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En EE.UU. Los Ángeles oculta crisis de personas sin techo previo al Mundial

La crisis de vivienda y los campamentos en Los Ángeles contrastan con los preparativos para el Mundial 2026/EFE.

A las puertas del Mundial 2026, la alcaldía de Los Ángeles acelera el desalojo de campamentos para maquillar su grave crisis de personas sin techo. Organizaciones sociales denuncian que el millonario plan de refugios temporales prioriza la estética turística y el negocio deportivo

La ciudad de Los Ángeles se prepara para recibir ocho partidos de la Copa del Mundo 2026 y los Juegos Olímpicos de 2028. Sin embargo, a la par de los preparativos deportivos, la alcaldía acelera un plan para retirar los campamentos de personas en situación de calle de las vías principales, priorizando la estética urbana para el turismo internacional por encima de soluciones habitacionales.

El gobierno local ha destinado 300 millones de dólares para trasladar a las poblaciones vulnerables hacia hoteles y complejos de micro casas prefabricadas. Los datos oficiales del censo indican una reducción del 17,5 % de personas durmiendo a la intemperie durante los últimos dos años. No obstante, el condado todavía registra a 72.000 ciudadanos sin hogar, de los cuales unos 47.000 permanecen en las aceras de la ciudad.

Uno de los lugares donde más se evidencia la exclusión social es Skid Row, una zona que abarca aproximadamente 50 manzanas y alberga una de las mayores concentraciones de personas sin hogar en Estados Unidos, estimada entre 3.800 y 5.000 personas. La zona ha sido durante mucho tiempo un foco de pobreza crónica, consumo grave de sustancias, crisis de salud mental y campamentos.

Las organizaciones sociales que asisten a esta población denuncian que el sistema está colapsado y carece de sostenibilidad. Representantes de fundaciones comunitarias advierten que la cantidad de personas en las calles supera hasta cinco veces el número de camas disponibles.

Cuando la ciudad desmantela un campamento, muchos no logran conseguir un cupo en los refugios y terminan instalando sus carpas nuevamente en otras zonas, viéndose obligados a ingresar en listas de espera que demoran meses.

Quienes logran ingresar al programa de refugios enfrentan condiciones complejas. Trabajadores afectados por la desigualdad económica o accidentes laborales describen los reducidos cubículos de plástico como «celdas». Aunque los protegen de la intemperie, estas estructuras imponen normas que aíslan a los residentes. Las cifras oficiales revelan el límite de esta política: el 40 % de los beneficiarios vuelve a quedar en situación de calle al poco tiempo.

La raíz de este escenario es la crisis inmobiliaria de California. Con alquileres básicos que promedian los 1.800 dólares mensuales, los ingresos de la clase trabajadora son insuficientes para mantener un hogar. Los propios residentes afectados señalan que las medidas actuales no buscan resolver el problema de fondo, sino limpiar el paisaje de zonas comerciales para no afectar el negocio deportivo.

Mientras la organización del Mundial asegura grandes ganancias para los capitales privados, las comunidades desplazadas saben que, al apagarse los reflectores del torneo, la crisis estructural seguirá intacta.

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