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Artigas fundó la Biblioteca Nacional, los mismos que gastan ocho mil pesos en una cena, le niegan los recursos

Ayer lunes nos enteramos que la Biblioteca Nacional cierra sus puertas por tiempo indeterminado. ¿Habrá que salvar a la Biblioteca que viene de Artigas y la patria vieja? ¿O dejaremos que en silencio la cierren y no pelearemos por ella? Y los bibliotecarios de este país y esta ciudad, ¿hablarán, se expresaran sobre esto? ¿o habrá silencio y complicidad?

Respecto a este tema, compartimos a continuación un editorial de la radio de hace 18 años atrás.

Mensaje de la 36 del 6 de junio de 2007. En la voz de nuestro querido compañero Guillermo Botnarziuc

LA NEGACION DE LOS PROGRESISTAS
“Artigas fundó la Biblioteca Nacional, y la Escuela Pública, los mismos dirigentes que gastan ocho mil pesos en una cena, hoy les niegan los recursos”

Los dirigentes progresistas en el Gobierno hace mucho tiempo que negaron que el Frente Amplio tuviese un Programa Socialista o de Liberación Nacional. Hace menos que además niegan los llamados cambios posibles, entre los que se hallaban la “profundización de la democracia”, “entre tapar un pozo y un vaso de leche”.
Más reciente aún está fresquita la nueva negación de “nunca más hermanos contra hermanos” y “la reconciliación entre violadores de los derechos humanos y las víctimas de las violaciones”.
Por más que cada negación se intente disimular con la retórica, los hechos y la práctica como criterio de la verdad reafirma cada vez más que este es un gobierno de la negación.
Un gobierno que niega lo que pensaba y decía sobre el antiimperialismo, el capitalismo, las desapariciones, el desempleo, el FMI, la deuda, el país productivo, el medio ambiente, las Fuerzas Armadas, la injusticia, la justicia, la salud, la educación, y hasta el propio Artigas y el artiguismo.

Los dirigentes progresistas una vez instalados en el poder del Estado, con una mayoría parlamentaria que les permite ejercer su mandato plenamente recurren sin embargo a reconocer su debilidad para realizar cambios más o menos trascendentales.
Una de dos, sea por voluntad política o por compromisos contraídos con la gran burguesía internacional y el capitalismo local.
En estos días una de las discusiones más importantes es la que se manifiesta en torno al presupuesto para la enseñanza.
Aspiraciones primero de un seis por ciento, después de un 4 y medio por ciento, y ahora nuevas promesas hacia finales del mandato.
Una Biblioteca Nacional donde valiosos libros se pudren en la humedad, salones se inundan y olores nauseabundos completan el panorama de una de las obras del Prócer que aún no había sido destruida como todas las demás.

Afirma el historiador Orestes Araujo en su libro “Historia de la Escuela uruguaya” lo siguiente:

“Al establecer Artigas su campamento en la meseta que desde entonces lleva su nombre, frente al paraje del río Uruguay llamado el Hervidero, no se olvidó de dotar a la “Purificación” de su correspondiente escuela, entregando la dirección de ésta a fray José Benito Lamas. Igualmente necesitó cuatro docenas de cartillas para atender la enseñanza de estos jóvenes y fundar una escuela de primeras letras en esta nueva población, decía “La educación de la juventud aún allí mismo, entre las gravísimas atenciones militares del caudillo, constituía su preocupación y demostraba el carácter que quería imprimir a la naciente población” agrega el historiador.

“La fundación de este centro de enseñanza es tanto más plausible, cuanto que la “Purificación no fue un núcleo de población estable de carácter civil, sino un campamento militar, con ribetes de presidio y pretensiones de colonia agrícola indígena”.

“Es sensible que no se tengan más datos al respecto de esta escuela, cuya organización, funcionamiento, discípulos, local y mobiliaria serían dignos de estudio, ignoramos también quien substituyó al Padre Lamas después que éste la abandonó para trasladarse a Montevideo o si fue totalmente suprimida. De todos modos, aunque este establecimiento no influyera en la cultura general del pueblo, siempre demostraría un buen deseo de Artigas en pro de la instrucción de la infancia, apartada por cualquier circunstancia de los centros urbanos que a la sazón existían”.

José María Pérez Castellano en su testamento, del 6 de enero de 1814 se señala.
“Destino por mi última voluntad toda mi casa del pueblo, para que en ella se establezca una biblioteca pública empezando la colección de libros por los pocos que yo tengo míos, tanto aquí en la chacra como en la ciudad, siendo mi deseo que en esa biblioteca no se hallen jamás libros obscenos que corrompan las costumbres, ni libros impíos que los corrompan mucho más, haciendo escarnio de la religión y acarreando los males infinitos que actualmente nos afligen. Señalo para el bibliotecario pesos anuales sobre los alquileres de las piezas de la calle, quedando la restante para algunos reparos que se ofrezcan en la casa y para los dependientes que necesiten casa y biblioteca, para aseo y limpieza y para su conservación; pues todo lo que produzca la casa, fuera de la parte ocupada por el bibliotecario y sus dependientes y la misma biblioteca, es mi voluntad que se refunda en su conservación y adelantamiento”.

Dice por su parte Dámaso Antonio Larrañaga en Oficio al Cabildo de Montevideo el 4 de agosto de 1815.

“Hace mucho tiempo Excelentísimo señor que veo con sumo dolor los pocos progresos que hacemos en las ciencias y en los conocimientos útiles, en las artes y literatura, los jóvenes faltos de educación, los artesanos sin reglas ni principios, los labradores dirigidos solamente por una antigua rutina que tanto se opone a los progresos de la Agricultura, base y fundamento el más sólido de las riquezas de este país ¿Y cómo Excelentísimo señor podremos en gran parte remediar estos defectos?”.

“Faltos de maestros en todas estas ramas, y faltos de medios para hacerlos venir de afuera ¿qué otro recurso nos queda que el que nosotros mismos nos formamos? ¿Y no sería ésta una de nuestras mayores glorias, el que no debiésemos nuestra ilustración, sino a nosotros mismos?”

“Los libros, pues Señor son los que deben suplir por todo esto. Los talentos de nuestros americanos son tan privilegiados, que no necesitan sino de buenos libros para salir eminentes en todos los ramos. Pero no pudiendo todos procurárselos por si mismos por falta de medios y aún de elección, en un país en que son tan escasos y de mucho precio, se hace necesario el establecimiento de una Biblioteca Pública, a donde puedan concurrir nuestros jóvenes y todos los que desean saber”.

“Para ello cuento con casi todos mis libros que ocupan dos grandes estantes, de todo género de literatura, reservando solamente los que me son de uso diario; cuento los de varios amigos que han aplaudido y a y acalorado mi proyecto; y cuento más que todo con la grande protección de Usted. Nada, pues falta para poder erigir este majestuoso templo a las Artes y Ciencias que el que Usted se digne sellarlo con su aprobación”.

“Por tanto a Usted encarecidamente pido y suplico quiera aprobar este establecimiento y tomado bajo su sabio y eficaz influjo, destinando para su locación un edificio a propósito, en el supuesto que me encargaré gratuitamente de la Dirección de la Biblioteca, a cuyo efecto será conveniente, que para suplir mis veces, se me permita proponer y nombrar un segundo que pueda ayudarme en esta empresa, que tanto debe honrar a Usted y ensalzar la reputación del pueblo en que va a erigirse; dignándose Usted al mismo tiempo de elevar mi súplica al Excelentísimo General en jefe de los Orientales, quien no dudo que devorado por su celo por los adelantamientos de sus paisanos, otorgará su superior beneplácito y proporcionará por su parte todos cuantos medios sean asequibles para la seguridad y permanencia del establecimiento”.

El 12 de agosto de 1815 en su Oficio al Cabildo Gobernador de Montevideo, Artigas señala desde Paysandú:
“Nunca es tan loable el celo de cualquier ciudadano en obsequio de su Patria como cuando es afirmado por votos reales que lo caracterizan. Tal es el diseño que Ustedes me presenta en el venerable cura y Vicario de esa ciudad el Presbítero Don Dámaso Larrañaga. Yo jamás dejaría de poner el sello de mi aprobación a cualquier obra que en su objeto llevase esculpido el título de pública felicidad. Conozco las ventajas de una Biblioteca pública y espero que Usted cooperará con su esfuerzo e influjo a perfeccionarla, coadyuvando los heroicos esfuerzos de tan virtuoso ciudadano. Por mi parte dará Usted las gracias a dicho paisano, protestándole mi más alta cordialidad y cuando depende de mi influjo por el adelantamiento de tan noble empeño”.

“Al efecto y teniendo noticia de una librería que el finado cura Ortiz dejó para la Biblioteca de Buenos Aires Usted, hará las indagaciones competentes, y si aún se halla en esa ciudad, aplíquese de mi orden a la nueva de Montevideo. Igualmente toda la librería que se halle entre los intereses de propiedades extrañas se dedicará a tan importante objeto. Espero que Usted contribuirá con su eficacia a invitar los ánimos de los demás compatriotas a perfeccionarlo y que no desmayará en la empresa hasta verla realizada”.

El 12 de agosto de 815 José Artigas escribía a Don Dámaso Larrañaga.

Señor Don Dámaso Larrañaga:
“Acaba de dirigirme ese Ilustrado Cabildo Gobernador la representación que Usted le ha hecho para el entable de una Biblioteca Pública. Ojalá cada uno de los paisanos propendiese con la misma eficacia a ser útil a su país. Acaso el empeño de Usted sea un estímulo a los demás y esto mismo los empeñe a multiplicar sus afanes en obsequio de la felicidad pública”.
“Con esta fecha digo a ese Gobierno fomente a usted en la posible para el logro de su establecimiento. Yo por mi parte no puedo ser insensible a ese acto de generosidad y por realizarlo cuente Usted con cuanto depende de mis facultades y con la cordialidad que le profesa su apasionado y servidor.
José Artigas 12 de agosto de 1815.

Rafael Algorta Camusso expresa:

“A las diez de la mañana del día 26 de mayo de 1816 estuvieron todas las escuelas guarneciendo las gradas de la pirámide y entonando los himnos de la patria hasta las doce, en cuya hora se dirigió al Excelentísimo Cabildo con su comitiva de ceremonia a autorizar el importante acto de la apertura de la Biblioteca Pública cuya obra a todo empeño se llevó al cabo para hacer más señalado su establecimiento. El salón de la librería ya colocada en magníficos estantes de cedro estaba primorosamente vestido de tapetes y cielo raso, en cuyo centro se veía pintado un hermosísimo sol en el subido punto de su esplendor y en sus extremos figuradas las faces de la luna. Luego que tomaron asiento las autoridades, al señor director del establecimiento, cura vicario general, digno del objeto y de su acreditada erudición, el cual será impreso a la posible brevedad. Los niños de la escuela pública cantaron el himno que sigue formado destinadamente para este efecto:

“Gloria al numen sacro
Del feliz Oriente
Que erige a Minerva
Altar reverente.

¡Salve Biblioteca!
Taller del ingenio,
Escuela del genio
Vida del sabe,
Colmada te mires
De preciosos dones
Y jamás pregones
Del tiempo el poder.

Esta era una descripción de las fiestas cívicas celebradas en la capital de los pueblos orientales el veinte y cinco de Mayo de 1816, en la “Biblioteca de impresos raros americanos”.

Más adelante hay unos párrafos de la “Oración inaugural” de la biblioteca Pública de Montevideo del Presbítero Dámaso Antonio Larrañaga donde se expresa lo siguiente.

“Una Biblioteca no es otra cosa que un domicilio o ilustre asamblea en que se reúnen, como de asiento, todos los más sublimes ingenios del orbe literario, o por mejor decir, el foco en que se reconcentraran las luces más brillantes, que se han esparcido por los sabios de todos los países y de todos los tiempos. Estas luces son las que este ilustrado y liberal Gobierno viene a hacer comunes a sus conciudadanos, estas sólidas riquezas y los más preciosos tesoros con que os convida con una ostentosa profusión en este suntuoso templo, que acaba de erigir a las ciencias y a las artes”.

Por último desde Purificación le escribía a Don Damaso LarrañagaJosé Artigas el 22 de junio de 1816 la siguiente carta:

“Señor Don Dámaso Larrañaga”:

“He recibido con gusto la “Oración Inaugural”, y celebraría que todos los paisanos fuesen desplegando sus talentos con la eficacia de Usted. Así cada cual empeñado lograríamos unos resultados ventajosos en muy corto tiempo. Estamos para formar los hombres y las primeras impresiones deberían ser las más saludables, inspirando a los jóvenes aquella magnanimidad propia de almas civilizadas y formar en ellos aquel entusiasmo que hará ciertamente la gloria y la felicidad del país”.

“Por mi parte doy a Usted las gracias por su decidido empeño, y ojalá que el resto siga el ejemplo de Usted interesándose en prodigar las luces bastantes para afianzar los bienes que vemos renacer en nuestra infancia política”.
“Desea a Usted toda felicidad su servidor y apasionado paysano.

José Artigas 22 de junio de 1816 Purificación.  
  
¡Salve Biblioteca!
Taller del ingenio,
Escuela del genio
Vida del sabe,
Colmada te mires
De preciosos dones
Y jamás pregones
Del tiempo el poder.

HAY QUE SALVAR LA BIBLIOTECA NACIONAL QUE VIENE DE LA PATRIA VIEJA Y DEL PRÓCER JOSÉ ARTIGAS.
HAY QUE SALVAR LA ESCUELA PÚBLICA QUE RECLAMA “MATERIAL PUNGIBLE” ENTIÉNDANSE: CUADERNOS, LÁPICES, GOMAS, HOJAS, TIZAS, PISARRONES, BANCOS Y MESAS.
HAY QUE SALVAR AL BIBLIOTECARIO Y AL MAESTRO.
SI NÓ ¿DE QUÉ PROGRESO Y DE QUE PROFUNDIZACIÓN DE LA DEMOCRACIA SE PUEDE HABLAR?.

MIENTRAS DOS CENAS EN MALDONADO LE CUESTAN  A LAS ARCAS DEL ESTADO 16 MIL PESOS.
NO HAY RECURSOS PARA LA BIBLIOTECA NACIONAL Y LA ESCUELA PÚBLICA.

¡VOLVÉ ARTIGAS A SITIAR MONTEVIDEO, CON TUS INDIOS, NEGROS, CHANGADORES Y PAYSANOS DE LA CAMPAÑA!

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