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Memoria juicio y castigo

Desde Radio 36 Centenario no olvidamos lo que ocurrió, antes, durante y después de la última dictadura cívico militar en Uruguay con cientos de compatriotas que fueron detenidos, torturados, asesinados  y desaparecidos.

PINO GARÍN, Juan Alfredo “Perico”. Muere el 16 de junio de 1982. Se suicida estando en prisión a causa de que no recibe los sicofármacos que tenía indicados y que tomaba desde 1977.  

Nació el 14 de junio de 1939 en el departamento de Colonia, estaba casado, era empleado de la textil Campomar, tejedor.

Era militante del MLN-T (Movimiento de Liberación Nacional – Tupamaros).

Es detenido el 23 de abril de 1972 en el marco de un “plan de rastrillaje” realizado en la Ciudad de Dolores. Recluido en el Batallón de Infantería No5, Región Militar 2. En 1975 fue  al Penal de Libertad y en 1982 al Batallón de Ingenieros de Combate No2 en  Florida, donde muere a los 43 años, el 16 de junio de 1982.

Juan Alfredo Pino Garín había cumplido la totalidad de su condena, dos meses antes de su fallecimiento, el 23 de abril de 1982. Sin embargo y aunque tenía la libertad definitiva firmada es conducido bajo Medidas Prontas de Seguridad al Batallón de Ingenieros de Combate N° 2 en Florida. La familia, paralelamente, había gestionado su asilo en Suecia donde lo recibían como refugiado.

A pesar del contexto favorable, su reclusión en el Batallón se prolonga, falleciendo según el gobierno por: “Autoeliminación por ahorcamiento”.

Jorge Selves, que se hallaba en la misma situación fue testigo de su muerte y dice en su testimonio: «…El compañero estaba bajo medicación desde 1977; la dosis del psicofármaco que recibía era muy alta. Apenas llega al cuartel, pide por un médico o un enfermero, que no vienen, y plantea claramente a la guardia que necesita la medicación, a más tardar para la noche. No le hacen caso. Entre el cuarto y el quinto día, comienza a sufrir alucinaciones. En la madrugada del 16 de junio, entra el guardia a retirarnos el colchón. Esa noche Juan había pasado muy mal, pidiendo la guardia, totalmente descontrolado. Al pasar el cabo de guardia frente al calabozo de Juan, se paró, abrió los brazos y quedó paralizado, con una cara de terror indescriptible. Ahí me doy cuenta de qué sucede y empiezo a gritar para que me deje salir. El guardia, luego de permanecer algunos minutos sin reaccionar, retrocedió y comenzó a llamar a la guardia externa. Recién a la hora lo bajaron. El médico, que hasta entonces nunca había venido, diagnosticó muerte por desnucamiento. Juan usaba una faja vasca y con ella se autoeliminó».

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