Cuba, una pequeña isla que no representa ninguna amenaza, afirmó el Canciller cubano.
Bruno Rodríguez alerta sobre un posible baño de sangre ante una agresión de EE. UU. a Cuba, una nación que jamás ha amenazado a Washington.
El ministro cubano de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez Parrilla, advirtió sobre las consecuencias de una agresión militar del gobierno de Estados Unidos, la cual provocaría una verdadera catástrofe humanitaria y un baño de sangre.
Desde X, el diplomático señaló el peligro para la vida de ciudadanos cubanos y estadounidenses, un escenario promovido por políticos que «no envían a sus propios hijos o familiares a las guerras», aseguró.
La denuncia enfatiza la falta de pretextos para que la administración de Donald Trump agreda militarmente a una pequeña isla incapaz de representar amenaza alguna.
Esta hostilidad responde únicamente a la pretensión de sectores específicos de cambiar el sistema político o el gobierno de la nación caribeña mediante la fuerza, sostuvo.
El martes, el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, también confirmó la inexistencia de acciones ofensivas contra la seguridad nacional de Estados Unidos provenientes de la isla en más de seis décadas.
También desde X, el mandatario subrayó la contribución de La Habana con Washington para preservar la seguridad frente a delitos transnacionales, colaboración documentada y reconocida por agencias de EE. UU. en administraciones previas.
Díaz-Canel contrastó esta postura con la realidad histórica de las agresiones recibidas por la nación. «Contrario a cualquier amenaza hacia Estados Unidos, Cuba ha sido objeto de incontables acciones ofensivas desde ese territorio, en todos estos años de Revolución, que han dejado miles de cubanos heridos y muertos», denunció el jefe de Estado ante las presiones de la Casa Blanca.
El mandatario cubano aseguró el trabajo firme del país para enfrentar con serenidad las amenazas procedentes de territorio estadounidense hasta las últimas consecuencias.
Mientras la administración de Donald Trump mantiene su retórica de presión, el gobierno cubano insiste en la seguridad de su territorio, el cual no constituye un peligro para la potencia norteamericana ni para sus aliados regionales, como «Israel».
La Habana ratifica la inutilidad de la política de confrontación, útil solo para intereses minoritarios interesados en destruir la soberanía nacional.
El presidente cubano enfatizó la defensa continua de la integridad frente a las medidas coercitivas y los planes de intervención militar promovidos desde Estados Unidos para subvertir el orden interno.

