“Existen trabajadores con peligro de desalojo, enfermos oncológicos que no pueden comprar la medicación, y otros que no pueden ir a trabajar porque carecen de dinero para tomar el ómnibus” dijo Diego Andrada a CX36.
A pesar de todo seguimos sosteniendo los espacios, porque entendemos que cerrar las puertas no es un opción, detrás de cada refugio hay vidas que dependen de nuestro trabajo. Pero el abandono también mata, y hoy quienes sostenemos los centros estamos agotados emocional y económicamente.

