Desde Radio 36 Centenario no olvidamos lo que ocurrió, antes, durante y después de la última dictadura cívico militar en Uruguay con cientos de compatriotas que fueron detenidos, torturados, asesinados y desaparecidos.

BALBI SALA, Álvaro. Asesinado en la tortura el 31/7/75-
Nació el 4 de enero de 1944 en Montevideo.
Era empleado de comercio, músico, miembro del Partido Comunista, padre de 4 niños.
Fue arrestado el 29 de julio de 1975 en una reunión junto con otros trabajadores. Se informó que habían sido trasladados a las dependencias de la Dirección de Información e Inteligencia Nº 6 de Policía, en la calle Maldonado de Montevideo, un conocido centro de torturas.
Su esposa trató infructuosamente de dar con su paradero y dos días más tarde, el 31 de julio de 1975, recibió el cadáver con la información de que su esposo había fallecido de un ataque de asma y con prohibición de abrir el cajón.
Testimonio de Lille Carusso (esposa): “Todos los detenidos fueron conducidos al local de la Dirección Nacional de Información e Inteligencia de la calle Maldonado 1121. Más tarde fueron retirados de allí, todos juntos y encapuchados, y llevados en un vehículo a otro lugar, que por varios testimonios se supo que fue al Batallón de Infantería Blindado Nº 13. Al primero que torturaron fue a Balbi, los compañeros sintieron los gritos y golpes y después, silencio total. Momentos después los trasladan a todos nuevamente al Departamento 2 por separado para que no se dieran cuenta de que faltaba Balbi” El parte médico firmado por el médico militar José Alejandro Mautone dice: «Insuficiencia pulmonar debido a stress».
Sus familiares consiguieron que el juez de instrucción civil autorizara la autopsia, que reveló signos de tortura muy evidentes: hundimiento de tórax; órganos genitales calcinados, rotura de hígado, fractura de pierna izquierda, fractura de cráneo. También mostraba síntomas de haber sido sometido al «submarino».
La Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA resolvió que: «hay indicios vehementes de que falleció a consecuencia de actos de violencia que la Comisión presume verdaderos».
RAMOS FILIPPINI, Manuel Antonio. Asesinado el 31/7/71.
Nació el 25 de enero de 1944 en Durazno, Uruguay. Trabajó en el Ministerio de Relaciones Exteriores y militaba en el Movimiento de Liberación Nacional – Tupamaros (MLN-T).
El último día del mes de julio de 1971, una pareja vio el cuerpo de un hombre que yacía entre las rocas cercanas al parador Kibón, en Pocitos.
Se trataba de Ramos Filippini, un luchador social. Tenía los brazos quebrados y más de una docena de balazos en el cuerpo y la cabeza. A su alrededor, varios volantes que dejaron allí sus asesinos, proclamaban la autoría de la «hazaña». Decían: «Comando Caza – Tupamaros Oscar Burgueño».
La madrugada anterior cuatro personas que se identificaron como funcionarios policiales habían ido a buscarlo a su domicilio. Ante la mirada de su madre, se lo llevaron en un Volkswagen rojo que fue visto en la zona del Parador Kibón donde fuera hallado el cadáver. Ramos Filippini se convirtió así en la primera víctima del Escuadrón de la Muerte que operó en nuestro país.
La crónica de la época expresaba que «Los datos existentes suponen se confirme que tanto el estudiante de Preparatorios de Agronomía (Castagnetto) como Ramos Filippini, sean dos silenciosas víctimas marcadas por el Escuadrón de la Muerte.
Para graficar mejor la situación que se vivía, reproducimos parte de una extensa nota que publicaba la revista “Cuestión” por aquellos días bajo el título: «El Escuadrón: Nueva Estrategia de la C.I.A.»
«El tableteo de ametralladora siguió a la sorda detonación de armas de fuerte calibre: cada tanto, la cadencia del fuego se interrumpía para volver con mayor frecuencia, a lo largo de toda la jornada lluviosa del domingo. Los atónitos vecinos de la calle Maldonado no salían de su asombro ante los disparos inocultablemente provenientes de la vieja casona numerada con el 1121: sus extraños moradores y frecuentes visitantes que «aparcan» Mavericks y Falcon sin matrícula frente a su puerta se encontraban en pleno entrenamiento en el reducido «polígono de tiro» de los sótanos de la finca del Barrio Sur.
Locales como éste, de reciente adquisición por el Ministerio del Interior proliferan por Montevideo y son los nuevos «focos» de la represión desde donde secciones y departamentos «fantasmas» de la Dirección de Información e Inteligencia planean y ejecutan la actual estrategia antiguerrillera. Una de las formas de acción más tenebrosa se encubre bajo una maraña de siglas y seudónimos (FUP, LYS, DAN, Comando Caza Tupamaros), común denominador de la versión criolla del Escuadrón de la Muerte. Atentados dinamiteros, la desaparición de tres ciudadanos y la muerte, alevosa y cruel, de un luchador social.
«Las huellas de Mitrione»
Con la aparición por estas latitudes del agente de la CIA, Dan A. Mitrione, como asesor de los cuerpos policiales, arranca una nueva etapa en la concepción de la lucha contra los grupos insurgentes. La acelerada militarización de cuerpos especiales, la dotación de sofisticado armamento, equipos y de una gran movilidad, la introducción de métodos represivos de manifestaciones de masa (escopetas de «chumbos», que costaran la vida a estudiantes, armas rápidas calibre 22), marcaron el camino acelerado que pudo advertirse en los últimos tiempos en los tradicionales cuadros policiales. La inyección de dólares y de adiestramiento en escuelas especiales norteamericanas ubicadas en Panamá y en la propia Unión permitieron el «salto adelante» de que, hoy por hoy, es el principal sostén del régimen, cuyas contradicciones internas no le permiten asegurar otro «brazo armado» que el de algunos grupos de élite (Metropolitana) y sectores de civiles integrados a grupos parapoliciales.
El ajusticiamiento de Mitrione, ejecutado por el Movimiento de Liberación Nacional hace exactamente un año, desterró una de las figuras claves de esa etapa, pero no su «secuela», ya que la plaza vacante fue tomada por algunos de sus colaboradores más cercanos.
El 7 de noviembre de 2009 fueron procesados con prisión Pedro Walter Freitas Martínez y Nelson Bardesio Marzoa como co-autores responsables de un delito de homicidio muy especialmente agravado de Héctor Castagnetto en causa con carátula Castagnetto, Héctor; Ramos Fillipini, Héctor; Abel Ayala; Gutiérrez, Ibero

