Praia de Tarrafal (isla de Santiago). Fuente: Francisco Fontes
Entrevista a Francisco Fontes
Por Agustín Casanova (desde Portugal)
En nuestra coyuntura, la sociedad burguesa convierte grandes acontecimientos como el Campeonato Mundial de Fútbol en fetiches de alienación de los pueblos. Sin embargo, allí también aparecen grietas que, dialécticamente, pueden abrir posibilidades emancipatorias: el Mundial puede inspirarnos a profundizar los lazos de amistad entre los pueblos a través de su conocimiento mutuo. En el presente Mundial, organizado bajo el régimen de Trump, una de esas grietas lleva el nombre de Cabo Verde.
Esta pequeña nación africana de alrededor de 4.000 km² y 500.000 habitantes, insular y profundamente singular, constituye un archipiélago de diez islas, nueve de ellas habitadas [1]. Está marcada por la fragmentación territorial, la escasez de recursos naturales, la emigración, la sequía y la dificultad histórica de construir su propia viabilidad como Estado independiente. Sin embargo, precisamente desde esa pequeñez aparente, Cabo Verde expresa una historia de alcance universal. Su aislamiento geográfico no la separó de la historia mundial: por el contrario, la colocó en una ruta decisiva de la modernidad capitalista, del tráfico esclavista atlántico y, más tarde, de las luchas de liberación nacional.
Tierra vinculada a Amílcar Cabral [2], el archipiélago fue parte de una experiencia política que desbordó cualquier nacionalismo estrecho. La lucha por su independencia, organizada junto a la de Guinea-Bisáu, no fue simplemente la afirmación de una bandera contra otra bandera. Fue una lucha anticolonial, popular, africana e internacionalista, articulada con el campo de fuerzas que tuvo en la Tricontinental una de sus expresiones más altas: la unidad de los pueblos de Asia, África y América Latina contra el imperialismo.
Y cuando decimos imperialismo, no hablamos de los pueblos de los países imperialistas, pues ellos también lo sufren desde la propia alienación inherente a las formas burguesas de dominación. En este caso, la lucha por la independencia de Cabo Verde no solo no fue contra el pueblo portugués, sino que constituyó un factor determinante para liberarlo del régimen fascista del Estado Novo. Del mismo modo, la Revolución de los Claveles en Portugal, que sustituyó el chovinismo fascista por el patriotismo revolucionario, fue también un factor decisivo para terminar de concretar el éxito de la guerra de liberación.
En definitiva, ante la necesidad de insistir en el acercamiento entre los pueblos, aprovechamos esta coyuntura para aproximar la realidad africana de Cabo Verde a América Latina. Para este objetivo, conversamos con la autorizada voz de Francisco Fontes, periodista portugués de reconocida trayectoria, vinculado desde hace más de tres décadas a la realidad caboverdiana: inicialmente, durante sus años como director de la Agencia Lusa en el país; luego, desde la edición de literatura caboverdiana y desde la difusión de las distintas facetas de su cultura.

Agustín Casanova- ¿Qué le dirías a quien no conoce Cabo Verde? ¿Cómo definirías, en pocas palabras, el país?
Francisco Fontes- Es un país insular, compuesto por diez islas, nueve de ellas habitadas. Son islas con fuertes contrastes entre sí, aunque comparten algunas similitudes geográficas. Algunas están más orientadas al turismo de playa, que ha sido una de las principales apuestas económicas del país; otras presentan una geografía más particular, más montañosa, con zonas que gradualmente permiten cierta sostenibilidad para el consumo alimentario. Las islas se encuentran, en general, poco conectadas entre sí. La población caboverdiana no siempre conoce las demás islas de su propio país, en parte porque los billetes de avión resultan prohibitivos para amplios sectores populares. Esta fragmentación territorial genera, incluso, dificultades para la propia administración del Estado. En ese marco de aislamiento, cada isla desarrolló también adaptaciones propias de la lengua materna, el criollo caboverdiano, o simplemente caboverdiano.
Cabo Verde es también un país que enfrenta importantes dificultades económicas. El turismo de playa, una de sus principales actividades, no necesariamente deja en el país una parte significativa de los recursos que genera. Los paquetes turísticos han sido vendidos, en muchos casos, por grupos españoles, italianos o alemanes, que facturan en sus propios países o en otros mercados. La facturación realizada dentro de Cabo Verde es, por tanto, reducida, y por eso el impacto directo del turismo sobre la economía nacional resulta menor.

Pico do Fogo (isla de Fogo). Fuente: F.F
– ¿Qué podrías decirnos del criollo caboverdiano?
– Recuerdo que, a comienzos de los años 2000, cuando residía en el país y ejercía actividad periodística, en una conversación con el Ministro de Educación, en el momento en que había vuelto al poder el PAICV [3], se planteaba nuevamente la cuestión de la oficialización efectiva del criollo. El criollo ya estaba consagrado en la Constitución, junto con el portugués, como lengua oficial, pero faltaba hacer efectiva su oficialización práctica. Le pregunté al ministro si iban a avanzar y me respondió, de forma muy tajante: —No tenemos dinero para eso. En otros contactos con el Primer Ministro, que hoy es Presidente de la República, él tenía una visión curiosa y al mismo tiempo defensiva. La tendencia de oficialización del criollo pasaba por dos variantes, que sintetizaban la fuerza política históricamente concentrada entre la isla de São Vicente y la isla de Santiago, donde se encuentra la ciudad de Praia [4], la capital del país.
– ¿El criollo es inteligible para un lusoparlante?
– De una forma general, sí. Según los estudiosos, el criollo tiene su base en el portugués antiguo de los primeros ocupantes. Muchas veces se encuentran en el criollo adaptaciones de expresiones que ya no existen en el portugués actual o que dejaron de ser comunes en Portugal. Quizá las personas mayores todavía las utilicen.
-¿Qué ha pasado en las últimas elecciones del pasado junio?
– En términos políticos, las últimas elecciones determinaron la alternancia en el poder. Después de diez años del partido liberal, el Movimento para a Democracia (MpD), volvió el PAICV. Hay esperanzas renovadas con este nuevo gobierno y con este primer ministro, Francisco Carvalho, que es sociólogo y fue presidente de la Cámara Municipal de Praia. Me decían que él bebe mucho de la filosofía política de Amílcar Cabral. Se considera cabralista, tanto en el discurso como en algunas políticas concretas. Es una nueva generación que se está afirmando en el poder. Existe la expectativa de una inversión de políticas, especialmente en beneficio de las poblaciones con más dificultades.
– ¿Y cuál fue la mayor sorpresa cuando llegaste a las islas?
– Una de las cosas que más me sorprendió fue que yo venía de Europa hacia África y, cuando entraba en contacto con personas del medio rural, me recordaban mucho a las personas más antiguas de Trás-os-Montes [5]. La única diferencia más evidente era el color de la piel. Había negros y mestizos, pero, en términos de comportamientos, encontré muchas semejanzas. Eso me sorprendió.
Yo ya había estado algunos días en Cabo Verde, con ocasión de un evento, pero cuando uno va a vivir a un país africano espera encontrar una cultura muy diferente. Había diferencias muy grandes en la música, sin duda. Pero, en la gastronomía, la comida que encontraba era una versión híbrida de la gastronomía portuguesa. Muchas veces había dificultades para conseguir ciertos productos necesarios para preparar platos tradicionales portugueses, pero la matriz era muy semejante. Yo esperaba encontrar más diferencias y no encontré tantas.
Las diferencias existían en la forma en que las personas se relacionaban, pero también eran abiertas y acogedoras, tal como ocurre en los medios rurales menos urbanizados. En una ciudad como Coímbra o Lisboa, muchas veces las relaciones están más movidas por intereses. La acogida puede no ser genuina. En las zonas rurales, en cambio, las personas son genuinamente simpáticas, solícitas y acogedoras. Fue eso lo que encontré en Cabo Verde, y no lo esperaba.

Zona campesina de Tarrafal (isla de Santiago). Fuente: FF
– ¿Notaste una sociedad particularmente desigual?
– Ciertamente Praia y Mindelo [6] son las ciudades más ricas y donde los contrastes sociales son más acentuados que en otras islas más rurales. Hay mucha actividad comercial concentrada en esas dos ciudades.
En Mindelo, buena parte de esa dinámica gira en torno a la importancia de Porto Grande, de los contactos internacionales, del turismo, de la escala de los cruceros y de la actividad portuaria en general. Todo eso crea una dinámica comercial más rica. La presencia de visitantes también fomenta cierta industria cultural y de animación. Cuando uno va a Mindelo, encuentra con frecuencia lugares donde hay música en vivo. Incluso en los restaurantes, durante las comidas, puede aparecer alguien para tocar y cantar. Eso es claramente una oferta orientada al turismo.
En la época en que yo estaba allí, todavía no existía una conciencia tan clara de la importancia de esa actividad para el desarrollo turístico. Había hoteles y bares donde los grupos musicales tocaban regularmente, pero todavía no había una estrategia articulada. Hoy probablemente existe más esa percepción: mostrar la cultura local, la música caboverdiana y los artistas de la tierra como parte de la experiencia turística. A los turistas les gusta eso y terminan permaneciendo más tiempo y consumiendo más. Naturalmente, existe también una perspectiva económica, de obtención de ingresos, pero tengo la impresión de que, en aquella época, todavía no había plena conciencia de su importancia para el desarrollo del turismo.
En la ciudad de Praia ocurre otra cosa. La presencia de instituciones de las Naciones Unidas y de representaciones diplomáticas genera una demanda diferente. Hay personas con un poder de compra muy superior al de la mayoría de la población, y eso crea necesidades específicas.
– Pensando en la formación social caboverdiana, ¿qué peso tenía el trabajo asalariado y qué peso tenían las actividades por cuenta propia?
– La economía informal tenía un peso muy importante. Muchas personas la mencionaban como una forma de salir de la pobreza o, al menos, de sortear la falta de recursos. Era una economía que ni siquiera entraba en las cuentas del PIB, pero permitía sobrevivir a mucha gente.
Había personas que montaban pequeños negocios en la calle o actuaban como intermediarias. Recuerdo vendedores que iban a la lonja a comprar pescado —atún y otras especies— y después recorrían las calles con grandes recipientes de plástico. Tocaban las puertas, ofrecían el pescado y, si alguien quería comprar, cortaban allí mismo la cantidad solicitada y negociaban el precio. En el interior ocurría algo semejante: al borde de la carretera podía haber alguien sacrificando una cabra y vendiendo la carne en trozos en el propio lugar. También se vendían bolsitas de helado, collares, cuadernos, ropa y productos agrícolas como papaya, mango y otros frutos. Muchas de esas ropas eran compradas en Brasil para su posterior reventa.
Más tarde, según me contaban, comerciantes chinos percibieron esa oportunidad de negocio y comenzaron a contratar a algunas de esas vendedoras para hacer compras en mayor escala. Con mayor capacidad financiera, terminaron ocupando parte de ese mercado y pasaron a vender los productos en sus propias tiendas.
También, en los años noventa, durante los gobiernos liberales del MpD, se formó una especie de entramado financiero en torno a los microcréditos. Más de una decena de ONG comenzaron a funcionar, en los hechos, casi como bancos, aprovechando la desarticulación del Estado y del proyecto revolucionario que se había formado en los años ochenta.
Respecto a los empleados, en aquella época, se encontraban fundamentalmente en el Estado. Creo que el salario de un cuadro medio o superior de la administración pública rondaba los veinte contos caboverdianos, que convertidos a la moneda portuguesa de entonces serían cerca de cuarenta mil escudos [7].

Mercado de la ciudad de Praia (isla de Santiago). Fuente: FF
– Digamos que, en comparación con otras administraciones, eran salarios muy austeros
– Lo que me sorprendía muchísimo era cómo, con presupuestos tan limitados, se conseguía gestionar un país insular. Era necesario mantener hospitales o centros de salud mínimamente razonables en cada isla, y algunas islas tenían incluso pequeños aeropuertos, que también implicaban costos. Existía además una red escolar que procuraba garantizar cierta proximidad a las poblaciones, aunque en algunas localidades los niños tuvieran que desplazarse para estudiar. Una de las grandes características del país era precisamente el nivel de escolaridad de la población. La población joven era muy numerosa y crear una red escolar capaz de responder a esa realidad exigía enormes inversiones, pero los resultados se veían.
El problema era que esa escolarización creaba también una contradicción: una población joven más formada, pero sin muchas perspectivas dentro del país. En la época en que estuve allí, esa juventud era bombardeada por la publicidad, el consumismo, la expansión de las redes móviles y nuevos patrones de consumo. Al mismo tiempo, Cabo Verde daba algunos saltos tecnológicos interesantes. Cuando llegué, las tarjetas de ciudadano, las licencias de conducir e incluso determinados procedimientos administrativos ya eran digitales. Portugal solo haría algunas de esas modernizaciones más tarde.

Niña en Chã das Caldeiras (isla de Fogo). Fuente: FF
– ¿Creés que las familias sufren como un drama su fragmentación a causa de la emigración?
– Yo creo que, más que un drama, es casi un destino. Los emigrantes ayudan mucho a las familias que quedaban en Cabo Verde. Las remesas constituyen una ayuda importante para superar situaciones de pobreza y falta de recursos.
– ¿Cuál es la memoria en relación a la colonización portuguesa?
– Percibía que las personas eran cuidadosas al abordar determinados temas, quizá también porque yo soy portugués. Existía presencia militar portuguesa y, en algunos casos, abusos sobre la población local. Se hablaba, por ejemplo, de abordajes inadecuados a las mujeres. No era un tema muy desarrollado, pero aparecía en las conversaciones.
Al mismo tiempo, había portugueses instalados en el país, con sus negocios y actividades, y muchos terminaron siendo asimilados con mayor o menor armonía. Recuerdo haber hecho algunos trabajos sobre sacerdotes portugueses que permanecieron en Cabo Verde. Uno de ellos ya era bastante anciano y recorría las parroquias en moto. Por lo que me explicaron, hubo una generación de sacerdotes enviada a Cabo Verde después de los años cincuenta. Tenían una misión evangelizadora, pero también un proyecto de renovación de la propia Iglesia. Muchos sacerdotes más antiguos estaban profundamente integrados en la sociedad local: tenían relaciones familiares, hijos y un vínculo muy fuerte con las comunidades. Los nuevos sacerdotes llegaron con la intención de alterar algunas de esas prácticas e introducir cambios litúrgicos. Eso generó conflictos con poblaciones habituadas a determinadas formas de celebración. Era un ejemplo de cómo ciertos elementos de la vida cotidiana eran conservados y resistían al cambio.
Me viene ahora a la mente el caso de los Rabelados. Un grupo que surge como respuesta a las reformas impulsadas por la Iglesia Católica en los años cuarenta. Esa población se negó a abandonar sus prácticas religiosas anteriores y terminó formando una comunidad aislada en el interior de la isla de Santiago. Quien deja esa comunidad, nunca más puede volver.
También existían en Cabo Verde elites provenientes del período colonial, personas con privilegios y reconocimiento social. Recuerdo un trabajo que hice en la isla de Fogo, considerada uno de los lugares donde la sociedad esclavista había dejado marcas más profundas. Allí se seguía hablando del “cementerio de los blancos” y del “cementerio de los negros”. El cementerio de los blancos había sido creado por una familia portuguesa muy poderosa. Más tarde sus descendientes se volvieron mestizos, pero la designación permaneció.
En ese cementerio había una tumba situada fuera del recinto principal. El lugar era bellísimo, sobre un acantilado, con una vista extraordinaria, y aquella tumba aislada estaba muy bien cuidada. A partir de ella empecé a investigar la historia. Un folleto de la Cámara Municipal aludía al caso de forma casi novelesca: decía que aquella señora se habría involucrado amorosamente con un negro y que, en el momento de la muerte, habría sido excluida por la familia y no sepultada en el cementerio principal. Escuché esa versión de varias personas, incluso de descendientes de esas familias.
Entrevisté a dos personas descendientes de aquellas familias coloniales. Una de ellas, vinculada precisamente a esa historia, defendía otra explicación: decía que la señora había sido enterrada fuera porque el cementerio estaba lleno y ya no había espacio. Pero el sentido común lleva a pensar que una familia poderosa habría podido ampliar fácilmente el recinto, porque espacio había. Esa duda me llevó a investigar.
Después de publicado el trabajo, hubo cierta preocupación. Pasado algún tiempo llamaron a Lusa, cuestionaron la interpretación que yo había presentado y llegaron incluso a amenazar con un proceso judicial para defender la memoria de la familia, porque el texto sugería la existencia de una relación amorosa interracial. Volvemos ahí a la cuestión del colonialismo. Esa señora colaboraba regularmente en un periódico ligado a la diócesis y escribió un artículo contestando mi interpretación, sin mencionarme directamente, pero insinuando que existía una especie de difamación histórica. Era una forma sutil de responder.
-¿Y en relación a la memoria sobre Amílcar Cabral, los primeros años de la presidencia de Aristides Pereira [8] y el socialismo? ¿Qué percibiste?
– Lo que veo, y continúo viendo, es un conjunto de llamados a la recuperación del mensaje de Amílcar Cabral a las nuevas generaciones. Tal como aquí se procura transmitir a los jóvenes la importancia del 25 de Abril y dar a conocer aspectos del antiguo régimen. En Portugal esa preocupación está ligada a la politización democrática. Allí creo que la cuestión es diferente. Es más la recuperación de un valor nacional. De la importancia de Amílcar Cabral para Cabo Verde. De la importancia de él para el país que Cabo Verde consiguió construir. Y también del idealismo que movilizó a las personas. El idealismo que inspiraba a Cabral y que permitió crear un país viable. Ahora, con este nuevo Primer Ministro, se está reforzando aún más la reivindicación a Cabral.

Casa de Amílcar Cabral (Santa Catarina, isla de Santiago). Fuente: FF
– La lucha por la independencia fue también la lucha por la viabilidad
– Podría comentarte que Aristides Pereira, en un determinado momento, habría defendido una especie de autodeterminación manteniendo la conexión con Portugal. Algo que podría compararse, en términos administrativos, con el modelo que hoy existe en Madeira y Azores [9]. A veces se recordaba eso.
Recuerdo, por ejemplo, una ocasión en que me pidieron desde Lisboa hacer una entrevista con Aristides Pereira. Él ya no era Presidente en ese momento. Fui a visitarlo a su casa, que quedaba cerca de la mía. En esa conversación, Aristides Pereira hizo un gran elogio de una personalidad portuguesa ligada a la Fundación Gulbenkian. Era un administrador de la Gulbenkian que, creo yo, había pertenecido al CDS. Tenía un fuerte vínculo con Cabo Verde a través de los apoyos de la fundación, especialmente en el área de la salud. Aristides Pereira decía: “Nosotros, en la independencia, no teníamos nada. Y, si no hubiera sido por la Gulbenkian, no habría sido posible crear puestos de salud en varios lugares”.
Imagino —y aquí ya estoy especulando— que esa visión se relacionaba con una idea muy presente en Cabo Verde. Todavía hoy se encuentra frecuentemente la noción de que Cabo Verde era un país inviable: sujeto a la sequía, sin recursos naturales y sin grandes condiciones materiales. Pero los caboverdianos consiguieron hacerlo viable. Continúa siendo señalado como uno de los países africanos con mejores indicadores de desarrollo, a pesar de esas limitaciones. Existe la creencia de que fueron los propios caboverdianos quienes transformaron un país considerado inviable en un país viable.
Es posible que, en las reflexiones y angustias de los dirigentes de la independencia, estuviera presente esta preocupación: ¿cómo desarrollar un país con tan pocos recursos?
Tenían algunos cuadros políticos calificados, pero no podían responder por todas las áreas. Quizá por eso tomaron decisiones que hoy pueden parecer idealistas. ¿Recordás aquella historia de la compra de tierras en Paraguay? [10] Hay ahí cierta dosis de idealismo. Comprar tierras del otro lado del Atlántico para resolver problemas alimentarios parecía una solución difícil de concretar. Pero quizá aquellos hombres que hicieron la lucha de liberación se preguntaban: “¿Qué vamos a hacer con este pueblo? ¿Cómo vamos a desarrollar este país? Sin recursos, sin tecnología y con pocas infraestructuras”.
– Hubo quien veía en el PAIGC una especie de anexión de Cabo Verde a Guinea [11].
– Sobre eso no conozco suficientemente bien la cuestión. Pero puedo dar una intuición. La idea de la unión de los dos territorios quizá formara parte del idealismo original del propio Amílcar Cabral. Cabral nació en Guinea. Vivió en Cabo Verde. Pasó por la isla de Santiago. Después fue a Mindelo. Desde Mindelo recibió una beca para estudiar en Portugal. Y más tarde regresó a Guinea. Quizá la propia trayectoria biográfica de él ayudara a idealizar esa unión. Por otro lado, los caboverdianos continúan destacando la transformación de un país considerado inviable en un país viable. Tal vez existiera también una lógica de complementariedad. Guinea tenía recursos naturales, potencial agrícola y condiciones que podrían ayudar a Cabo Verde. Puede haber habido un conjunto de factores que contribuyeron a esa visión. Pero no lo sé.
– De hecho, actualmente Cabo Verde tiene un vínculo especial con la Unión Europea.
– Es un caso muy particular. Cabo Verde forma parte de la Macaronesia, junto con Azores, Madeira y Canarias, pero es el único de esos archipiélagos que no forma parte de la Unión Europea. Azores y Madeira son portuguesas, Canarias es española, y Cabo Verde es un Estado independiente. Lo que tiene es un acuerdo monetario: el escudo caboverdiano mantiene un tipo de cambio fijo con el euro debido a un acuerdo de cooperación cambiaria con Portugal. Entonces, se puede decir que Cabo Verde tiene un vínculo especial con Europa; mejor dicho, con la Unión Europea. Ahora, ese vínculo especial conserva una dependencia monetaria, incluso una colonización monetaria. El Banco Central Europeo acaba condicionando la política monetaria de Cabo Verde.
– Tengo la impresión de que Cabo Verde tiene una proyección artística que va mucho más allá de su dimensión geográfica.
– Ciertamente. Sin duda. Sobre todo en términos artísticos y musicales. Hoy no existe ninguna figura con la proyección internacional que tuvo Cesária Évora [12]. Pero Cesária se benefició de circunstancias muy particulares, que fueron aprovechadas para proyectar su carrera internacionalmente. Terminó siendo trabajada como un producto cultural muy bien promovido por el empresario caboverdiano José da Silva, a quien a veces llamaban Djô da Silva, la forma caboverdiana de decir João da Silva. Con sus editoras y proyectos ligados a la música del mundo y a la música caboverdiana, ayudó a proyectarla internacionalmente. Pero ella abrió camino para otros artistas. Llamó la atención sobre Cabo Verde.
Puedo comenzar por una idea muy personal: la cultura es también una forma de escapar de la pobreza. Mário Lúcio Sousa [13] es un ejemplo de eso. Cesária también. Ella pasaba los días en los bares, cantaba, bebía sus copas y llevaba una vida muy sencilla. Después apareció ese empresario que la proyectó internacionalmente. Es una forma de ascenso social. Una forma de escapar de la pobreza.
Pero hay una densidad cultural muy particular. Cuando yo estaba allí, reparé en algo curioso: varios candidatos a la Presidencia de la República tenían actividad literaria o artística. Un antiguo Presidente de la República, Jorge Carlos Fonseca, era poeta y tenía libros publicados. Mário Lúcio fue ministro. Es músico, poeta, novelista y dramaturgo. Ni siquiera sé en qué área es más fuerte, si en la música o en la literatura. Tchalé Figueira es pintor, poeta y ficcionista, aunque creo que continúa siendo sobre todo pintor. Vasco Martins es compositor e instrumentista, con una obra multifacética que va de la guitarra clásica a la morna. Compuso para piano, violonchelo y formaciones sinfónicas. También es un excelente poeta y escribió novelas muy interesantes, algunas bastante innovadoras para la literatura caboverdiana.
Después está, por ejemplo, Bettencourt, un cuadro de la lucha armada que venía de la Independencia y a quien yo conocí como responsable de empresas públicas en Cabo Verde. No sé si llegó a tener algún cargo gubernamental. Tenía discos grabados; no se dedicaba profesionalmente a la música, pero tenía varios discos de guitarra. Fue también uno de los integrantes de la Orquesta Nacional que Mário Lúcio patrocinó. Además, hay varios escritores caboverdianos que forman parte también de la historia de la literatura portuguesa: Manuel Lopes, Manuel Ferreira, Baltasar Lopes y toda aquella generación de Claridade [14]. Muchos de ellos figuran tanto en la literatura caboverdiana como en la portuguesa. En la diáspora también hay gente con bastante proyección.
– ¿A quién nos recomendarías para aproximarnos a la cultura caboverdiana?
– En ficción, recomendaría a Mário Lúcio y Germano Almeida. En poesía, Vasco Martins y Arménio Vieira, que recibió el Premio Camões. Aunque tiene dos novelas, fue sobre todo como poeta que se destacó a lo largo de décadas. José Vicente Lopes también comenzó por la poesía, aunque después se dedicó más al periodismo. José Luís Tavares es un excelente poeta. En ficción también recomendaría a Joaquim Arena. Tiene una obra muy consistente, fue traducido a varias lenguas y recibió premios importantes.
En la música destacaría también a Mário Lúcio. También a Tito Paris, de quien personalmente no soy un gran apreciador, pero a quien reconozco enorme calidad. Después está Bau. Aunque no haya grabado mucho, es brillante como instrumentista. Más como ejecutante que como compositor. Pertenece a una generación más antigua. Hay músicos más jóvenes, naturalmente, pero estos ya tienen carreras consolidadas y quien tenga curiosidad encuentra fácilmente información sobre ellos.
Mayra Andrade también merece destaque. Conocí a Mayra cuando todavía era una niña en Cabo Verde. Ella ganó visibilidad a través de los Juegos de la Francofonía. Fue eso lo que le dio proyección inicial. Después comenzó a aparecer en pequeños conciertos y en colaboraciones con otros artistas. Creo que Mayra intentó, en cierta medida, ocupar un espacio semejante al que Cesária Évora representó para Cabo Verde. Hoy tiene una carrera consistente y con cierta proyección internacional. Pero naturalmente no comparable a la dimensión que Cesária Évora alcanzó. Ni en términos musicales ni en términos de proyección pública.
En la música está también Orlando Pantera. No dejó mucha obra grabada. De hecho, ni siquiera sé exactamente cuánto existe grabado de él. Pero fue una figura muy importante en la composición y en la renovación de la música caboverdiana.
– A propósito de Mário Lúcio, que según sé, ha estudiado en Cuba, ¿qué notaste sobre la solidaridad cubana con el país?
-Sí, existió cooperación con Cuba. Mário Lúcio fue a Cuba a través de una beca atribuida a Cabo Verde. Estudió Derecho allí y después regresó. Junto con otras personas que también habían estudiado en Cuba. En general, no sé hasta qué punto, pero existió claramente en el área de la salud. Cuando tuve un problema en Cabo Verde fui tratado por un médico cubano ortopedista. Cuba era reconocida precisamente en áreas como la ortopedia y la oftalmología.
Aquí mismo, en Coímbra, hubo personas que viajaron a Cuba para ser operadas de cataratas. Recuerdo municipios del interior que llegaron a financiar esos desplazamientos porque las listas de espera en Portugal eran muy largas. También hubo casos de atletas que fueron a Cuba para hacer tratamientos y recuperación física. Recuerdo a un atleta ligado a una modalidad náutica, no sé exactamente cuál, que quedó parapléjico y fue tratado allí.

Amílcar Cabral y Fidel Castro en la Conferencia Tricontinental (1966). Fuente: Wikipedia
– La selección caboverdiana ha sido una gran sorpresa en la Copa del Mundo 2026, ¿has notado una cultura futbolística importante? ¿Cómo se inserta el fútbol en la integración de la sociedad caboverdiana?
– Sí, mucho. Cuando estaba allí hice un reportaje con un hombre que tenía una escuela de fútbol en Praia. Trabajaba sobre todo con niños muy pobres. En el fondo, aquel hombre era un idealista. Más que formar jugadores, quería formar personas a través del fútbol: darles educación, disciplina e instrumentos para la vida. Esa escuela formó a muchos jóvenes. Recibía algunos apoyos, tenía monitores y también tuvo un papel importante en el desarrollo del fútbol femenino. Todos los años organizaba participaciones en torneos internacionales y conseguía apoyos para llevar equipos a Portugal, Holanda y otros países. Eso era un factor de motivación. Algunos jugadores que pasaron por aquella escuela llegaron después a jugar en clubes portugueses de primera división.
Cabo Verde nunca produjo una gran superestrella mundial, pero sí jugadores de buen nivel, con calidad técnica y cultura táctica. Eso significa que existe formación. Algunos crecieron en la diáspora, pero otros nacieron en Cabo Verde e hicieron allí su formación.
– Pensando en el fútbol, la cultura y el idioma portugués, ¿dirías que Brasil, como país más poblado y la economía más poderosa en el mundo lusófono, se proyecta como la sociedad caboverdiana?
– Creo que esa influencia existe, pero no precisamente a través de una política institucionalizada. Creo que viene sobre todo de las telenovelas brasileñas. Tal como ocurrió en Portugal. Las telenovelas terminan introduciendo comportamientos, gustos, formas de vestir y maneras de hablar. Mucha de la moda popular y accesible que circulaba en Cabo Verde venía asociada a ese imaginario creado por las telenovelas. No tanto a una influencia política o institucional. También existe cierta influencia a través de la enseñanza superior. En la música no me parece que sea tan fuerte. Mário Lúcio desarrolló algunos proyectos y contactos musicales con Brasil. Terminó encontrando ahí un espacio propio para destacarse. Llegó incluso a grabar con Gilberto Gil y con otros músicos brasileños. Tiene un disco donde eso ocurre. Pero, de forma general, el contacto de los artistas caboverdianos era mucho más intenso con Francia y Portugal que con Brasil.
Notas del entrevistador
[1] Las islas son Boa Vista, Brava, Fogo, Maio, Sal, Santa Luzia (deshabitada), Santiago (donde se encuentra la capital Praia), Santo Antão, São Nicolau y São Vicente.
[2] Amílcar Cabral (1924-1973) fue uno de los grandes dirigentes marxistas y anticoloniales de África. Nacido en Guinea-Bisáu, de familia caboverdiana, se creció en Cabo Verde. Se formó como ingeniero agrónomo y convirtió ese conocimiento del territorio y del campesinado en una herramienta política para la lucha de liberación. Fue fundador del PAIGC, organizó la lucha revolucionaria por la independencia de Guinea-Bisáu y Cabo Verde contra el colonialismo portugués, desde la lucha por el socialismo. Su vínculo con Cuba fue parte central del internacionalismo revolucionario de los años sesenta. Cabral participó en la Conferencia Tricontinental de La Habana, en 1966, donde se tornó fundador de la Organización de Solidaridad de los pueblos de África, Asia y América Latina (OSPAAAL). Cuba apoyó al PAIGC con médicos, técnicos, instructores militares y solidaridad política, convirtiendo la causa dirigida por Cabral en una de las expresiones africanas más importantes del internacionalismo cubano. Fue asesinado en 1973, antes de ver consumada la independencia.
[3] Cabo Verde formaba parte del sistema colonial portugués que sobrevivió hasta la segunda mitad del siglo XX, junto con Angola, Mozambique, Guinea-Bisáu, Santo Tomé y Príncipe, Timor Oriental, Macao y los territorios del llamado Estado portugués de la India. Por su condición insular, su escasez de recursos naturales y su fuerte dependencia exterior, Cabo Verde aparecía muchas veces como un territorio difícilmente viable como Estado independiente. En ese marco, Amílcar Cabral —nacido en Guinea-Bisáu, criado y formado también en Cabo Verde— impulsó una estrategia revolucionaria que articulaba la liberación nacional de Guinea y Cabo Verde en un mismo proyecto político, dirigido por el Partido Africano para la Independencia de Guinea y Cabo Verde (PAIGC). La lucha anticolonial del PAIGC, apoyada por la solidaridad internacionalista del campo socialista y por redes como la Organización de Solidaridad de los Pueblos de Asia, África y América Latina (OSPAAAL), desembocó en la independencia tras la Revolución de los Claveles de 1974, que puso fin a la dictadura fascista y colonialista portuguesa. El proyecto original buscaba constituir una unidad estatal entre Guinea-Bisáu y Cabo Verde, inspirada en el pensamiento marxista y anticolonial de Cabral; sin embargo, el golpe de Estado de 1980 en Guinea-Bisáu rompió esa perspectiva de unidad nacional. A partir de entonces, la organización caboverdiana se separó del PAIGC y adoptó el nombre de Partido Africano de la Independencia de Cabo Verde (PAICV), manteniendo durante los años ochenta una orientación de inspiración socialista. Con la crisis y posterior caída del campo socialista, el PAICV abandonó progresivamente ese horizonte y se desplazó hacia posiciones socialdemócratas.
[4] Capital y ciudad más poblada con 150.000 habitantes. Se sitúa en la isla de Santiago.
[5] Provincia histórica del noreste de Portugal.
[6] Segunda ciudad más poblada con 70.000 habitantes. Se sitúa en la isla de São Vicente.
[7] Equivalente a aproximadamente 200 euros de hoy.
[8] Aristides Pereira (1923-2011) fue un dirigente revolucionario caboverdiano, militante del PAIGC y compañero de lucha de Amílcar Cabral en el proceso de liberación nacional de Guinea-Bisáu y Cabo Verde. Tras la independencia, fue el primer presidente de Cabo Verde, cargo que ocupó entre 1975 y 1991, encabezando junto al PAICV la construcción inicial del nuevo Estado nacional bajo una orientación socialista y antiimperialista. Su trayectoria condensó tanto el legado cabralista de emancipación anticolonial como las dificultades históricas de construir el socialismo en un país insular, pobre, fragmentado y dependiente.
[9] Regiones insulares de la República Portuguesa poseedoras de estatus autonómico especial, contando con Asamblea legislativa y gobierno regional.
[10] En los primeros años de la independencia, ante la escasez de recursos naturales, el gobierno socialista caboverdiano impulsó una iniciativa singular: adquirir tierras fuera del país para producir alimentos destinados al archipiélago. La opción inicial fue Brasil, país culturalmente cercano, pero los precios elevados llevaron finalmente a comprar, en 1985, unas 10.000 hectáreas en Paraguay. El proyecto se llamó Isla Verde. No deja de ser curioso que el régimen anticomunista de Alfredo Stroessner quien le vendiese tierras a un Estado constitucionalmente “[…] orientado para la construcción de una sociedad libre de explotación de hombre por el hombre [artículo 3ro. de la Constitución caboverdiana de 1980]”. El escritor caboverdiano Tchalé Figueira retomó esta experiencia histórica como inspiración en su novela Solitário.
[11] Referimos a la Unión del Pueblo de las Islas de Cabo Verde (UPICV) de José André Leitão da Graça. Organización de tendencia maoísta.
[12] Cesária Évora (1941-2011) fue una de las figuras centrales de la proyección internacional de la música de Cabo Verde. Conocida como la “diva de los pies descalzos”, popularizó mundialmente la morna y la coladeira, géneros fundamentales de la cultura musical caboverdiana. Recibió seis nominaciones al Grammy y ganó uno en 2004 por Voz d’Amor, en la categoría de mejor álbum contemporáneo de músicas del mundo.
[13] Mário Lúcio Sousa, nacido en Tarrafal, isla de Santiago, en 1964, es músico, compositor, escritor y político caboverdiano. Fundador del grupo Simentera y figura central de la renovación cultural de Cabo Verde, articuló la recuperación de las tradiciones musicales populares con una proyección internacional de la identidad caboverdiana. También desarrolló una importante obra literaria y fue ministro de Cultura de Cabo Verde entre 2011 y 2016. Entre otros reconocimientos, recibió la Orden del Vulcão, el Premio Literario Carlos de Oliveira, el Premio Literario Miguel Torga y el Premio PEN Club Portugal de Narrativa.
[14] Claridade fue una revista literaria y cultural fundada en Mindelo, isla de São Vicente, en 1936, por Manuel Lopes, Baltasar Lopes da Silva y Jorge Barbosa. En torno a ella se formó el llamado movimiento claridoso, considerado decisivo en la constitución de la literatura caboverdiana moderna y en la afirmación de una identidad cultural propia, la caboverdianidad. Sus autores colocaron en el centro de la creación literaria la insularidad, la sequía, el hambre, la emigración, la cultura popular y el criollo, rompiendo parcialmente con el canon portugués y abriendo un camino de emancipación cultural que precedió a la independencia política.

