Aníbal Sampayo (de El canto elegido). Paysandú, Febrero de 1966
Foto:Aníbal Sampayo, Disco Patria. Sondor 1985.
Para comenzar con este ensayo de comprensión, de nuestra obra poética y musical, impone conocer una idea general del contenido de la cultura regional o de la comunidad donde fueron recogidos los ingredientes para su creación; color, eufonía, paisaje y temática. En cuanto a mi obra la inspiración deriva de nuestro norte litoral uruguayo, con un sentimiento musical, que se extiende hasta y desde Corrientes, Misiones, y del Paraguay, donde viví algunos años consustanciado con su gente, su naturaleza, y donde las raíces de mi canto sorbieron el doliente lirismo, del paisaje humano de la tierra hermana.
Por eso, en mi obra he tratado de sintetizar los rasgos comunes del hombre antes que las diferenciales de cada región, que en ese caso no existen. Para eso antes es necesario vivir como elemento participante; acercarse, sufrir personalmente el quehacer de la vida de quienes se ven retratados en mis canciones; El pescador, Tino, Cieguito cantor, El Sandierito, etc, son trasuntos reales, que como artista y compositor he conocido y tratado. Dice al respecto, Don Lázaro Flury:-“El empleo del material folklórico, no es privativo de cultores determinados. Puede ser empleado sin sujeción de grupos y al margen de las leyes intuitivas de la creación anónima. Con ello se hace uso de la proyección estética del folklore. Eso significa que todo el material, puede ser utilizado en los campos melódicos, instrumentales y de forma, siguiendo la inventiva personal. No puede ser de otra manera, desde el momento que ello no es folklore, sino una proyección de esa disciplina, admitida y aceptada. Por tanto todas las tendencias modernas, no lesionan en lo mínimo al patrimonio tradicional.
Las elucubraciones en el plano artístico denotan con elocuencia la plasticidad material, para la elaboración de expresiones estéticas. Este fenómeno se repite en todos los pueblos del orbe. No se trata, pues, de nada nuevo y no debe alarmar a los más ortodoxos cultores de la tradición, porque en nada afecta lo que el folklore tiene de permanente y eterno en su dinámica secular”.
En mi caso debo manifestar, que no sólo me considero un estudioso del paisaje, del hombre, del clima, etc, soy parte del mismo. Ya que mi experiencia ha sido en parte vivida con un sentido-sin llegar a ser panteísta-de la naturaleza, con una solidaridad sin condiciones con el hombre de áreas rurales, urbanas, selváticas y aún de tolderías indígenas. Con ello he cumplido la exigencia moderna de la ciencia en lo referente al fenómeno cultural, que recomienda que el sujeto penetre en él, hasta procurar vivirlo personalmente: lo que desmoraliza al que trabaja desde su gabinete en las grandes capitales, valiéndose de cuestionarios recibidos por correo, o prospectos de turismo.
Antes de entrar a considerar el ritmo de mi música y sus raíces lejanas, debo poner en conocimiento, que la misma ha sido elaborada en base a datos históricos e investigaciones, que dan a mi obra una verdad documentada, y para ello he debido consultar legajos antiguos, partituras musicales y notas de recopiladores como: Dámaso Antonio Larrañaga, Baldomero M. Vidal, César B. Pérez Colman, Furlong, y otros, además de los archivos de las catedrales más antiguas del país y naciones hermanas. Comencemos haciendo un poco de historia.
En la Banda Oriental, al norte, se fundaron siete pueblos llamados Misiones Orientales, o los siete pueblos de Misiones. Referente a ellos escribe Pérez Colman, en su primer tomo de historia de Entre Ríos pág.201. “Cada pueblo tenía talleres de escultores, pintores, doradores, relojeros, plateros, cerrajeros, carpinteros, herreros y demás oficios. En algunos funcionaban tipografías, con su correspondiente dotación de artistas grabadores, en madera y metal: las mujeres hilaban y confeccionaban las telas pero no les estaba permitido el uso de la aguja, oficio éste reservado a los músicos y sacristanes. El trabajo era obligatorio, pero poco penoso, pues las jornadas eran de cuatro a seis horas. Los niños empezaban a trabajar a edad conveniente. Se les enseñaba a escribir Guaraní y español, esto último por orden del gobierno. Además se les enseñaba música, Latín y danzas.” Del Latín tenemos una prueba en la antiquísima campana fundida por los indios Misioneros, y que reza lo siguiente: “Santé Nico Laé, Ora pro nobis” y que se conserva como símbolo, en el frente de la iglesia de Paysandú. Esta campana fue donada por el General Rivera en 1829, traída de las Misiones y data de 1689.
En cuanto al ganado vacuno fue introducido por los jesuitas en sus establecimientos, del que provino más adelante la riqueza pecuaria del Litoral. En nuestro suelo ejercían el trabajo de faena los indios de Yapeyú. Este es el ganado que luego alzado pobló inclusive todo el sur, llamándosela vaquería del mar.(Hernández organización de las doctrinas).Pág.204.

