InicioDestacadas“He luchado contra el imperialismo yanqui y su agresión a Viet-Nam”

“He luchado contra el imperialismo yanqui y su agresión a Viet-Nam”

Nguyen Van Troi fue apresado por las fuerzas sudvietnamitas cuando minaba un puente en Công Lý, cerca de Saigón -actual Ciudad Ho Chi Min- ,  en la ruta por donde iba a pasar el entonces Secretario de Defensa de los Estados Unidos, Robert McNamara y el embajador Henry Cabot Lodge, en plena guerra de agresión estadounidense contra Viet Nam.

Después de cinco meses de torturas, intentos de fuga y violentos castigos corporales, Van Troi fue condenado a muerte.

El 15 de octubre de 1964, el guerrillero vietnamita, tuvo el último encuentro con su desolada esposa Phan Thi Quyen.

Ella recordaría siempre que aquel día, el joven estaba tranquilo, se despidió con un beso y le pidió ser fuerte.

Cuando salió su esposa, dos religiosos entraron a la celda; uno era un monje budista y el otro un sacerdote católico.  Ambos pidieron a Van Troi que se confesara y mostrara arrepentimiento. Su respuesta fue concisa:

– No me hace falta representar esta farsa porque no hay nada de lo que pueda arrepentirme.

Cuando fué conducido desde su celda hasta el lugar de la ejecución, vestido de blanco entre las filas de soldados armados de fusiles con las bayonetas caladas, los esperaban algunos corresponsales de la prensa vietnamitas y extranjeras que le pidieron su última declaración:

«Por no haber podido soportar la muerte de mi pueblo y la humillación de mi patria contra el Imperialismo yanqui, no soy culpable a los ojos de mi pueblo y de mis compatriotas,  yo he luchado contra el imperialismo yanqui que ha agredido a Viet Nam del Sur con tantas desgracias, dolor y muerte a mis compatriotas, no contra mi pueblo,  amo entrañablemente a mi Viet Nam querido, nunca he estado contra mi pueblo….»

Se negó a que le vendaran los ojos:

No lo necesito, déjenme ver por última vez mi tierra querida.»

Pero los verdugos lo redujeron por la fuerza y lo ataron fuertemente al poste de fusilamiento.

Van Troi esperó a oír la orden del oficial que mandaba el pelotón y entonces gritó a todo pulmón por tres veces:

«¡Viva Ho Chi Min! ¡Viva Viet Nam!» antes de que la descarga de fusilería segara su joven vida.

Murió sin traicionar los ideales  que había manifestado:

“He crecido formado por la Revolución, mi padre era combatiente de la resistencia anti-francesa y fue torturado por el enemigo hasta quedar inválido.

Llevo en mi corazón un odio incontenible hacia los enemigos de la patria, he llegado a Saigón con la firme decisión de continuar la obra revolucionaria de mi padre…”.

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