14 de setiembre de 1920-17 de mayo 2009
Escribe: Profesora Ma. Cristina Quiroga Flikowsky
SEGUNDA PARTE
Qué principal resulta el tema de las verdaderas relaciones humanas con la careta o máscara de las convenciones sociales. Me acuerdo de Los Pocillos , que tanto gustó a mis alumnos, el hombre encerrado en sí mismo, el ciudadano fracasado o frustrado en un ámbito traicionero que lo aniquila. Dicho relato pertenece al volumen de cuentos Montevideanos, publicado en 1959, narrable concepción urbana capitalina. Los textos de Montevideanos amplían la visión del “ser urbano” en la década del 50, cuando a nuestro país lo consideraban: “La Suiza de América”, “Tacita de plata” y el “Uruguay de las vacas gordas”, sentido metafórico de la Balanza comercial favorable.
Este compendio cuya aparición lo comunicó mucho con el público, aunque pienso que es siempre muy “comunicante” por comprensivo de la gente. Y a medida que el país cambie también cambiará el escritor que observa. Pero nunca dejará de ser protagonista “el hombre”. Los Pocillos como objetos, son así una forma de comunicarse cuando toman el café; vajilla que puede romperse fácilmente, de ahí que su fragilidad representará la quebradura posible entre los personajes a pesar de la conexión inicial aparente.
TEXTO
“Los pocillos eran seis: dos rojos, dos negros, dos verdes y además importados, irrompibles, modernos. Habían llegado como regalo de Enriqueta, en el último cumpleaños de Mariana, y desde ese día el comentario de cajón había sido que podía combinarse la taza de un color con el platillo del otro. …
“El café ya está pronto. ¿Lo sirvo?”, preguntó Mariana. La voz se dirigía al marido, pero los ojos estaban fijos en el cuñado. Este parpadeó y no dijo nada, pero José Claudio contestó:
“Todavía no. Espera un ratito. Antes quiero fumar un cigarrillo”. Ahora sí ella miró a José Claudio y
pensó, por milésima vez, que aquellos ojos no parecían de ciego.”…
La narración en tercera persona alterna con el estilo directo al intercalar los diálogos entre los personajes, y nos deja conocer la trilogía protagónica con un uso del lenguaje coloquial sin fórmulas cultas. Es el habla de la vida diaria y de entre casa. El lector descubrirá que los vínculos entre los personajes, en este caso familiares: el matrimonio de Mariana y José Claudio, el cuñado Alberto, hermano del marido, se narrarán con la técnica del Flashback (anglicismo); este ir hacia atrás en la línea del tiempo, también llamado Analepsis o recuperación del tiempo anterior como lo indica el origen griego del vocablo, permitirá saber la otra historia de la pareja, variando con su presente en quiebre.
Los hechos actuales han derivado lentamente con un proceso de deterioro marcado por la limitación de la ceguera de Claudio.
La oposición constante de quien se considera víctima, el alejamiento del éxito anterior y la negatividad manifiesta, son los extremos de la situación yendo de camino a lo inesperado, con la tensión precisa en los varios instantes sobre los cuales se sostiene el argumento general.
TEXTO
…”La época anterior a la ceguera, José Claudio nunca había sido un especialista en la exteriorización de sus emociones, pero Mariana no se ha olvidado de cómo era ese rostro antes de adquirir esta tensión, ese resentimiento. Su matrimonio había tenido buenos momentos, eso no podía ni quería ocultarlo. Pero cuando estalló el infortunio, él se había negado a valorar su amparo, a refugiarse en ella.
Todo su orgullo se concentró en un silencio terrible, testarudo, “…
…”El cambio se había operado con lentitud. Primero fue un decaimiento de la ternura. El cuidado, la atención, el apoyo, que desde el comienzo estuvieron rodeados por un halo constante de cariño, ahora se habían vuelto mecánicos. Ella seguía siendo eficiente, de eso no cabía duda, pero no disfrutaba manteniéndose solícita”…
…”Cuando Mariana había recurrido a Alberto, en busca de protección, de consejo, de cariño, había tenido de inmediato la certidumbre de que a su vez estaba protegiendo a su protector… a los pocos días lo más importante estuvo dicho y los encuentros furtivos menudearon. Mariana sintió de pronto que su corazón se había ensanchado y que el mundo era nada más que eso: Alberto y ella.”
“Ahora sí podés calentar el café”, dijo José Claudio y Mariana se inclinó sobre la mesita ratona para encender el mecherito de alcohol.”…
…”Después se echó hacia atrás en el sofá y su nuca encontró lo que esperaba: la mano cálida de Alberto ya ahuecada para recibirla. Qué delicia,”…
“Todos los días cambiaba la distribución de los colores. …Tomó el pocillo verde para alcanzárselo a su marido, pero antes de dejarlo en sus manos, se encontró con la extraña, apretada sonrisa. Se encontró además, con unas palabras que sonaban más o menos así: “No, querida. Hoy quiero tomar en el pocillo rojo”.”
El lector reconocerá leyendo el relato completo para interpretar la totalidad, que a pesar de los saltos que he realizado con el texto, y al emplear el efecto sorpresivo por parte del creador
(no ignoremos a nuestro cuentista de la generación del 900 Horacio Quiroga con sus sugerencias en la concepción del cuento), trabajando también con el golpe o corte culminante, que el asombro y la revelación son componentes actantes de los cuentos para dejarnos estupefactos, aunque Claudio en este caso estuviera bajo sospecha de Mariana. Un individuo casi estatuario, por el ánimo y lo físico que determinaron su actitud. Pero algo iba a ocurrir.
CONTINUARÁ

