. Su lógica socaba las bases sobre las cuales debe edificarse un ethos humanista.
José Ramón Heredia en su poema Canto al hombre biológico nos invita a crear, crear siempre, no imitar, ni copiar la naturaleza. Ese puede ser el lema de un verdadero revolucionario. No se puede permitir la imposición de valores y obligaciones, que corresponden a otras realidades.
El desarrollo natural se produce cuando el pueblo, como actor de la historia, experimenta la diversidad en función de sus intereses.
Para construir un mundo mejor hay que abrazar la utopía para superar las desigualdades e injusticias, que hoy caracterizan al capitalismo.
Herbert Marcuse ha sentenciado: Lo que es falso no es el materialismo de ésta forma de vida, sino la falta de libertad y la represión que encubre: reificación total en el fetichismo total de la mercancía.
En el siglo III de N.E., Longino en su tratado Sobre lo sublime explicó las causas que llevaron al ocaso del imperio romano. Él arguye: Ese afán insaciable de lucro que a todos nos infesta […] es lo que nos esclaviza […] La avaricia es, ciertamente, un mal que envilece.
El Socialismo del Siglo XXI debe ser venezolano, popular, democrático y, de suyo, inspirado en los principios superiores del humanismo.
El pensamiento ductor de Simón Bolívar, que giró siempre en torno a la libertad y la independencia; el legado filosófico-docente de Simón Rodríguez, en función de poblar la república de republicanos; la mirada universal de Miranda, quien soñó un continente con una sola patria; la visión igualitaria de Ezequiel Zamora; y el invaluable legado de nuestro líder eterno Hugo Chávez, constituyen fuentes de inspiración para edificar el Socialismo del Siglo XXI.
El humanismo representa el esfuerzo realizado por el ser humano a lo largo de la historia, para trascender la opresión, elevarse a través del conocimiento y salvarse mediante el amor al semejante.
Al escribir el Manifiesto Comunista, en 1848, Carlos Marx y Federico Engels hicieron una magistral síntesis del conocimiento humano más avanzado de su época: la filosofía alemana, el socialismo utópico francés y la economía clásica inglesa.
El Socialismo del Siglo XXI tiene que rescatar el pensamiento humano más avanzado de nuestra época. Por eso debe reivindicar el legado filosófico y político que justifica la epopeya humana de la libertad, de la justicia y de la igualdad.
El Socialismo del Siglo XXI debe inspirarse en las raíces libertarias, igualitarias y justicieras que emergen de la realidad venezolana, y de las luchas históricas de nuestro pueblo que se concatenan con las que, en otros espacios geográficos, adelantan pueblos hermanos del mundo.
Queremos construir un socialismo en el cual se garanticen los derechos humanos y las libertades fundamentales, consagrados en nuestra Constitución y en instrumentos de carácter universal, como el Pacto de los Derechos Civiles y Políticos, y el Pacto de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales, ambos aprobados por las Naciones Unidas, en 1976.
El Socialismo del Siglo XXI se propone superar en Venezuela las miserias del capitalismo. Un capitalismo subdesarrollado, fuertemente anclado a la salvaje globalización.
El Socialismo del Siglo XXI otorga primordial importancia a los valores éticos y morales. Busca el bien común mediante la superación de las carencias materiales y espirituales que afligen a nuestro pueblo.
Estimo que el Socialismo del Siglo XXI también debe incorporar el registro visionario de la poesía, siempre en trance para alejarse de lo inmediato, y comprender —desde la distancia del hecho artístico— el mundo que nos oculta la realidad formal.
Ahora me vienen a la memoria Vicente Gerbasi con su visión cosmogónica de la nueva patria y el trópico; Juan Sánchez Peláez con la íntima contemplación trascendental de su poética; Ludovico Silva legándonos la alegría de vivir In vino veritas; el chino Valera Mora cantando revolución y «amaneciendo de bala»; y Caupolicán Ovalles acompañando a Argimiro Gabaldón por las «Tierras del crepúsculo».
El Socialismo del Siglo XXI se gesta en Venezuela en el marco de un proceso revolucionario, de carácter democrático y pacífico.
Y pareciera un contrasentido hablar de revolución pacífica, cuando las revoluciones en la historia han estado marcadas por la violencia. Ya lo había señalado Carlos Marx: «la violencia es la partera de la historia».
El Socialismo del Siglo XXI que se edifica en Venezuela, sin embargo, utiliza métodos democráticos, pacíficos y constitucionales, creando las condiciones para que prele una cultura de paz.
Se trata de un socialismo de nuevo tipo.
Plantea el siglo XXI el reto de un nuevo renacimiento de la especie humana. El rescate del pensamiento utópico que condujo a la Comuna de París, a las revoluciones del siglo XX, para sembrarlo en el surco propicio de nuestro país que, en el pasado, conquistó libertades y ahora aspira consolidarlas.
El imperialismo y sus acólitos domésticos han recurrido, durante los veintiún años de Revolución Bolivariana, a la violencia y el terrorismo para tratar de impedir que el proceso revolucionario venezolano tenga éxito.
Por eso es indispensable que el pueblo y todas las instituciones del Estado democrático estén preparados para conjurar esas amenazas. De allí la absoluta necesidad de la alianza cívico-militar.
El Socialismo del Siglo XXI nos convoca. Es un gran desafío en éste tiempo histórico.
La meta más elevada del homo sapiens en la actualidad es hacer más humana la humanidad.