InicioDestacadasMemoria, juicio y castigo

Memoria, juicio y castigo

Foto Liroy Rodriguez UCUR

Desde Radio 36 Centenario no olvidamos lo que ocurrió, antes, durante y después de la última dictadura cívico militar en Uruguay con cientos de compatriotas que fueron detenidos , torturados y desaparecidos.

RAMOS BENTANCOR, Horacio Darío “Gorila”. Muerte: 30/6/81-

Nació el 20 de junio de 1940.

Bancario, casado, 2 hijos. Era militante del MLN-T. Detenido el 15 de mayo de 1972 en Pando, departamento de Canelones. Tenía 42 años en el momento de su muerte, ocurrida el 30 de junio de 1981.

Se suicidó en la sala de disciplina (“La Isla”) el Penal de Libertad, donde estaba incomunicado, cumpliendo una sanción. Según testimonios de varios detenidos del 2do. piso del EMR 1, días después de su muerte varios oficiales se jactaron frente a ellos de haberle alcanzado a Ramos la faja con la que supuestamente se autoeliminó.

Poema Para Hacer Dormir a mi Hija

Julio del 73

Jugando Sueños

Anoche soñé contigo

Flor de durazno,

pequeña…

Anoche soñé contigo

jugando a la rueda-rueda

Anoche soñé contigo

Conejito y luna llena,

soñé con tu voz de sol

trompo, muñeca, rayuela.

Soñé contigo…

pétalo abierto,

capullo herido

color cigüeña.

Soñé contigo…

sombra de un tallo

ramita frágil

hojita seca.

Anoche jugué en tu sueño

pan y canela.

no tengo delantal,

no tengo zapatos

no tengo escuela…

tengo mil escuelas

pan y canela

tengo a mi padre preso

preso a mi hermano

presa a mi abuela.

Anoche soñé contigo,

anoche jugué en tu sueño

pan y canela…

Contigo rodando ruedas

y abriendo puertas.

Partes de la entrevista realizada en CX 36 radio Centenario el martes 8 de mayo de 2007 a Esteban Pereira Mena, el Negro Alejandro, quien compartiera la prisión en el Penal de Libertad con Horacio Ramos y que recientemente prestara declaración como testigo ante la Justicia por la causa que se sigue en busca de conocer las verdaderas causas de la muerte.

Pereira Mena: …en junio del año pasado para ser testigo en el caso del asesinato del compañero Horacio Ramos, más conocido por todos los tupamaros y los presos como El Gorila. Desde acá le doy un abrazo a Sebastián y a Patricia, sus hijos, que estuvieron allí. Y bueno, me pareció importante tomar no sólo a Horacio Ramos en su forma individual sino como un representante, un ser social, un revolucionario entre todos los revolucionarios que fueron desaparecidos, asesinados; que algunos antes de caer, otros en la tortura, otro en el Penal, otro en la isla y otro como secuela luego de salir, morían infartados por todas las consecuencias de la tortura.

SERPAJ escogió entre tantos compañeros víctimas del terrorismo de Estado a Horacio Ramos, por ser un compañero torturado antes inclusive de que las Fuerzas Conjuntas pasaran a dirigir todo el aparato represivo.

Mi opinión era discrepante con los compañeros de SERPAJ porque yo entendía que la muerte de Horacio Ramos, el asesinato de Horacio Ramos en la isla, estaba dentro de un contexto que se daba en los cuarteles, en el Penal y en la isla y que habían tantos compañeros, como Ángel Yoldi, que Gregorio Álvarez fue a la isla para amenazarlo, a decirle  que uno de los dos estaba de más. Que vino la Cruz Roja y nosotros denunciamos que lo iban a asesinar a Horacio Ramos porque Gregorio Álvarez fue a la isla a amenazarlo. La Cruz Roja dijo que no, que estaba amparado por la Cruz Roja. A los cuatro o cinco meses vino la Cruz Roja, el compañero había sido asesinado cultivándole no sé qué en el Hospital Militar.

Acá la tortura concentrada en los cuarteles, en la impunidad que se movían estas Fuerzas conjuntas fueron terriblemente crueles en todos los aspectos. Es decir, la tortura a nivel mundial fue aplicada al Penal, a los cuarteles, a la isla.

A Horacio Ramos, alias El Gorila, lo conocí porque él se enteró que yo era cristiano. Él se sentía marxista-leninista pero no renegaba del pensamiento de un Jesús revolucionario. Siempre decía que Cristo si existiera hoy, sería un comunista.

Bueno, nos encontramos en el ´73, Horacio estaba -porque me preguntaron las ubicaciones en el Juzgado, dónde estaba yo-  y yo estaba en el segundo piso, en el segundo A, en la celda número 1 donde me estaban verdugueando abiertamente porque, del Penal me iban a llevar a Paso de los Toros a vérmelas con el señor Nino Gavazzo.

Horacio Ramos, era un hombre de complexión robusta, alto, ancho, musculoso, morocho. Musculatura muy bien trabajada, usaba lentes gruesos. Tal vez haría dos veces mi tamaño. Llamaba mucho la atención, a quien lo conocía por primera vez impresionaba su tamaño, seriedad y hasta una cierta fiereza en su porte. Pero al entablar relación comprendíamos que era bueno como el pan, su corazón tierno y afable, su solidaridad infinita, su ternura era acorde a su tamaño, su inocencia y pureza como la de un gurí grande.

(…) Te metían una cuerda al cuello y te alzaban por las rejas porque la isla tenía doble reja, la de seguridad. Te metían la cuerda y te alzaban. Yo pesaba 60 ó 62 kilos. Me alzaban. La primera vez casi me ahorcan porque después que te llevan hasta allá arriba te sueltan. Después ya me avivé: me ayudaba con las piernas y subía por la reja apoyado. Ahora, mi tamaño, era la mitad de Horacio,  era inmenso el Gorila por eso resalto lo inmenso que era y bien trabajado y fuerte.

Cuando dijeron que por un problema con un cucharón en la comida lo llevan a la isla y aparece ahorcado y con una faja que la vinieron a buscar al Penal y dicen que se había ahorcado con la faja, todos en el Penal sabíamos que fue un asesinato cruel, de los peores porque este compañero vendía vida, animaba a todos los compañeros.

Y esa que yo digo es una de las posibilidades del asesinato a un compañero lleno de vida como era el Horacio, Firma la libertad y al otro día dicen que se ahorca en las barracas. Asesinatos impunes.

Hablar de suicidio es tan criminal, tan canallesco, tan sucio y cobarde como brutal ignorancia, una asesina mentira, una falacia, ignominia de crueldad, de sarcasmo ignorante y brutal que no logran imaginar la bondad de este compañero, la solidaridad, la frescura de corazón y de alma y sobre todas las cosas, principios irrenunciables del socialismo, de terminar con el capitalismo imperialista y acabar con la explotación del hombre por el hombre y construir con la teoría de la teología de la liberación -era lo que él pensaba- un cielo en la tierra donde las clases y la represión desapareciera y todos fuéramos hermanos.

Horacio Ramos, El Gorila unía el pensamiento cristiano con el pensamiento de Marx, de Lenin, de Mao, de todos los revolucionarios que luchan por la verdad y la justicia. Amaba tanto la vida como el que más pudiera amarla. Su voz era un canto a ella. La proyectaba como un canto de paz y de amor entre los hombres; como un cristiano que buscaba y sentía el cielo en la tierra.

Amaba a sus hijos, a su compañera y a su madre con una pasión indescriptible. Toda su vida sostenía que no estaba separado por las rejas sino que por el contrario estaba unido por la lucha revolucionaria. Escribía, leía, hacía manualidades y deportes con la convicción que pronto estarían juntos desde la lucha. Yo le decía en son de broma «mirá que son unos bebés todavía» y él respondía: pronto crecerán en cuerpo y espíritu. A él podrían torturarlo, destrozarlo, pero ni siquiera imaginar tocar a sus hijos. Hacía manualidades y escribía cartas a sus pichones con delicadeza y fervor indescriptibles. Horacio Ramos, no se suicidó. A Horacio Ramos lo asesinaron en la isla del Penal de Libertad

Noticias relacionadas
Radio en vivo