En el Portal de la Universidad de la República se publicó el resultado del Tercer relevamiento nacional de Ollas y merenderos populares en Uruguay realizado en el año 2025
Dicho documento fue generado en colaboración con el Departamento de Sociología (FCS), la Coordinadora Nacional de Ollas y Merenderos Populares-Ollas por Vida Digna y el Servicio Central de Extensión y Actividades en el Medio de la UdelaR.
En el Tercer relevamiento de ollas y merenderos populares (OMPs) realizado en 2025 identificamos 415 iniciativas que continúan presentes como un actor relevante, diverso, disperso en el territorio nacional, respondiendo de manera creativa y potente al hambre.
Lejos de ser una respuesta coyuntural a una situación de emergencia sanitaria y socio-económica en la pandemia de COVID-19 en 2020, se configuran tramas vecinales, familiares y organizacionales que sostienen la vida en los barrios en el mediano y largo plazo (incluso el 29% comienza antes del 2020), preparando y entregando alimentos, pero también componiendo espacios comunitarios fundamentales para responder a otras necesidades más allá del alimento.
A lo largo de los últimos cinco años el fenómeno de las OMPs ha tenido algunas transformaciones relevantes: pasó de 645 iniciativas en 2020 a 415 en 2025 (se redujeron 35% la cantidad de OMPs), de 6100 personas organizando en 2020 a 2738 personas en 2025 (se redujo 55%), y de 506.400 porciones semanales servidas a 173.555 en 2025 (se redujo 66%). Esto puede estar indicando que las experiencias priorizan sostener los espacios funcionando, aunque menos personas puedan hacerse cargo de la labor semanal, y sirvan menos porciones. En otras palabras, se prioriza el punto de acción y encuentro comunitario, más allá de la materialidad concreta.
En este mismo sentido, cuando observamos el conjunto de acciones que realizan las iniciativas además de cocinar y entregar alimentos, vemos un aumento en la cantidad de OMPs que realizan al menos alguna actividad (pasando de 84% en 2022 a 93% en 2025), aumentando en todas las categorías de acción, especialmente aquellas que refieren a actividades recreativas, culturales, deportivas y educativas, así como la orientación o derivación a otros espacios por problemáticas sociales múltiples.
Se consolidan también algunas tendencias territoriales y organizativas. Las iniciativas se concentran crecientemente en Montevideo (64%) frente al interior del país (36%), y se mantiene una fuerte feminización del trabajo comunitario: en 2025, el 72% de las personas organizadoras son mujeres, frente a un 28% de varones, lo que supone un leve aumento de la proporción femenina respecto a relevamientos anteriores y refuerza la centralidad de los cuidados comunitarios en el sostén de la vida.
Asimismo, el 40% de las experiencias articula con otras ollas y merenderos, ya sea mediante redes formalizadas o colaboraciones directas, mostrando la persistencia de lógicas de cooperación territorial.
Otra tendencia que se consolida es el aumento proporcional de los merenderos respecto a las ollas. La reducción del plato caliente a la merienda era un fenómeno que se había observado ya en 2022. El 85% de las iniciativas tienen merendero en 2025 (42% sólo merendero, 43% merendero y olla); de cualquier modo, 58% de las iniciativas llevan adelante sólo olla o olla y merendero, por lo que la preparación del plato caliente sigue siendo importante.
Una de las transformaciones relevantes tiene que ver con el perfil del grupo organizador: las iniciativas vecinales y familiares siguen siendo mayoritarias (sumando 59% del total de OMPs), pero crecen las iniciativas llevadas adelante por grupos de instituciones religiosas (21%) y clubes deportivos (12%). Además, cambian las fuentes de insumos: en 2025 el 91% de las iniciativas reciben algún tipo de insumo de organismos del Estado (74% en 2022), siendo la principal fuente de insumos en el 63% de las OMPs.
También crece la relevancia que tienen los recursos de las propias experiencias (aportes en dinero o insumos de integrantes de la iniciativa, o fondos recaudados colectivamente) siendo fuente de insumos en el 68% de las experiencias, y se mantienen en relevancia los donantes particulares (41%), vecinos (26%) y comercios locales (25%) respecto a 2022. Esto muestra un mayor alcance relativo de los organismos del Estado con algún tipo de aporte, aunque una importante trama local de sostén.
En cuanto a las personas que se alimentan en OMPs se observa con claridad el perfil orientado a niñeces y adolescencias en los merenderos, mientras que las ollas presentan perfiles poblacionales atendidos mayormente diversos: niñeces y adolescencias, adultos/as mayores, personas en situación de calle, trabajadores informales y zafrales, familias en situación de pobreza, etc.
La relación con las personas que se alimentan en ollas y merenderos permanece sin cambios respecto al 2022: en el 64% de las iniciativas las personas que organizan también comen de lo preparado, y en el 51% de las iniciativas los/as comensales colaboran con alguna tarea.
Por último, respecto a las necesidades expresadas por las iniciativas, se destaca la falta de insumos suficientes para cocinar (66% de las iniciativas), falta de apoyo técnico psicológico y social (36%), falta de leña o gas (28%) y falta de un espacio adecuado para cocinar (24%). Esperamos que este informe aporte a hacer visible para nuestra sociedad el valor y magnitud de estas experiencias de organización comunitaria que dan respuesta al hambre en todo el territorio nacional.

