InicioDestacadasTres mil policías isralíes en Jerusalén durante el inicio del Ramadán

Tres mil policías isralíes en Jerusalén durante el inicio del Ramadán

Un contingente masivo de la policía israelí bloquea los accesos a la Ciudad Vieja de Jerusalén, limitando el paso de fieles palestinos a la mezquita de Al-Aqsa/EFE

El despliegue represivo en torno a la mezquita de Al-Aqsa y las nuevas restricciones de acceso elevan la tensión en los territorios palestinos ocupados.

Más de tres mil policías israelíes, con apoyo de la Guardia de Fronteras, patrullan este viernes 20 de febrero Jerusalén y sus alrededores en un masivo operativo por el inicio del Ramadán. El masivo despliegue se concentra en los accesos a la mezquita de Al-Aqsa y las rutas desde Cisjordania ocupada, en lo que el ejército califica como un periodo de “alta tensión”.

Estas acciones buscan ejercer un férreo control sobre el flujo de fieles palestinos hacia el recinto sagrado en un clima marcado por la continuidad del genocidio en la Franja de Gaza y la violencia diaria contra la población originaria en territorio cisjordano.

Las autoridades de ocupación han implantado una tarjeta magnética especial para quienes transiten desde Cisjordania ocupada, estableciendo controles estrictos cerca de sus lugares de residencia. Quienes no regresen tras las festividades serán objeto de sanciones inmediatas, una medida que incrementa la presión sobre la población civil. Se prevén fuertes fricciones en pasos estratégicos como Rahel y Qalandia, donde históricamente se producen enfrentamientos por las limitaciones impuestas a la libertad de culto.

Bajo el mando del ministro extremista Itamar Ben Gvir, la policía intensificó las redadas en actos culturales palestinos y aceleró las demoliciones de viviendas en Jerusalén Oriental. Organizaciones locales denuncian que estas acciones buscan erosionar la identidad palestina en la ciudad. Al mismo tiempo, las fuerzas de seguridad han permitido a activistas judíos introducir elementos de oración en Al-Aqsa, una violación directa del statu quo que rige el sitio religioso.

En el primer día de las festividades, los uniformados allanaron y clausuraron el Centro Comunitario Burj Al-Luqlug en la Ciudad Vieja, alegando supuesta financiación de la Autoridad Palestina. Estas incursiones se extendieron hasta el interior de la mezquita, donde se alteraron los horarios de apertura para favorecer la entrada de grupos judíos. Analistas internacionales consideran que estas medidas representan una provocación deliberada contra la comunidad musulmana en uno de sus periodos más sagrados.

La gestión de Ben Gvir es blanco de duras críticas, siendo calificada incluso por medios locales como una política centrada exclusivamente en la confrontación. El aumento de la violencia en Jerusalén se vincula directamente con una estrategia de hostigamiento que incluye órdenes de alejamiento masivas contra fieles palestinos. Esta política de «mano dura» es vista como un intento de desestabilizar la región y consolidar el control colonial sobre los lugares de culto en la ciudad ocupada.

El clima de inseguridad alimentado por las fuerzas israelíes pone en riesgo la integridad de miles de personas que acuden a rezar este viernes. La comunidad internacional observa con preocupación cómo la militarización de Jerusalén socava cualquier posibilidad de calma durante el Ramadán. Mientras las restricciones se endurecen, la resistencia palestina reafirma su derecho a permanecer en su territorio y a defender sus espacios sagrados frente al asedio constante del régimen de ocupación.

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