Desde Radio 36 Centenario no olvidamos lo que ocurrió, antes, durante y después de la última dictadura cívico militar en Uruguay con cientos de compatriotas que fueron detenidos, torturados, asesinados y desaparecidos.
RODRÍGUEZ DUCCOS, Carlos Ernesto. Muerte: 26/8/72. Nació el 28 de diciembre de 1941 en Montevideo. Era electricista y mecánico, militaba en el Movimiento de Liberación Nacional – Tupamaros (MLN-T).
PIAGGIO BATELLI, Carlos Enrique. Muerte: 26/8/72. Nació el 27 de febrero de 1952 en Montevideo. Estaba vinculado al Movimiento de Liberación Nacional – Tupamaros (MLN-T) y militaba en el Movimiento de Lucha por el Trabajo (MLT).
PÉREZ BUSTAMANTE, Juan Carlos «Nonó». Muerte: 26/8/72.
Nació el 4 de enero de 1952 en Montevideo. Era estudiante de preparatorios y empleado de Barreiro y Ramos. Estaba vinculado al Movimiento de Liberación Nacional – Tupamaros (MLN-T) y militaba en el Movimiento de Lucha por el Trabajo (MLT).
Según consta en la Secretaría de Derechos Humanos para el Pasado Reciente: A las 2.00 horas de la madrugada del 26 de agosto de 1972 las Fuerzas Conjuntas realizan un operativo de detención en un “rancho” de la cooperativa agraria experimental de Villa Sarandí. En éste estaban un miembro del M.L.N.-T. (Carlos Rodríguez Duccos) y otros militantes sociales. El operativo comenzó con la orden de que salieran y desde adentro,
Rodríguez Duccos responde con un tiro. Los relatos posteriores señalan que se produce una fuerte balacera y que son lanzadas bombas de gas lacrimógeno hacia el interior de la finca, saliendo los que estaban dentro por una ventana e intentando huir hacia el campo.
Eduardo Rossi, fue detenido al pretender escapar, otras tres personas cuyos nombres se desconocen, lograron huir. Carlos Piaggio Batelli, Juan Carlos Pérez Bustamante y el mismo Carlos Rodríguez Duccos, fueron acribillados en el lugar. En declaraciones al semanario “Mate Amargo” dijo Rossi: “Me desperté con golpes en la puerta. Eran las Fuerzas Conjuntas.
Después me enteré que eran del 2 y 3 de Infantería del Km. 14. Cuando intentan tirar la puerta, Rodríguez Ducós [sic] responde con un balazo.
Luego hay 20 minutos o más de balacera cerrada. Yo tuve la sensación, que el rancho, que era de bloques pelados, sin revoque, con techo de chapa de cartón, se venía abajo. Después hubo un alto del fuego, por comentarios de un soldado supe que habían vaciado 15 cargadores de M1. En ese momento, por común acuerdo, la compañera que estaba con nosotros grita que nos queremos rendir. Suenan unos tiros más y no nos animamos a definir la situación saliendo. Había antecedentes de gente acribillada a balazos tras rendirse. El hecho es que seguimos ahí y empiezan a tirar gases. Fue cuando al abrir la ventana del fondo para tratar de respirar, vimos que por ahí no había balas y comenzamos a salir por ella. Pensé que estaba todo rodeado y que íbamos a ser detenidos. Los compañeros que salieron antes que yo iban corriendo hacia el bañado.
Estaban como a 10 metros de mí. Corrí en esa dirección porque era por el único lado que se podía escapar, pues corté camino por varias casas, no por la orilla del bañado. A unos 20 metros después de las casas nos tiraron ráfagas de balas. En realidad, íbamos corriendo hacia donde ellos estaban, detrás de una pequeña loma. Me tiré al piso, y me dieron por muerto por la forma en que caí. Del rancho había salido Carlos Pérez, Carlos Piaggio, la muchacha y yo. Atrás mío salieron otros dos compañeros. Quedó Rodríguez Ducós [sic]. Cuando voy corriendo, no veo a mis compañeros, pero con la balacera oigo los gritos que me indican que les dieron. Identifico la voz de Juan Carlos Pérez gritando “por la patria!”. Por conversaciones posteriores con la familia me enteré que tenía un balazo en la cabeza. Evidentemente ese disparo fue posterior. Con un balazo en la cabeza no pudo haber gritado eso. La voz de Carlos Pérez para mí era inconfundible porque lo conocía desde que tenía 12 años.
Como a los diez minutos, sentí que me rodeaban, un soldado me cacheó e inmediatamente después me llevaron para arriba, a la puerta del rancho”.
“Según [Julio] Stella, el Ejército avisó de la situación por radio. El ropero de la Metro, sin esperar la autorización de mesa central acudió, y se encontró frente a un cuadro de soldados gaseados que, por lo que tú decís, serían los propios gases que ellos mismos habían tirado y que provocaron que la parte de atrás del rancho quedara descubierta. -En un momento del interrogatorio, un suboficial me dijo que habían recibido gases y que por eso habían abandonado la parte de atrás y que como nosotros habíamos dicho que nos entregábamos habían dado el [ilegible] por terminado. – ¿Qué sucedió después? –
Me llevaron para el rancho. A esa altura había unos siete “camellos” desperdigados por el campo, el “ropero” estaba de “jeta” metido contra la puerta, la gente de la Metro copaba la parte de delante de la casa.
Alguien con uniforme de la Metro me metió una 45 en la cabeza, con el brazo torcido para atrás y me usó de pantalla para entrar al rancho. No había nadie en la pieza, yo suponía que estaba el flaco Rodríguez pero no lo vi. Después me tiraron en un cordón de “verdes”; llegué hasta un camello en medio de culetazos y puntas de pie. Casi enseguida de eso subió un capitán al “camello” e informó que tenía una clave 11 (un detenido), un muerto y dos heridos. Deduje que los heridos eran los que había visto que corrían adelante mío, los dos Carlos [Se refiere a Carlos Piaggio y a Carlos Pérez Bustamante]. Marchamos hacia el cuartel y del viaje no retuve absolutamente nada. Me dio la impresión de que suben un cuerpo en la parte de atrás del “camello” antes de arrancar, pero cinco puntas de rifle en la cabeza me impedían mirar. – ¿Cuándo te enterás de la muerte de los otros muchachos? –
En la tortura, cuando estaba en el caballete. Para entonces habían pasado, tal vez varias horas, no estoy seguro. Me mostraron cédulas de los dos, yo negaba conocerlos pero cuando me dicen que murieron me impactó. Dije que los conocía, que tenían 20 años y se llamaban Carlos.
Ellos también se impactaron un poco. Después “me la dan” con un poco más de fuerza, porque había entrado en contradicción con lo que estaba declarando”.

Nació el 15 de agosto de 1955 en Montevideo. Militaba en la ROE (Resistencia Obrero Estudiantil) y se había trasladado a Buenos Aires, donde vivía en una pensión de la calle Corrientes. Ya en Argentina su militancia política fue en el PVP
(Partido por la Victoria del Pueblo) y estaba vinculado a Washington Cram. El 26 de agosto de 1976 sobre las 21 horas, un grupo de personas de civil que manifestaron ser policías hicieron un allanamiento en la pensión donde vivía, llevándoselo con destino desconocido.
El informe preliminar de la Comisión para la Paz a la Presidencia de la República de octubre de 2002, en el capítulo II referido a «Denuncias sobre ciudadanos uruguayos presuntamente desaparecidos en la Argentina» expresa que: «4. Las denuncias referidas a ciudadanos uruguayos presuntamente desaparecidos en la Argentina que recibió la Comisión -incluyendo a 3 extranjeros cónyuges de ciudadanos uruguayos también desaparecidos- ascienden a 176.
5. Las conclusiones son las siguientes: d. Considera confirmadas parcialmente 34 denuncias más, en función de que existen elementos de convicción relevantes que permiten asumir que las personas que se individualizan en Anexo VIII (en el caso de Mario Cruz Bonfiglio en el Pozo de Automotores Orletti) fueron detenidas en procedimientos no oficiales o no reconocidos como tales y existen indicios de que habrían estado detenidas en centros clandestinos de detención.
En el año 2005 comienza la causa que condenó a represores por su participación en la secuestro, torturas, asesinato y desaparición de 28 ciudadanas y ciudadanos uruguayos en Argentina en 1976, en el marco de la coordinación conocida como Plan Cóndor. En el año 2006 se procesó a los represores Ernesto Ramas, Jorge Silveira, José Gavazzo, Ricardo Medina, José Arab, Luis Maurente, José Sande Lima y Gilberto Vázquez, con prisión preventiva por un delito de privación de libertad con un delito de asociación para delinquir. Si bien en la indagatoria se mencionaban más víctimas, la única considerada en esta instancia fue Adalberto Waldemar Soba Fernández, ya que era el único caso excluido de la Ley de Caducidad de los mencionados.
En el año 2009 se terminó condenando a Silveira, Vázquez y Ramas como autores responsables de 28 delitos de homicidio muy especialmente agravados en reiteración real, con penas de 25 años de penitenciaría, mientras que a Maurente, Medina y Sande Lima por los mismos delitos se los condenó a 20 años de penitenciaría. Los otros dos procesados originalmente, José Gavazzo y Ricardo Arab, fueron condenados en el expediente 98-247/2006 cuya sentencia se dictó el mismo día y también recibieron penas de 25 años de penitenciaría.




