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A 50 años del asesinato de Mario Santucho


“Esa generación que parecía dotada de un verdadero coraje, de una espantosa voluntad de actuar y de una confianza no menos espantosa en las posibilidades de un cambio”

Mensaje de la 36 difundido el 19 de julio del 2006.

La escritora Argentina María Seoane, autora de la crónica “La noche de los lápices” en 1986, publicó en 1991 una investigación sobre la vida de Mario Roberto Santucho uno de los principales protagonistas de una década de grandes convulsiones en la Argentina y el Cono Sur.
El libro “Todo o Nada” de María Seoane, detalla la vida de Santucho de manera minuciosa, a través de innumerables cartas de sus compañeros del ERP-PRT, relatos familiares y testimonios militares.
De la historia pública y secreta de Mario Roberto Santucho hemos extraído estos datos que contribuyen a ilustrar la vida de un hombre desconocido por la mayoría de los uruguayos.
Pero que sin embargo influyó de manera destacada en una década trágica, donde también participaron militantes de izquierda uruguayos, de los cuales muchos de ellos murieron y continúan desaparecidos.

Hace 30 años el 19 de julio de 1976 un coche sin patente se detiene a las puertas del edificio de trece pisos de la calle Venezuela 3149 de Villa Martelli, un barrio tranquilo de la zona norte del Gran Buenos Aires, a pocos metros de la intersección de la ruta Panamericana con Avenida General Paz. Cuatro hombres armados con ametralladoras descienden del coche, mirando múltiples direcciones.
¿Esperan un ataque? Uno de ellos, de aproximadamente treinta años, toca el timbre en portería y aguarda unos minutos. Se escuchan sólo algunas bocinas lejanas, que alteran la siesta del barrio.
Son las catorce y treinta del lunes nublado y frío. El portero, desperezándose aún, mira la credencial que extiende el hombre joven, vestido de con un pantalón de jean, pullover y borceguíes marrones, capitán Juan Carlos Leonetti, jefe del grupo.
Hablan de la familia “Munich” del cuarto piso “B”. El encargado del edificio encrespa sus gestos, esta nervioso. Entra a su departamento, vuelve a salir y acompaña al capitán y a dos más hacia las escaleras. El cuarto hombre se dirige al coche estacionado y se comunica por radio. La sintonía es estridente, pide que le envíen refuerzos; luego dispersa con su ametralladora a un grupo de chicos que comienzan un partido de fútbol en el baldío que linda con el edificio.

En minutos más habrá camiones del Ejército cortando accesos de salida por la estratégica ruta Panamericana. Dentro del departamento “B” un hombre de unos cuarenta años, con pelo rizado renegrido, piel aceite ladrillo y perfil de águila, acomoda los papeles que esa noche llevará a su exilio. Un pasaporte a nombre de “Raúl Garzón” y pocos efectos personales. Lo acompaña un hombre algo más joven, castaño, de frente ancha, al que parece darle indicaciones.
En una habitación contigua hay dos mujeres con un chico de apenas dos años. En el pasillo del cuarto piso el capitán se parapeta detrás del portero que aprieta el timbre, mientras los otros toman posiciones en los laterales. Una mujer pregunta quien es. “Soy Daniel, el encargado”, se escucha con tonada cordobesa.
La mujer ojos celestes entorna la puerta. El portero corre hacia las escaleras, el capitán empuja con su ametralladora; “Ríndanse hijos de puta”. La mujer grita, “El ejército” y traba la puerta.
El hombre con perfil de águila, en carrera hacia el balcón, manotea la pistola y dispara mientras intenta una fuga imposible, la ventana está enrejada. Los militares astillan la puerta e invaden el espacio interior rodeados de balas. Uno de los atacados grita, “Viva el ERP” y dispara sobre el capitán que cae como un fardo sobre los pies de los otros hombres que siguen tirando a matar. En el cuarto vecino se escucha el llanto de un chico. ¿Quince minutos, veinte minutos de metralla y gritos?
El olor rancio de la pólvora. Luego, el inventario del combate; en el suelo yacen tres hombres. Las mujeres, una embarazada y el pequeño son arrastrados por las escaleras. Los otros militares levantan el cuerpo gimiente del capitán y rompen lo que se encuentran a su paso. Revisan mesas, placares, depósitos de agua, pisos, techos, con una obstinación similar a la de una escuadrilla de demolición. Embolsan documentos y papeles, información el botín más preciado. Después seguirán con armas, dólares, aparatos electrónicos y ropas. Se escuchan sirenas de coches policiales y el pesado paso de borceguíes en todo el edificio. Los que se atreven entornan las puertas de sus casas. Otros bajan las persianas. Un camión del ejército argentino carga los cuerpos inmóviles y a las prisioneras. Una ambulancia se pierde a toda velocidad por la ruta con el capitán agonizante, que no llegará vivo al hospital.

Comienza la rutina de cercar el edificio y de prohibir la entrada y salida de gente. La requisa es casa por casa. Los vecinos son interrogados. Aun no entienden qué sucede. Lo imaginan, pero no preguntan. Muchos de ellos creerán haber escuchado, después una salva de 21 cañonazos en el cercano regimiento de Artillería 121. Se preguntarán ¿Un festejo por la captura del enemigo público número uno? ¿Un homenaje al capitán caído en el cumplimiento de su deber? Son las catorce y cincuenta y cinco y Villa Martelli ya no dormirá por varios días.
Horas después suena el teléfono de la portería. Un periodista quiere confirmar, dice, la noticia más importante después del golpe militar del 24 de marzo. El cordobés es reticente pero el periodista suplica. Una pista, sólo una pequeña pista. No.
Deberá buscar otras fuentes. A pesar de la censura de prensa, la noticia se filtra en la edición vespertina del diario Ultima Hora, secuestrada por el gobierno del General Jorge Rafael Videla y detenido su director Luis María Albamonte.

Sin embrago en la mañana del 20 de julio Ultima Hora se adelanta al parte oficial en la primera plana. “Extremistas ultimaron a capitán de Ejercito”. Y en letras catástrofe; “Mataron a Santucho”.
El Cronista Comercial en cambio prefiere titular “El presidente de los Estados Unidos General Ford, manifestó su fe en la Argentina y Día de euforia para la Bolsa y los negocios”.

Recién a las once y treinta el comando en jefe del Ejército admite la identidad de uno de los muertos en el comunicado201/76, explicando, de paso, el origen del operativo; “Por informes de un vecino se ordenó allanar la finca, generándose un enfrentamiento en el que murieron varios delincuentes subversivos. Uno de ellos fue identificado como Mario Roberto Santucho alias comandante Robi, jefe del autodenominado Partido Revolucionario del Pueblo”.
La información llega al New York Times en la misma noche del 19 de julio. En su edición matutina del día 20, se lee el parte del corresponsal en la Argentina. “Roberto Santucho uno de los más buscados guerrilleros de izquierda de la Argentina, fue muerto hoy en un enfrentamiento con soldados, indicaron fuentes policiales. El señor Santucho fue el líder marxista Ejército Revolucionario del Pueblo, la guerrilla responsable de un récord de secuestros, asesinatos y robos desde fines de la década del 60”.

El 21 de julio la prensa argentina e internacional abunda en detalles sobre el último combate de Santucho.
El Cronista Comercial comparte el optimismo militar, “En este mes de la Independencia Nacional, el desafío que la guerrilla lanzó al rostro de la nación y de sus Fuerzas Armadas tuvo un vuelco decisivo. Descubiertos, en las provincias de Buenos Aires y de Córdoba, los principales centros de propaganda de la organización proscripta en 1973, eliminados sus jefes más eminentes, Santucho, Urteaga, Menna, Gorriaran Merlo, las armas de la república clausuran una etapa regada con sangre, sudor y lágrimas. En rigor de la verdad debe señalarse, sin necesidad de adjetivación alguna, que a partir del 24 de marzo la acción antisubversiva adquirió un sesgo realmente efectivo. Reconstituidos, a grandes rasgos, los poderes esenciales del Estado centralizado su liderazgo, eliminados los factores de corrupción que lo desquiciaban, lanzado el plan económico, el combate antiextremista pudo encauzarse con plenitud. Caben pocas dudas de que el país, obtenida esta victoria de singular importancia política y militar, se encauzará, como lo prenunció el teniente general Videla, por el sendero de la democracia, la justicia y la libertad. Aun cuando el trecho a recorrer está sembrado de dificultades, de sacrificios y exija el tributo de vidas como la del capitán Juan Carlos Leonetti”.

El vespertino La Razón sostenía que el operativo se había preparado minuciosamente desde el mediodía del 19 de julio y que el ataque comenzó a las catorce y treinta.
El diario liberal de Santiago del Estero de donde era oriundo Santucho decía; “Con la muerte de Mario Roberto Santucho, y de tres de sus lugartenientes, abatidos en un enfrentamiento con las fuerzas militares y policiales, llega a su ocaso una de las organizaciones sediciosas más activas de América Latina”.

En Brasil el vespertino O Globo pontifica; “Finalmente la Argentina vencerá al terror y asegurada la paz recuperará el alto nivel de civilización de la cual se enorgullecen sus hijos”.
En La Habana, el Granma diario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba reproduce un escueto cable de su agencia Prensa Latina. Una nota de redacción se refiere a Santucho como un líder revolucionario y un jefe insurrecto.

La república de Costa Rica titula “Resonante victoria contra el terrorismo argentino”. Y agrega como epígrafe de una foto del guerrillero; “Desde hacia tres años era el hombre más buscado del país a partir de que el ERP fuera puesto fuera de la ley”.
El influyente Excelsior de México considera la noticia como la más importante de su página internacional, su corresponsal de Buenos Aires vaticina “La muerte de Santucho que todos los indicios parecen confirmar, significa de hecho el fin de las acciones guerrilleras de la ultraizquierda neotrotskista”.

En Roma, La República dice; “De los tres jefes históricos de la izquierda revolucionaria que se habían unido en una especie de Junta supranacional, para seguir una indicación típica del Che Guevara, dos murieron en combate, y sólo uno, Raúl Sendic, que yace medio loco en le foso de una prisión de Uruguay está vivo. Miguel Enríquez jefe militar del MIR, fue muerto en Chile en el 74. Ayer le tocó el turno a Santucho. De los tres Santucho de cuarenta años familia patriarcal y acomodada era el más inclinado a la acción, el organizador más capaz. De profesión contador, había transferido a la lucha política la puntualidad y la precisión de quien conoce el valor del cálculo, la importancia de medir la correlación de fuerzas”.

Santucho tenía un obstinado antiperonismo a pesar de lo cual igual propiciaba una alianza estable con las organizaciones guerrilleras de las FAR y FAP con quienes logró acuerdo políticos en 1971. Dos décadas después en su despacho del Congreso Nacional, el diputado justicialista José Carlos Ramos, entonces militante del Peronismo de Base cordobés recordará los debates y protagonistas del acuerdo entre las organizaciones armadas.
“Las primeras veces que vi a Robi fue durante el Cordobazo. Yo era delegado de una fábrica de la industria de la construcción, había abandonado mis estudios de medicina y pertenecía a una estructura que en ese momento era un grupo del peronismo que provenía del Movimiento Revolucionario Peronista de Cooke. Desgraciadamente, Cooke un poco por el estado mismo del peronismo, y a pesar del aval que tenía de Perón, no había logrado generar una política efectiva para nuestro movimiento. Poco después, algunos participaron en la formación de la Juventud peronista motor político de Montoneros; y otros seguimos en el Peronismo de base, vertiente de apoyo a las FAOP. A principios de los setenta nos habíamos extendido mucho en los barrios fabriles de Córdoba y nos veíamos regularmente con el gringo Menna un tipo notablemente simpático y voluntarioso, que era la característica más destacada del PRT. Una Mística revolucionaria muy intensa que se generaba a partir de esos contactos, conocí estrechamente a Robi.
El venía a dormir muchas veces a mi casa en la calle Sol de Mayo del barrio Clínicas, que fue uno de los centros políticos del Cordobazo. Robi era un tipo cristalino, absolutamente entregado a la lucha por sus ideas. Y con un voluntarismo marcado que generalmente no le permitía reconocer sus limitaciones políticas, o que lo hacía exagerar sus propias fuerzas y subestimar al adversario. Tenía un antimperonismo visceral, es más, obsesivo. Un día me dijo; Mirá si llegás a un país y te encontrás con miles de tipos arrodillados en una plaza adorando la luna, por que creen en su poder divino ¿que haces?. Yo `pasaría de largo e intentaría construir otra cosa que conmueva, que les de fe en si mismos. Yo le dije y creo que en esta discusión estaba la esencia de nuestras diferencias políticas con Santucho. Si llego a un país y encuentro que todos están arrodillados en una plaza a las nueve de la noche porque todos creen en la luna, en una de esas me arrodillo yo también para ver qué pasa, qué siento junto con ellos y después veo . Santucho me lo decía con respecto al peronismo y a Perón.

Era como un futurista pensaba tanto en el hombre que debía ser que no veía al hombre que efectivamente era. Robi nunca entendió al peronismo, lo que le imposibilitó tener la suficiente cintura política para cambiar a tiempo. Su principismo lo llevaba a meter el pie en el acelerador y a tener pretensiones hegemonístas para el proyecto revolucionario. En fin discutíamos muchos con los perretistas. Ellos pensaban que había que poner la acción política por delante y los acuerdos políticos por detrás. Nosotros creíamos que era a la inversa. Pero mientras discutíamos trabajamos juntos en Sitrac-Sitram y en algunos barrios. Jamás olvidaré el incidente que tuvimos con el ERP en el barrio Urquiza.
Nosotros habíamos logrado realizar una asamblea de más de quinientos vecinos para resolver colectivamente el desastroso estado de las zanjas, agua potable y cloacas, una serie de problemas derivados de la pobreza y la marginalidad. De repente apareció un comando del ERP en una camioneta a repartir bombas de agua, al estilo Robin Hood, o beneficente. Nos enojamos mucho porque esa actitud robinhoodiana trababa el protagonismo de la gente. Era una trampa política, porque nosotros veíamos que esos métodos terminaban acarreando la represión sobre el pueblo, y sobre sus dirigentes políticos más representativos.
Pero el Robi insistió en defenderlos. Era un amigo estupendo, generoso, valiente austero, pero muy obstinado.

Cuando aterrizó en Chile el 5 de noviembre de 1972 Santucho se encontró con la noticia de que el 16 de octubre había muerto apaleado mientras estaba detenido su viejo compañeros en las luchas azucareras Ramón Rosa Jiménez.
Su hermano Francisco René lo esperaba desde hacia unas semanas en Santiago. El PRT vivía una grave crisis interna por que algunos sectores habían decidido apoyar a Cámpora en las elecciones de marzo. Santucho no podía permanecer en Santiago más que unos días. Se entrevistó con el jefe del MIR chileno Miguel Enríquez y concretaron el proyecto de fundar la Junta Coordinadora Revolucionaria. Varios años después en enero del año 1991 el sociólogo Andrés Pascal Allende revelaba los detalles de ese encuentro con Santucho.

“La relación del MIR con Santucho y el PRT comenzó cuando él y otros compañeros revolucionarios argentinos llegaron a Chile en agosto de 1972, luego de la fuga de Rawson. La historia es conocida. Su llegada creó una situación difícil para el gobierno chileno. De inmediato el MIR se movilizó para exigir que se le diera asilo político. Miguel Enríquez y yo hablamos con Allende. A pesar de que no éramos parte de la Unidad Popular, teníamos una política de apoyo crítico al gobierno, sí teníamos una relación estrecha con Allende que venía de antes. En 1970 él nos pidió que detuviéramos las acciones armadas porque creaban una difícil situación para las elecciones, y si bien nosotros éramos todavía muy antiinstitucionales, antisistema. Estuvimos de acuerdo. Entonces, también nos pidió que nos ocupáramos de su seguridad personal, cosa que hicimos. Por tanto nuestro vínculo con el gobierno chileno era exclusivamente con él”.

“Enríquez, Bautista Van Schowen, Luciano Cruz y yo –dice Pascal Allende del MIR- nos reuníamos con Allende en El Cañaveral, su otra casa que compartía con su secretaria Miriam Ortega, la residencia oficial era la de Tomas Moro. Y en uno de esos encuentros le pedimos que les diera asilo. Pero para él era francamente difícil porque buscaba una relación estable con la Argentina. No quería abrir otro frente de conflicto; ya tenía bastante con los norteamericanos y con la derecha. El no los iba a devolver, pero no podía dejarlos en Chile. Bueno, nosotros presionamos con una movilización hacia la cárcel pública, y hacia donde estaban ellos en el Cuartel de Investigaciones, cerca del paseo Mopocho. Finalmente la salida que dio Allende fue la mejor.
Salvador tenía aprecio por Santucho. Si bien él tenía su visión socialista e impulsaba el cambio revolucionario, concebía el camino para Chile propio: una revolución con empanadas y vino tinto. No estaba de acuerdo con la lucha armada, pero aceptaba que en otros países ése pudiera ser un camino”.

“Pero nosotros no vimos a Santucho en ese momento, sí en noviembre de 1972 cuando volvió a la Argentina, vía Chile. Nos reunimos en la casa de la comisión política del MIR, cerca del estadio nacional, en Ñuñoa. Estabamos Santucho, Gorriarán Merlo y nosotros. Fueron dos reuniones en las que el MIR y el PRT intercambiaron sus informes políticos y en las que hablaron fundamentalmente Santucho y Enríquez.
Ambos tenían una personalidad muy fuerte, notable. Lo primero que me llamó la atención de Santucho era una actitud llana, serena, aunque defendía con firmeza sus ideas. Miguel era muy diferente, extrovertido, pasional. Luego de hablar de la situación revolucionaria en la Argentina y Chile, se habló mucho de América Latina y particularmente del Conos Sur. A partir de esa reunión se incubó la idea de una coordinadora de las organizaciones revolucionarias, fue el germen de la Junta de Coordinación revolucionaria aunque no nació con ese nombre.
Sólo se oficializó a finales de 1973 a partir del golpe militar en Chile, a pesar de que ya durante ese año 73 tuvimos actividades comunes con Tupamaros y el ERP. Yo no participé de la coordinación específica que se dio después, ni de la escuela de cuadros que se armó, ni de la fabricación de armamentos posteriormente. Lo volví a ver recién en junio de 1973 en Córdoba”.

Cuando en 1976 la cúpula militar argentina tomaba el poder desde la ciudad de Tucumán, Santucho resumió la posición de la dirección del PRT.
El 7 de abril ante la ola de rumores declaró: “Unidad contra el gobierno y contra el golpe; Ante un gobierno fascistoide que supera en saña represiva a la dictadura militar de Lanusse y el golpe o autogolpe también reaccionario que se prepara, la posición de nuestro partido y de todo el movimiento progresista y revolucionario no puede ser otra que intensificar la lucha y erigir frente al enemigo una poderosa barrera democrática, antifascista, patriótica que mellará el filo de la represión, desbaratará los distintos planes antipopulares y encauzará acertadamente la vigorosa y multifacética lucha revolucionaria del pueblo argentino hacia sus sagrados objetivos de liberación nacional y social. ¡Muera la camarilla de López Rega! ¡No a los golpes militares! ¡Intensificar la lucha en todos los terrenos! ¡Amplia unidad democrática y antifascista!

El primero de abril de 1975 el mismo día en que la policía allanó la fábrica de ametralladoras de la Junta Coordinadora Revolucionaria Uno del ERP en la localidad bonaerense de Caseros, Santucho partió rumbo a Tucumán. Allí instalaría un centro de operaciones. El PRT ganaba adeptos en las más importantes industrias de punta a punta del país. A pesar de los desaparecidos, muertos y presos que llegaban ya a más de doscientos el ERP todavía parecía tener una fuerza considerable cercana a los 600 militantes unos dos mil simpatizantes activos y un área de influencia de más de 20 mil adherentes. Esta fuerza se multiplicaba por la pasión con que cada uno de los rebeldes se comprometía con sus ideas y por la incorporación de otros grupos políticos provenientes de la izquierda.

Cuando las huelgas comenzaron a declinar a partir de setiembre de 1975 y los principales dirigentes obreros fueron detenidos. En todo el país se apagaban las manifestaciones contrarias al gobierno que se debatía en peleas palaciegas mientras la nueva conducción militar de Videla y su jefe de Estado Mayor elaboraban la estrategia de los próximos meses. Santucho no pudo permanecer en Tucumán. A fines de agosto el Ejército descubrió el quincho de la comandancia guerrillera. Alertado Santucho había huido con su comité militar. Debió desistir abandonar el monte hasta reforzar la presencia guerrillera con nuevos combatientes y armas.

Pero la paulatina desmovilización de los trabajadores en todo el país dejó a la guerrrilla girando en el vacío, la imagen de un enfrentamiento entre aparatos militares comenzó a teñir la visión pública.
Los primeros días de octubre Viola juró “guerra total a la subversión”.
Los decretos reservados 770/71/72 que extendían la autorización a las Fuerzas Armadas para proceder “a ejecutar las operaciones militares y de seguridad que sean necesarias a los efectos de aniquilar el accionar de los elementos subversivos en todo el territorio nacional”.

Los mandos militares leyeron esos decretos como Exterminar a los guerrilleros. A partir de ese momento se instauraría un orden cerrado pletórico de eufemismos; no habrá prisioneros sino secuestrados, no habrá muertos sino desaparecidos.
Entre el 7 y 10 de octubre comenzó la declinación de la “Compañía de Monte Ramón Rosa Jiménez” en dos emboscadas una en la Ruta 38, zona del arroyo San Gabriel y otra en el kilómetro 14 de la ruta 307 a 5 kilómetros del ingenio Santa Lucía murió en un encarnizado combate de más de ocho horas casi todo el estado mayor rural del ERP Asdrúbal Santucho, Manuel Negrín, Jorge Carlos Molina. Solo se había salvado Lionel Mac Donald que continuaba al frente de los diezmados comandos guerrilleros junto al obrero tucumano Julio Ricardo a la espera de los refuerzos enviados desde Buenos Aires y Córdoba.

Veinte días después de la muerte de los jefes del ERP rural en la Décima primer Conferencia de Ejércitos Americanos en Montevideo el General argentino Rafael Videla dijo: “Si es preciso, en la Argentina deberían morir todas las personas que sean necesarias para lograr la paz del país”.
Santucho comenzó a planear el desesperado ataque al batallón del Monte Chingolo para obtener trece toneladas de armamento y enfrentar el futuro golpe militar que se venía a pesar de la convocatoria a elecciones anticipadas de Isabel Perón.
Santucho estaba decidido a parar el golpe, “como sea, y a preparar la resistencia, una decisión que agonizaría en la inmolación de cientos de militantes al grito de ¡A vencer o morir por la Argentina!

Pero a finales del año 1975 en las fábricas el ERP había perdido toda su influencia y la dramática situación de sus fuerzas acosadas por el Ejército en los centros urbanos, hacía que las instrucciones de Santucho quedaran en el papel.
¿Qué era lo que había pasado en Tucumán?
El Teniente Coronel Jorge Mittelbach subjefe de la Fuerza de Tareas “Berdina”, oficial de operaciones y personal en Faimallá entre mayo y julio de 1976 recordará años más tarde la agonía del ERP rural y el cierre del Operativo Independencia a cargo del general Domingo Bussi.
“Cuando llegué al monte habría unos 10 o 15 guerrilleros dispersos, dirigidos por Mac Donald, a quien matamos poco después. Ahora bien como oficial del Ejército Argentino, creo que no estábamos preparados para la lucha antisubversiva. Y cuando fuimos al monte, salimos a combatir con los reglamentos de Corea, Vietnam y Argelia. Por eso decíamos, tomamos prisioneros, los torturamos y con la información así lograda salimos a buscar a otros subversivos. Al monte se transfirieron los procedimientos usados en las ciudades, pero también, porque el ámbito lo permitía, se salió a combatir abiertamente. A mi que soy militar no me tembló la mano para ese combate limpio. No hubiera tenido problemas en ser jefe de un pelotón de fusilamiento de guerrilleros que hubieran sido juzgados sumariamente de la violencia, aniquilar al enemigo significaba hacerle perder su capacidad de lucha hasta rendirse o matarlo en combate franco”.

“Cuando llegué entonces Bussi era ya gobernador de Tucumán. Pero una de las primeras cosas que vi fue que se le daba importancia prioritaria a la inteligencia militar, que consistía en tomar prisioneros, someterlos a tormentos, extraerles información y pasarlos a disposición final , es decir pegarles un tiro en la cabeza, quemarlos y enterrarlos en el monte.
Lo primero que me mostraron cuando llegue al patio de prisioneros, un lugar lóbrego y tenebroso. Esa misma noche 5 de mayo de 1976 a un día de estar en la fuerza, a las dos de la mañana, me despertaron los gritos de los torturados.
Me asomé vi gente de 70 años y también de doce años. Inmediatamente pedí hablar con los jefes de la fuerza, tenientes coroneles Reposi y Ríos Ereñú. Reposi me dijo “mirá negro, acá las cosas no son como nos enseñaron en la escuela”; yo contesté “las cosas son como vos querés que sean, como tu ética militar lo indique”. Y Reposi reflexionando me dijo que hablara con Ríos Ereñú. Le pedí un relevamiento médico de los prisioneros y que sacaran a esa criatura de doce años de allí.
Ríos Ereñú me dijo: “NO se preocupe, déjeme que yo hable con el general Bussi. Tengo una reunión con él en Fronterita”. Yo me quedé preocupado porque me daba cuenta de que había dado un paso definitivo, al obligarlo a decidirse por dejar esos métodos o sostenerlos. Al regresar él de su reunión con Bussi salgo a su encuentro. Ríos Ereñú me dijo con gran sonrisa : no se preocupe el general estuvo de acuerdo, prepare a los prisioneros que mañana a las 7.30 pasarán a buscarlos. Los iban a sacar de la sede de la Fuerza de Tareas y trasladarlos fuera de la mirada de los soldados. Respecto a la chica me dijo que la mandarían a un asilo para después entregarla a su familia cuando terminara el operativo Independencia.
¿Cuantos guerrilleros quedaban en ese momento? Realmente no más de una docena porque si no los mataba el hambre los matábamos nosotros. Respecto a la acción cívica Bussi apretaba a los cañeros ricos e hizo centros asistenciales y escuelas pero no reactivó la base productiva de la provincia ya desmantelada”.

Muchos uruguayos pertenecientes al MLN Tupamaros combatieron junto al ERP, fueron asesinados, hechos prisioneros, fusilados y asesinados por el Ejército Argentino.
Una vez derrotada la organización guerrillera en Uruguay, desde Chile y Argentina pasaron a integrar la Junta Coordinadora Revolucionaria bajo el liderazgo principal del ERP y su líder Mario Roberto Santucho.

UN 19 DE JULIO DE 1979 TRIUNFABA LA REVOUCIÓN NICARAGUENSE DONDE TAMBIÉN PARTICIPARON CIENTOS DE URUGUAYOS, CHILENOS Y ARGENTINOS PERTENECIENTES A ESAS MISMAS ORGANIZACIONES REVOLUCIONARIAS Y PARTIDOS COMUNISTAS.
VARIOS INTEGRANTES DEL ERP ARGENTINO AJUSTICIABAN AÑOS DESPUÉS AL DICTADIOR NICARAGUENSE ANASTASIO SOMOZA EN PARAGUAY.
EN ESA OCASIÓN ERA ABATIDO HUGO IRURZÚN, EL “CAPITÁN SANTIAGO” OTRO DE LOS FUNDADORES DEL ERP-PRT.

DESDE URUGUAY RECORDAMOS AL GUERRILERO ARGENTINO.

“PORQUE NADA HAY ENCUBIERTO QUE NO HAYA DE DESCUBRIRSE; NI OCULTO QUE NO HAYA DE SABERSE”. SAN LUCAS 12.2

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