“Crecí en el litoral uruguayo, en una geografía en que el horizonte era un vasto mar de redondas lomas, como disformes y verdes caparazones de tortugas; de ríos, cual colosales lampalaguas, de una fluida y brillante claridad. Allí, en donde el hombre vive la mitad de su vida a caballo y la otra mitad en la canoa”.
“Exaltaban mi mente infantil, el balido de la hacienda y el sincopado redoble de los cascos de la bagualada cimarrona. Me rodeaba un mundo de lunas, como rodajas de piñas maduras, y de soles que eran brasa entibiando el alma henchida de brotaciones impalpables, sonoras y dulces” .
“Esas lentas vibraciones, que hacían del corazón una ramita cimbreante, llena de espejismos incomprendidos, pero tan hondos. Vivíamos, en ese entonces, en una de las tantas cabañas ganaderas que José Elorza poseía al norte del Río Negro”.
Lo anterior, son los primeros párrafos incluidos en la primera parte de “El Canto elegido. Aníbal Sampayo” de Ediciones Cono Sur Press, impreso en marzo de 1985 en Suecia.

En el libro, es el propio Aníbal Sampayo que narra parte de su vida de autor, interprete, militante político que sufriera la prisión política y el exilio por su participación en lucha por la liberación nacional y el socialismo en nuestro país.
Aníbal Sampayo también realizó trabajos de investigación musicológica. El primero de ellos lo tituló “Nuestra canción del Litoral”. El mismo fue publicado por primera vez en el suplemento folclórico del diario “El Debate” de Montevideo, en febrero de 1966.
El segundo trabajo fue escrito quince años después y en él se abarca, con espíritu latinoamericano, algunas de las aristas fundamentales que pautaron en la década de los 80 el trabajo de los músicos populares en América Latina. Este trabajo fue escrito especialmente para el II Encuentro de la Nueva Canción, realizado en 1983.
El libro “El canto elegido. Aníbal Sampayo” también contiene una selección de letras de canciones del destacado autor.
Desde este espacio iremos publicando materiales contenidos en la mencionada obra.
Anibal Domingo Sampayo Arrastúe, nació el 6 de agosto de 1926 y murió el 9 de mayo de 2007 en la misma ciudad.
Canto y conciencia
Hacia 1955, la música de proyección folclórica cobra en Argentina un auge inusitado, traspasando fronteras e influyendo en países vecinos, como Uruguay y Chile. El público acompaña con un auténtico fervor y clamorosa acogida, a los artistas del canto criollo.
Los que en un tiempo fueron llamados despectivamente “cabecitas negras”, pasan entonces a ser estrellas rutilantes en el mundo artístico rioplatense . Los Froterizos, Los Chalchaleros y Atahualpa Yupanqui, entre otros, cobran elevado cachet por sus actuaciones . Aparecen desde Salta poetas de la talla de Jaime Dávalos y guitarras de la dimensión de Eduardo Falú.
La discografía abarrota las casas de música. Un disco suplanta a otro en una veloz carrera contra el tiempo, que no siempre daba chance para madurar como era debido tan exhuberante cosechas de zambas, chacareras y litoraleñas. Por primera vez los compositores cobran abultadas sumas por sus derechos de autor, después de muchos años de no recibir un solo centavo por ese concepto.
Los festivales en todo el país comienzan a volverse una locura colectiva. Las empanadas y el vino son obligados artículos de consumo. Ponchos, bombos y aludos sombreros salpican de vivos colores las calles del interior y los pueblos serranos y hasta el propio Buenos Aires es invadido por la pintoresca y avasallante ola de canto popular nativo, Es así que en la hermosa serranía cordobesa , a pocos kilómetros de donde se encuentra el mojón que demarca el epicentro mismo de la Argentina y que señala, además, que tanto La Quiaca como la Antártida, y el río Uruguay como la cordillera de Los Andes, se hallan de allí a la misma distancia, se funda, en el 61, el Festival Nacional de Folklore de Cosquín , el más importante del mundo con esas características.
Hacia allá partimos, entonces, invitados por la comisión organizadora que integraban-entre otros vecinos- los médicos Wisnner y Sarmiento, conjuntamente con el cura del lugar. Comenzó el festival con unas cuatrocientas personas, la mayoría de ellas gente de la zona. Muchos caballos, mulas y burritos atados a los palenques y varios puestos de ventas de comidas típicas y de artesanías lugareñas.
El escenario había sido levantado en el centro de la plaza pública, a un costado de la ruta nacional, y tenía mucho de parecido con los tablados del carnaval uruguayo. Allí estábamos los pioneros del que más tarde sería el primer escenario del canto nativo argentino. Lo prestigiaban la presencia de Jaime Dávalos, Atahualpa Yupanqui, los Hermanos Albarracín, Bustamante y el compadre Florencio López, entre muchos otros que le pusieron el hombro a la esperanza de unos pocos vecinos y de un pueblo que había sido olvidado por el turismo nacional.
Era lindo, auténtico, tenía calidez de familia grande y unida; las canciones brotaban de las gargantas con el justo sabor de lo nacido en las entrañas mismas del paisaje y del hombre argentino. Nos amanecíamos cantando y guitarreando, hasta que el sol coronaba la punzante cumbre del Pan de Azúcar.
Seguí por varios años consecutivos concurriendo a Cosquín y algunas veces fui honrado para participar en calidad de jurado en la selección de nuevos valores. Pero a mi entender ya en el 69 el Festival estaba más influenciado por las multinacionales como Phillips, que por los propios vecinos que vecinos que lo fundaron. Los militares rondaban y aconsejaban, por no decir imponían, algunas cosas, dando comienzo entonces, al manipuleo y a la discriminación ideológica de los cantantes.
El último domingo de enero de 1969 , me correspondió la primera entrada en la Cadena Panamericana de Radio, en los espacios más importantes, es decir entre las 22 y 24 horas, Cuando me dirigía hacia el escenario el hombre que estaba a cargo de las plantillas de los repertorios , se me acercó y me preguntó:
-Eso que usted va a cantar, Patrón, que es?
-Una milonga, le contesté.
-Si, pero de que se trata?, insistió.
-Ah, ahora cuando la escuche lo va a saber, le respondí.
En esos precisos instantes Julio Marbiz, anunciaba al público mi presentación. En mi segunda entrada a escena, ya no me permitieron actuar. Fue la última vez que participé en Cosquín…..
PATRON
Esta canción es un grito de alerta para los latifundistas dueños de la tierra y de la banca. Paysandú, febrero de 1962.
Patrón, esa sombra que tirita tras sus reses, huella y harapo, comiendo a veces. Patrón por sus intereses, ahí va su peón.
Patrón, esa sombra que levanta sus galpones sudor trenzado con otros peones, Patrón por sus ambiciones, ahí va su peón.
Patrón, esa sombra carne al sol que le rotura con sueldo enano, su tierra oscura, Patrón y que usted disfruta, ahí va su peón.
Patrón, esa sombra como un nuevo Cristo que anda piedra en el pecho, cruz a la espalda, Patrón y tosiendo rabia, ahí va su peón.
Patrón una sombra y otra sombra hacen tormenta y el vendaval no tiene riendas, Patrón no hay quién lo detenga, ahí va su peón.
Patrón si esa sombra en luz estalla y ve que avanza como una aurora y en su garganta , Patrón , se le vuelve daga, ese es su peón.

