Jorge Cafrune.
Donde la luna cayó
sobre el verde de la pampa
nació un manojo de coplas
como el juncal de su barba
El 31 de enero de 1978, en un cruce de la ruta 27 en Pacheco, provincia de Buenos Aires, la muerte a velocidad vertiginosa emboscó traicioneramente al jujeño cantor Jorge Cafrune. La camioneta que asesinó al “Turquito”, era conducida por un tal Héctor Emilio Díaz, empleado a las órdenes del conocido y tristemente célebre José López Rega. Este criminal sujeto , fue quién ordenó el asesinato de Cafrune, desde el cubil sangriento de Stroessner en el Paraguay.
Porque el accidente carretero en el que perdió la vida nuestro querido amigo Jorge, fue en realidad un atentado de la organización paramilitar Triple A, cuyas declaraciones de uno de sus funcionarios , Salvador Horacio Paino , ponen en claro el misterioso caso. Nos encontrábamos en la cárcel, el internacionalmente famoso penal de Libertad, cuando recibimos el doloroso impacto. Eramos amigos entrañables con el “turco” y nos conocimos en el segundo Festival de Cosquín, a donde recién llegaba, pidiendo permiso, para hacer conocer su voz. Nos estrechamos la mano por primera vez y ya nuestra amistad quedó consolidada por años de mutua admiración y respeto, y porque nos unió una fuerza indestructible, la del canto. Por eso entre coplas y anécdotas te voy a ir recordando, hermano Jorque Cafrune.
Por dónde andarán tus manos
desvelando las guitarras
con esa dulzura antigua
de santiagueñas vidalas.
Uno nunca sabía por dónde andaba Jorge, era un incansable andariego, tenía una sed enorme de caminos, de paisajes, de abrazos, de coplas, de vinos y se dejaba atrapar por la noche en la telaraña azul de las guitarras, hasta amanecer cosechando amigos y canciones, que él desgranaba por los vientos como nadie, con esa virtud natural que tienen los elegidos por la simpatía popular.
Los senderos lo llevaban y traían, y como el guijarro que acuna el fondo del río, lo pulían, y le encendían la sonrisa con la luminosidad de cada nueva canción que recogía en las alforjas de su inagotable voz. Por eso cuando se fue, la copla se vistió de luto y anduvo errante, por el corazón de sus amigos y de su pueblo.
Inconsolable guitarra
dolorida flor del monte
se echó a llorar en el río
navegando con tu nombre.
Jorge poseía un espíritu envidiable y un humor que era un duende siempre dispuesto a toda clase de chanzas y diabluras y al igual que su fuerza física , lo sacaba a relucir en cualquier tiempo y lugar. En uno de los festivales de Cosquín , la comisión del Festival con el propósito de distraer a los turistas, realizó una carrera de burros –por supuesto con gente arriba-, en donde participaron entre otros, dos de sus fundadores , el Dr. Sarmiento y el cura de la localidad coscoína.
Hubieron apuestas entre el público y cuando llegó la hora de la partida, todo el mundo estaba pendiente del acontecimiento. Largaron la carrera, algunos asnos no estaban dispuestos a ser el hazmerreír del pueblo y se encabritaron tomando por trillos desconocidos y otros simplemente se negaron , sin que garrote ni petardos encendidos fueran capaces de hacerles dar el más mínimos paso hacia adelante. Entre los que quedaron en carrera, iba uno que llevaba un cuerpo de ventaja sobre el más próximo, y lo montaba el cura….
Aníbal Sampayo.
Primera parte. Tomado del libro El canto elegido. Aníbal Sampayo. Edicones Cono Sur Press.1985.

