Tras un año de pausa, el emblema de la Música Popular Uruguaya se reencontró con el público montevideano
El pasado domingo 12 de abril a las 19:00 horas la cantautora Vera Sienra volvió a decir «Nosotros, en presente» en una de las principales salas de la capital. El título nació en pandemia, y la fórmula en esta edición 2026 tiene su complemento; la cantora había adelantado en febrero a Radio Centenario que se mantendría el rótulo original, hoy sabemos que «Arriba los que aman», la máxima del legendario titiritero fundador de Gira-Sol Gustavo «Tato» Martínez se instaló y creó este conjunto, que define todo lo que el espectáculo quiere defender en la coyuntura actual.
En los camerinos, el panorama antes de salir al escenario es el de una familia que se apronta para salir a una fiesta. Esta impresión se sostiene en el hecho de que, por ejemplo, el guitarrista Eduardo Yur lleva 42 años al lado de Sienra, y que todos los músicos: Gabriela Morgare, Colomba Biasco, Sara Petrocelli, Andrea Diez, Gustavo Di Landro, Guzmán Escardó, Carlos Gómez y Matías Bertinat, se reúnen hasta cuando no hay una presentación próxima en la casa de la cantora, en Punta Carretas, que hoy comparte junto a su compañero, el periodista y productor del espectáculo Jorge Pasculli; se reúnen no solo a ensayar sino a comer, a conversar, a compartir, a decir «nosotros».

Entre el público se hallaron figuras como Ignacio Suárez, Myriam Gleijer, Samantha Navarro, Mónica Navarro, Gastón Rodríguez, entre otros. Si hay una palabra que para Vera representa la comunicación entre los seres humanos es “ánimo”. Apoyada en su bastón, apenas se hizo distinguible su figura en el escenario la ovación resonó en toda la sala, y, como si de encontrarse con un amigo se tratara, la cantora exclamó con una sonrisa “pero…”. Al terminar de acomodarse en su silla al centro del escenario afirmó “Con el ánimo de ustedes y el ánimo de nosotros, esto va a ser una fiesta”.
Mientras los aplausos mermaban Vera agarró su guitarra y comenzó a interpretar “Junto al cristal”, de su primer larga duración de 1969 “Nuestra soledad”. Una canción de la adolescencia; Vera dijo en su entrevista con La 36 que eran “canciones hechas entre los 15, y los 17, 18 años”.
“Ahora esta otra canción, que fue el primer amor”, dijo sin dejar de tocar y pasó directo a “Si tiene final”, otro tema de ese primer disco en colaboración con Eduardo Mateo. Después de los aplausos, Vera confirmó que “empezó el recorrido”, y recitó completo el poema de su autoría que sintetiza otra de las afirmaciones que hizo en febrero entrevistada por La 36: “el tránsito es lo que a los niños nos interesaba (…) desde la óptica del adulto, desde el niño interior que hay que conservar y que hay que seguir adelante con él, que no se deprima, que no desaparezca”.
Yo soy una niña en un cuerpo viejo
por eso no juego a mirarme al espejo
Yo soy una niña cuando estoy alegre
Confío que el cuco de mí no se acuerde
Recitaba de memoria la cantora de 78 años en entrevista con Nudo sobre Nudo, el programa cultural de La 36. Esta estrofa es la que empieza y termina el poema, y ese último verso conmovió a la sala entera. “¿Están de acuerdo con esta confesión?”, preguntó Vera y la respuesta fue un multitudinario “sí”. “La forma de entusiasmarse por la vida es tener un poco de infancia dentro del corazón”, dijo y comenzó a llamar a su grupo uno a uno.
Colomba Biasco fue la primera, más de 20 años al lado de Vera, recuerda admirarla desde el comienzo de su carrera y la vez que coincidieron en un espectáculo y desde entonces trabajan juntas. Ya respaldada por sus músicos y coristas, la cantora explicó “la ausencia de Erika Busch, en el camino hasta esta fecha se agarró una cosa muy fuerte de salud, nos conmovió a todos y nos movió el piso, y decidimos hacer una canción de ella, que vamos a cantar todos”. Asimismo, Vera mencionó a la productora Marcela Massia, a Patricia Kangruel encargada de la logística “qué importante es tener a alguien que te permita desplazarte”, y al cocinero “de todos los jueves”, Jorge Pasculli.
Y con banda completa se cantó “Arriba los que aman”. A los primeros acordes de Escardó y el pulso de Bertinat comenzó la canción, y a partir del primer estribillo se incorporó el resto. Cuando se va a ver a Vera Sienra y su grupo se tiene la certeza de estar ante un ensamble; todas las piezas importan. No es solo afinación, es sentimiento, no es solo virtuosismo, es oficio y ensayo, y todo está presente.
“¿Es así no? En esta época”, dice la cantora sobre el eslogan e inicia el periplo con una canción muy hermosa, titulada “Canción añil para Emi”, de Silvia Escarlato y Francisco Rodríguez. Este tema fue Vera y Eduardo Yur solos. De los tres guitarristas: Yur, Gómez y Escardó, Yur es el más íntimo, acaso el más clásico, el más minimalista, y esto es todavía más claro cuando acompaña a Vera. Poca mano derecha y mucha mano izquierda; la nota justa, el arpegio justo para que la voz brille y la guitarra nunca deje de tener bien claro su rol de acompañante. La evidencia de los años transcurridos.
En cada canción Vera aprovecha las secciones instrumentales para cerrar los ojos y simplemente disfrutar. “Las mujeres también somos puentes para que los niños lleguen, para que nuevos seres humanos lleguen al mundo. Ahora recordando una canción que se llama ‘Las ventanitas’, una canción que muestra distintas ventanas, y es un poco la casa verdadera y la casa fantasiosa”.
Comienza nuevamente Yur con Vera, y poco a poco el acordeón de Di Landro se suma, Bertinat apenas sugiere el tempo con los platillos. Del larga duración “Canciones infantiles” (2006), es una de las composiciones expresamente para niños más conocidas de la cantora, y cada detalle está cuidado en su interpretación.
“Y aquí viene la canción tan hermosa de Erika Busch, es una canción que ella hizo en homenaje a las aves de nuestro país, esas que cantan cuando levanta el sol y cantan cuando se oculta, esos pajaritos que son la música de nuestro país. Y ella iba a contar una anécdota que como ella no está voy a contarla yo. Haciendo la canción estaba revisando sus frases y encuentra en una tarjetita que decía “De Fernán Silva Valdés escrito por la mamá: el día que yo nací nacieron todos los pájaros, y es por eso que a mi boca bajaron todos sus cantos”. La gente aplaude ante esta anécdota, Vera deja a sus compañeros y Carlos Gómez comienza a tocar y cantar. Una voz que destaca por la expresión y no por el engolamiento. Colomba toma la voz principal y Sara y Andrea realizan los coros, sutiles. Se vuelve a la estructura de “menos a más”, que, por la naturaleza de las composiciones en ningún momento se hace redundante. Los sonidos de cantares y aleteos de pájaros no son un adorno sonoro; es parte del homenaje. “Cantores del aire en mi verde jardín, cantores del aire en mi hermoso país”, cantan Díez y Petrocelli, y Erika Busch está presente desde la canción.
“Me aceptarán como quien transita en las canciones, porque soy responsable del guion del espectáculo. Gustavo trajo una canción homenaje Al Agua, y así se llama”. Es el momento de Gustavo Di Landro, quien canta y toca el acordeón, acompaña Escardó a la guitarra, y Petrocelli con el efecto de “palo de lluvia”, ese tubo que, relleno de arroz se convierte en un instrumento. Nuevamente cada pieza en su lugar; el que Vera abra la puerta a momentos protagonizados por sus compañeros (en los que evidentemente aprovecha para descansar) puede llegar a ser riesgoso, sin embargo es tan alto el nivel de cada miembro que estos momentos no pierden riqueza, sino que despiertan el interés del público. Continúa “Por un rayo de sol”, también parte de “Canciones Infantiles”.
Prosiguió Colomba Biasco con una canción titulada “El Rojo”, que, según contó Vera “mis primos hermanos cuando eran chicos se ponían rojos de bronca, y les daba enojo ponerse rojos, y de esto se trata”. Otra canción clave para la propuesta de ver la niñez desde la mirada adulta. Este carácter del espectáculo es fundamental; Vera Sienra no se propone un show para niños, quiere que los adultos vean al niño que fueron. Con el ambiente ya concebido en la actuación de Colomba, viene una parte del espectáculo en la cual nuevamente se tomó un gran riesgo. “Ustedes, los adultos, los que fuimos niños, saben lo que es la imitación, las comparaciones, vos no sos como fulano que estudia mucho, el tema de las comparaciones siempre molestó, entonces decidimos que Gaby (Gabriela Morgare), con su serenidad en el tango, cante ‘Comparando’ ahora”.
Lo que vino de parte de Morgare y Yur fue un número que trascendió a lo teatral. Excelente dinámica entre ambos; ella interpreta a la niña que se compara y se enoja, Yur es el músico que le toca acompañar el momento de berrinche. En un momento Morgare hasta golpeó la guitarra de Yur, lo cual consiguió el efecto deseado: subir el tono, llegar a una cumbre de tensión.
Aquí las probabilidades para que la dinámica se fuera para cualquier lado eran muchas, sin embargo el equilibrio y la confianza palpable que hay entre los dos resultó en uno de los pasajes más memorables de la noche fuera de las actuaciones de Vera, quien retomó en las próximas canciones donde se intercalaron además recitados de poemas con ambiente de guitarra a cargo de Yur.
Es destacable la lectura de la “Carta de Cesar”, un niño de ‘contexto crítico’ que, ya adulto, escribió a su maestra para agradecerle todo lo que hizo por él. Emotivo, íntimo, una historia real inserta en la estructura del concierto. Asimismo la interpretación del tema “Menos vos”, de Rubén Olivera, también presente en el público, una canción a los niños parias, un candombe de Hugo Fattoruso y Mariana Ingold que integró el repertorio y permitió a la sala marcar la clave con el cuerpo, y la interpretación de Sara Petrocelli de Milonga de Pelo Largo, una canción con la que se homenajeó al maestro Gastón “Dino” Ciarlo, “Sara empezó cantando en su adolescencia esta canción, en ese momento Dino tuvo que irse del país, porque se traicionaron los sentimientos, la juventud, sus ideales y su confianza en el futuro, y Milonga de Pelo Largo se convirtió en un himno”. Destacable la armónica cromática de Escardó, la batería surgente de Bertinat, los armónicos en guitarra de Carlos Gómez y Yur, y los coros de Colomba al final.
Los bises fueron espontáneos, y la sala Zitarrosa se sintió como una casa de puertas abiertas. Antes de terminar hubo un tributo que es menester: Bertinat ayuda a Vera a recordar la siguiente frase de don Alfredo Zitarrosa. “Hoy me duele la vida, hoy me siento muy responsable de vivir”. El cierre fue con la canción de Carlos Gómez en homenaje al cantor de los orientales “La voz que cantó algún día”, de esta manera la cantora y su gente saludaron al público, protegidos por la guitarra negra, y el regreso ya es residencia; el regreso nunca fue, Vera Sienra nunca se fue, solo volvió a decir presente.
En un comunicado de prensa emitido horas después del evento, la producción del mismo aseguró que «la noche fue testimonio de la comunión de un Encuentro, de la vigencia de Vera, de su capacidad de conmover y de recordarnos que la música cuando nace del corazón se convierte en un faro en medio de la incertidumbre».

