El 4 de octubre de 1917, nace en San Carlos, en las cercanías de la ciudad chilena de Chillán, Violeta del Carmen Parra Sandoval. Con el tiempo se convertiría en una de los precursores de la nueva canción chilena.
En el capítulo de la obra “La nueva canción chilena. Continuidad y reflejo”, de Osvaldo Rodríguez Musso dedicado a los precursores de la Nueva Canción chilena, el músico e investigador chileno en un detallado trabajo señala que Violeta Parra es hija de un profesor de educación básica y de una campesina . Desde muy pequeña comienza a tocar la guitarra y a cantar las canciones escuchadas a su madre. Tras la muerte de su padre, cuando Violeta tiene apenas diez años, la familia atraviesa una difícil situación económica. Para aliviarla Violeta y sus hermanos cantan , a cambio de comida, en fiestas del campo y en circos.
Rodríguez Musso en su trabajo que obtuviera el Premio de Musicología de Casa de las Américas en 1986, señala que es tradicional en la familia campesina chilena –al igual que en otros países-que el hijo mayor, cuando se pueda, estudie. En este caso el privilegio fue para Nicanor Parra. Pero este intuyendo acaso que en Violeta vive una fuerza creadora la ayuda a instalarse en Santiago.
Ya en la capital Violeta canta junto a su hermana Hilda en bares y posadas-herederas de las fondas. Son los tiempos del advenimiento de la radiotelefonía por lo que el dúo de las Hermanas Parra debe adaptarse a los gustos “populares”. El repertorio está compuesto por corridos mexicanos, boleros, pasodobles , polkas, canciones todas popularizadas por el cine y la radio. Tambièn forman parte del repertorio algunas cuecas, valses y tonadas. En esa período Violeta Parra contrae matrimonio con el ferroviario Angel Cereceda. Nacen sus hijos Isabel y Angel Cereceda Parra, conocidos años después como los Hermanos Parra.
Violeta, después de permanecer por un tiempo alejada del canto emprende , de nuevo guiada por Nicanor , la gran tarea de recopilar el folclor de Chile.
Se da cuenta de algo fundamental : la verdadera música chilena no son las canciones que cantan los “conjuntos folclóricos” en las fiestas de la Independencia ni tampoco los valses, corridos y polkas, pedidas por el público de bares y fondas. La verdadera canción de Chile se ha escondido en la periferia de las ciudades y en el campo. Violeta descubre el canto a lo Humano y a lo Divino, y siente que la verdadera raíz de la canción popular chilena se encuentra en estado latente en las viejas canciones desprendidas del romancero, cantadas y guardadas por los campesinos.
En 1953, gracias a la visión de dos hombres de la radio, Raúl Aicardi y Ricardo García, Violeta realiza programas de radio en los cuales presenta a los cantores campesinos que conoce en sus viajes por la periferia de la capital y en las haciendas vecinas a Santiago . Se produce un fenómeno único: los habitantes de las zonas más apartadas del país campesinos y mineros, pescadores e indígenas, se junta los días domingos en el lugar más cercano donde haya un receptor de radio y escuchan las audiciones que Violeta emite desde la capital. Comienza a recibir cientos de cartas que la alientan a seguir trabajando.
Las humildes gentes de Chile se sienten identificadas con estos programas en los que se reivindica la cultura. La popularidad de la folclorista quedará asegurada para siempre.
Apenas una aproximación a la vida de esta gran figura de la cultura del continente, una aproximación a parte de su obra.
Sobre el final del capítulo del título de Osvaldo Rodríguez Musso al que hicimos referencia, el autor agrega…”el pueblo de Chile, después del golpe de Estado de 1973, cuando toda canción política es prohibida, canta las canciones de amor de Violeta Parra, que se convierten así en canciones de contenido y sentido político. Violeta Parra viene a ser el resumen de una forma de vivir lo popular y re-crear un arte con paciencia, amor y sensibilidad, el producto culminante de una cultura, al decir de Mariátegui. En ese sentido es irrepetible. Pero su impulso moral y estético la sobreviven y se proyectan hacia las generaciones futuras”.
Violeta Para se quitó la vida en su carpa de la Comuna de la Reina, en Santiago de Chile, el 5 de febrero de 1967.




