“ESTOS 50 AÑOS DE LUCHA TAMBIÉN SON 50 AÑOS DE DEFENSA DE UNA CONCEPCIÓN, QUE ES POR LA LIBERACIÓN NACIONAL RUMBO AL SOCIALISMO”
Intervención del profesor Carlos Pérez en el lanzamiento de actividades por el 50º Aniversario del 26 de Marzo, 24 de marzo de 2021

 

“Estos 50 años de lucha, son 50 años también en defensa de una concepción estratégica, 50 años en defensa de un camino hacia la toma del poder, hacia la revolución”, dijo el profesor Carlos Pérez, integrante de la Dirección Nacional del Movimiento 26 de Marzo, al intervenir en el acto de lanzamiento de actividades por el 50º Aniversario del 26, que se desarrolló vía streaming el miércoles 24 de marzo. Además de desentrañar la concepción y los objetivos políticos e ideológicos del 26 de Marzo, Pérez reivindicó “qué Organización y qué militante en esta concepción necesitamos” y habló de “un militante con inserción” en donde le toque actuar “con un trabajo serio, paciente, que sea un factor de unidad” y “que se transforme en referente, pero no por su verbalismo sino por su actividad práctica, concreta”. Transcribimos esta ponencia que usted puede volver a escuchar aquí:
https://archive.org/details/transmision-26-m-32kbps-22050-hz

“Buenas tardes, compañeros, es un enorme honor estar junto a ustedes dándole continuidad a esta lucha que hoy nosotros festejamos o conmemoramos nuestro 50 aniversario, pero que es una lucha aún más larga, de profundo raigambre artiguista.
Y estos 50 años de lucha, son 50 años también en defensa de una concepción estratégica, 50 años en defensa de un camino hacia la toma del poder, hacia la revolución.
Y la defendemos por un lado podríamos decir, del oportunismo de derecha, y por otro lado del oportunismo de izquierda, y esto también es un síntoma de que vamos por el buen camino.
Y la defendemos del oportunismo de derecha pues vaya si habremos escuchado que somos radicales, que somos ultras, y hasta nosotros mismos a veces nos ponemos ese rótulo, somos radicales, cuando en realidad nuestra lucha es por vivienda para el pueblo, por salario digno, por educación de calidad accesible a todo el mundo; por salud en este momento lo decimos por salud de calidad, gratuita para todo el mundo; por alimentos de calidad, accesibles también, para que no haya un niño con hambre en este país. O sea estamos peleando todas reivindicaciones que podemos encontrar en la Constitución actual.
Ahora, ¿cómo logramos esto si no es reivindicando un programa de liberación nacional? Un programa que tiene que hablar necesariamente de la nacionalización de la banca y del comercio exterior, del no pago de la deuda externa, de la reforma agraria -como decía la compañera Romy-, de sistemas únicos, públicos y estatales de salud y de educación, entre otra reivindicaciones. Porque no es posible la vivienda, no es posible el alimento, no es posible la educación y la salud de calidad para nuestro pueblo, si no empezamos y no avanzamos por este camino.
Entonces, no estamos hoy planteando un programa socialista, un programa que hasta el oportunismo pudiera calificar de radicales y la defensa de este camino incluye esta reivindicación de un programa, que no es más que un programa antiimperialista, un programa por la defensa de nuestra soberanía.
Pero por el otro lado, la defendemos del oportunismo de izquierda. Hemos tenido que defender nuestra concepción de los que nos han llamado históricamente pequeños burgueses. Porque esta concepción de liberación nacional rumbo al socialismo, esta concepción antimperialista, pone una clara línea divisoria entre el imperialismo y la oligarquía por un lado, y del otro lado el pueblo en general, las amplias masas formadas por todos aquellos sectores sociales y por todo aquel que de uno u otro modo esté explotado, oprimido por el imperialismo y por la oligarquía.
Entonces partimos de esta concepción estratégica, hay una premisa muy clara, podríamos enunciarla de esta manera: ‘la clase obrera sola no puede tomar un poder’. La clase obrera sola no cuenta con fuerzas suficientes para hacer la revolución, por lo menos deberíamos decir esto en los países dependientes como es el Uruguay.
Y ¿de dónde surgen estas ideas?
Dónde podemos rastrear estas ideas, que por supuesto no son exclusividad nuestra, podríamos decirlo son nuestras. Y bueno tiene antecedentes en los clásicos, podríamos rastrear estas ideas en Engels, cuando analizando las revoluciones alemanas en 1848 decía que la única posibilidad y lujo de esa revolución era la alianza del proletariado con el campesinado. Y que Marx después, analizando esas mismas revoluciones alemanas de 1848, ya plantea que -fue frustrado, fueron derrotadas esos levantamientos en Alemania en el 48- Marx plantea que una de las causas de esa derrota era que el proletariado no tenía  y ninguna organización independiente.
Tenemos que rastrear estas ideas también en Lenin, que ya en 1904, 1905, en esos primeros intentos revolucionarios en Rusia empieza a plantear que si bien esa revolución era burguesa por su contenido -discúlpenme voy a recurrir a lenguaje clásico, por decirlo de alguna manera- era burguesa por su contenido, pero que como el proletariado ya tenía una organización independiente y que como el motor de esa revolución eran el proletariado y la burguesía revolucionaria que no era más que la pequeña burguesía, el 80, 90% de la población rusa que era el campesinado revolucionario, pequeños productores del campo; que fruto de estas cosas la burguesía liberal formada por los grandes industriales y por los terratenientes, le daba la espalda a la revolución. Y ya empezaba a regatear y a conciliar -porque la burguesía en ese momento era los sectores medios- ya empezaba a negociar, a conciliar y a regatear con la nobleza, con la monarquía, con el zar.
Ya Plejanov que es célebre en toda esa época, ya se venía pasando del bolchevismo al menchevismo, y prácticamente también a la burguesía liberal, enfrentado profundamente a Lenin y en esa etapa cómo razonaba Plejanov, que son elementos muy importantes para nosotros en este momento: Partía de una premisa abstracta y quería sacar las conclusiones concretas tácticas de las premisas abstractas.
Y decía: ‘la revolución es burguesa’-porque habían debates en calificar si la revolución era burguesa o socialista-, Plejanov decía ‘la revolución es burguesa, por lo tanto la clase dirigente es la burguesía y por lo tanto, para no debilitar el campo revolucionario, decía, el proletariado debe unirse a la burguesía’.
¿Qué estaba planteado Plejanov entonces? Poner al proletariado revolucionario y a la burguesía revolucionaria campesina de furgón de cola de la burguesía liberal, que en ese momento ya había traicionado la revolución y se había puesto de negociaciones y de componendas con el zarismo, pretendiendo una monarquía constitucional y traicionando de esta manera el planteo de ese momento, que era un gobierno provisional revolucionario con una república popular, como se llamaba en ese momento.
Entonces ahí decían que si se dividía el campo revolucionario, se fortalecía el zarismo.
Y vamos a ver paralelismos en la situación actual.
Sin embargo, como dije, la antítesis del leninismo es partir de premisas abstractas que es la base del dogmatismo, y Lenin partía del análisis de la situación concreta y del análisis de clase. Lenin decía, ‘por lo tanto el proletariado organizado en alianza con la pequeña burguesía revolucionaria -fundamentalmente campesina en ese momento, pero también sectores de la pequeña burguesía urbana- son la fuerza motriz de esa revolución’ y que la burguesía liberal ya había traicionado la revolución.
Por supuesto estas ideas que ya empieza a plantear Lenin, que el proletariado incluso en aquel momento no tenía fuerza suficiente para esa revolución por sí sola, era su desarrollo teórico, lo vemos en el libro de ‘Lenin y el imperialismo’, en el ‘Documento a los Pueblos de Oriente’. Pero fundamentalmente tenemos que decir que la comprobación práctica y el mayor desarrollo de estas ideas, es la propia Revolución Soviética en 1917.
Por supuesto pasamos a América Latina y como dijo Romy, por supuesto con las particularidades de América Latina ya en el siglo pasado; tenemos que decir que la implementación práctica de esta concepción estratégica es la Cuba victoriosa de 1959 y 20 años después la Nicaragua de 1979.
Y también tenemos que decir que la comprobación práctica de esta concepción estratégica es la propia experiencia de nuestra Organización, que supo en la década del ’60 -vaya si se intenta desprestigiar esta historia con miles de autocríticas, libros escritos como que aquello no sirvió para nada-, sin embargo la comprobación práctica de nuestra Organización en la década del ‘60 que supo incorporar a la lucha a vastos sectores del pueblo incorporando a miles de estudiantes, de intelectuales, de pequeños propietarios de la ciudad y del campo.
Entonces sostenemos por convicción que es necesario incorporar a la lucha no sólo a la clase obrera, sino como decíamos, a los estudiantes, a los intelectuales y a los pequeños propietarios, que por supuesto por múltiples mecanismos también son oprimidos y explotados por el imperialismo.
Nos dicen “el mundo cambió”, porque estamos hablando de una concepción estratégica y de un programa del ‘71, de la década del ‘60, hay algunos dicen incluso que desaparece la clase obrera -y no queremos aburrirlos con algunos números-; pero es necesario intentar razonar porque este no es un tema que queremos agotar hoy, este tema va a estar en el seminario, en todas las conferencias que armemos, que siempre van a estar girando en torno a nuestra concepción.
Pero, veamos la clase obrera del Uruguay con estadísticas del BPS, las últimas que tenemos son del 2019.
Allí nos dice que en el Uruguay hay 200 mil empresas -números redondos- y la mitad, 100 mil, son unipersonales. Miren qué patrones, son unipersonales.
Otras 70 mil son microempresas, tenemos que aclarar que en el BPS se mide el tamaño de las empresas por cantidad de mano de obra que contrata y las microempresas tienen entre 1 y 4 trabajadores; por supuesto faltarían elementos, la rentabilidad de las empresas, no se sabe si son nacionales o extranjeras, etcétera, pero sirven estos datos para razonar sobre la clase obrera uruguaya al día de hoy.
Casi 30 mil más son pequeños empresarios; que en el BPS tienen entre 5 y 19 trabajadores.
Entonces grandes empresas de estas 200 mil que pudieran concentrar trabajadores, porque serían de más de 100 trabajadores, hay menos de mil empresas que concentran no solamente la mano de obra, sino las ganancias y la rentabilidad y se quedan con todo en este país. Menos de mil son los empresarios que acumulan, que podríamos ver otras estadísticas de la parte de la tajada de la torta que se están llevando.
Si pasamos a revisar el Uruguay de hoy, la clase obrera, el total -como dice el BPS- de cotizantes dependientes, que son trabajadores, son menos de 1 millón 300 mil (1 millón 258 mil); de los cuales públicos hay 252 mil, y privados algo más de 1 millón.
Ahora cuando uno quiere desagregar estas cifras a 800 mil, están en Industria y Comercio, en la Construcción algo más de 50 mil, Rurales algo más de 80 mil, y Servicio Doméstico algo más de 70 mil.
Ahora, cuando uno entra a Industria y Comercio -lo que hablábamos de términos clásicos y los sectores más combativos de la clase obrera- industria manufactura en Uruguay, 14 mil, de las cuales solo 175 empresas -hablando de industriales, de estos que están directamente en la producción material, que están directamente peleando contra los patrones, donde supuestamente sería el más combativo- 175 grandes empresas que de estas 14 mil empresas, no habría más de 80 mil trabajadores, siendo la gran mayoría parte de micro, pequeñas y medianas. Y que aparte estas empresas, que serían del sector industrial, la producción de material de los sectores más combativos de la clase obrera, se concentran mayoritariamente en la producción de productos para el consumo.
Acá no estamos hablando de alta producción, de producción industrial desarrollada, de gran capital; estamos hablando de producción de alimentos, de producción de vestimenta, producción de muebles, de cuero, de calzado.
¿Qué queremos decir con estas cosas?
Que el Uruguay es un país dependiente, subdesarrollado, donde prima fundamentalmente el sector primario, la pequeña producción de mercancías; y donde el sector industrial tiene menos de 80 mil trabajadores.
Alguien puede creer que con este desarrollo de la producción nacional, esta situación en la que se encuentra la clase obrera; donde tendríamos que poner otros elementos, elementos ideológicos y elementos de condiciones subjetivas, porque tendríamos que decir que no somos la Suiza de América sino la Inglaterra, porque el movimiento obrero -también debemos decirlo- hoy está controlado por el reformismo, y donde priman las teorías de la conciliación de clase. Entonces ¿en esta situación, podemos plantear nosotros que se puede formar, construir en el Uruguay el partido proletario marxista leninista puro que va a hacer la revolución socialista, estrictamente socialista con las exclusivas fuerzas de la clase obrera?
Nosotros creemos que no.
Y no estamos confundiendo la extracción de clase con la conciencia de clase.
Porque hacer la revolución puramente socialista -en términos clásicos y teóricos, como explicaba Lenin, que los estábamos citando ya en 1904- es la revolución de la clase obrera sola.
Y por eso, entre otras cosas y reitero no pretendemos abordar este tema, creemos en este camino de la liberación nacional, sumando a todos los sectores sociales que hemos nombrado, por supuesto dirigida por la clase obrera, por lo menos por los sectores conscientes y organizados políticamente, rumbo al socialismo.
Y acá entramos en el plano de las alianzas.
Y resumiendo -porque no vamos a poder abordarlo- pero la experiencia de los progresismos –que no todos los progresismos en América Latina han sido iguales, porque hay algunos que fueron progresistas, con una intención incluso hacia el socialismo revolucionario, podemos poner de ejemplo a Venezuela, a Bolivia, claramente progresistas y antiimperialistas a diferencia de los otros.
Ahora, ¿estas experiencias frustradas para nosotros, estos progresismos que claudicaron, niegan las necesarias alianzas, condenan las alianzas y nos hacen ver que solamente con puros marxista leninistas, proletarios, vamos a hacer la revolución?
Nosotros creemos que no. Que el problema no son las alianzas en general, las alianzas son profundamente necesarias para el camino de la revolución social y de la toma del poder. El problema en las alianzas es quién las dirige, qué rumbo tienen, debiéramos decir capaz, que hoy el Frente Amplio es un partido pequeño burgués -por lo menos- por no tener intención revolucionaria socialista; que es alianza de sectores medios y pequeños burgueses por la burocracia sindical, y que esa alianza la burocracia sindical en el movimiento obrero, aliado con la pequeña burguesía pone de furgón de cola al movimiento obrero y a la pequeña burguesía, que a su vez se inclina de rodillas ante el gran capital.
Entonces es una alianza que sirve para poner al movimiento obrero y a la pequeña burguesía al servicio del gran capital, que es la raíz profunda de la claudicación del Frente Amplio.
Y ya nos llamarán a nosotros para que apoyemos al Frente Amplio, para “no dividir” la izquierda en las próximas elecciones porque puede triunfar la derecha. Como le decían a Lenin, que había que poner al proletariado detrás de la burguesía liberal porque si no de otra forma, se debilitaba el campo y la revolución, mientras la burguesía liberal había claudicado y ya estaba del lado del zar, como hoy el Frente Amplio ya está del lado del gran capital.
Y por eso -y terminando- para nosotros la Unidad Popular es un espacio que reivindicamos, es un espacio necesario de lucha política, es el espacio antiimperialista y antioligárquico, con un programa de liberación nacional rumbo al socialismo, donde tienen lugar estudiantes, intelectuales, pequeños y hasta podríamos animarnos a decir que hay algún mediano propietario, de la ciudad y del campo, en una alianza amplia por supuesto de todos estos sectores, pero con una clara dirección de liberación nacional rumbo al socialismo.
Queríamos abordar otros temas de qué organización y qué militante en esta concepción necesitamos.
Un militante con inserción en el barrio, en el trabajo, en el estudio, serio, con un trabajo serio, paciente, que sea un factor de unidad allí donde está, y no de división. Que se transforme en referente, pero no verbalista no por su verbalismo sino por su actividad práctica, concreta, no paternalista, al servicio de las luchas populares y de la gente; organizador, siendo consciente que contribuya a elevar la conciencia de los trabajadores, de la gente, del lugar donde esté. Que contribuya a unir los problemas particulares de la gente con los problemas generales y en este modelo que condena a los trabajadores a los salarios de miseria, las jubilaciones de miseria, a no tener vivienda, al alimento caro, etcétera, a la salud, como estamos hoy.
Un militante que estrechamente unido a la Organización se vaya uniendo estrechamente también al pueblo, a su barrio, a sus compañeros de trabajo.
Terminando con esto, compañeros, no vamos a agotar estos temas, queremos plantearlos en los seminarios, en las conferencias que van a ir abordando todo esto con sus panelistas destacados, que por supuesto van a tener más claridad y más profundidad, pero no queríamos dejar pasar esta oportunidad para plantear que estos 50 años de lucha también son 50 años de defensa de una concepción que es por la revolución, que es por la liberación nacional rumbo al socialismo.”