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Donde la luna cayó

El jujeño Jorge Cafrune popularizó varias canciones de A.Sampayo.

Aníbal Sampayo. (segunda y última parte).

Detrás, a talonazo limpio, el Dr. Sarmiento . A punto de ganar la carrera el burro del cura se sintió levantado en vilo desde sus patas traseras, como por la fuerza de mandinga, deteniéndolo en seco, pasando el orejudo cuadrúpedo del doctor al frente y ganando, entre vítores y aplausos, la aguerrida competencia hípica. ¿Qué había pasado?…El autor de tan imprevisto como definitorio triunfo del doctor, había sido el turco Cafrune, que se había apoderado del rabo del azorado pollino del cura y con una sola mano había detenido su ya ganada carrera. El chiste le costó al “turquito”, varios vasos de vino, que tuvo que pagar al ofuscado párroco lugareño, para apaciguar el caldeado ánimo de este.

Pero si su fuerza física era asombrosa, más aún lo era la fuerza de su voz, que hizo estremecer de miedo a sus enemigos, los que planearon su muerte, por el miedo vergonzoso y repugnante , el asesinato tan propio de la reacción cipaya de las dictaduras y su patrón imperialista.

El odio se hizo tormenta

tu galopar te emboscaron

para enrojecer tu senda

y sofrenar tu orejano.

Porque la razón del canto, es la razón de los pueblos y el fantasma que persigue a los déspotas del continente que arman su brazo para reprimir a los pobres, a los más necesitados y, así , a costa del hambre y la miseria de sus gentes mantener los privilegios de unos pocos para saciar el inagotable apetito de los lobos del norte con colmillos multinacionales. Por eso y por razonar con el canto, mataron en Chile a Víctor Jara, en Uruguay a Jorge Salerno y ahora a Jorge Cafrune en Argentina. Pero el canto de Jorge como el de Salerno y Jara, no son cantos que se ahogan con sangre porque viven en las gargantas de todos los nuevos pájaros cantores, proyectados al cielo ancho de la liberación del canto popular.

Quién puede acallar tu voz

si es miel de las algarrobas

que en las noches coscoínas

madura azul en las coplas

y en cada vino chayero

Jorge Cafrune te nombra

Así como pienso sin temor a equivocarme que Mercedes Sosa le imprime a mis canciones esa dulce ternura y esa calidez humana inimitable, la voz de Jorge Cafrune vestía son su ropaje inconfundible y de telúrico sabor, toda mi modesta cosecha de canciones. En el “Pescador”, como en “Garzas viajeras” o en “Canción de verano y remos” su voz se transformaba y era capaz de reflejar con la más alta fidelidad, el soberbio y fluvial hábitat del hombre del litoral, o trascendía el íntimo territorio espiritual del gaucho del sur, con la más pura y conmovedora autenticidad de su una milonga, como “Dende gurí” o “Patrón”.

Jorge Cafrune no fue de los hombres que “necesitaba escalar hombres para ganar altura”. Al contrario, siempre tenía su mano tendida y franca para cuartear a sus colegas del oficio encordado. Ejemplo de solidaridad, sin actitudes egoístas, puestas tan de moda en algunos otros artistas de  renombre. Por eso es necesario entonces, remarcar esa honestidad, la profunda y fecunda huella que dejó Jorge Cafrune en el horizonte del canto popular del Río de la Plata.

Sangra en las venas del viento

y en los pájaros del alba

dulce y más honda que nunca

tu zamba de la esperanza

El “turco” fue un inclaudicable trovador de su tierra y sabía como pocos, innovar con belleza en cada canción, sin desvirtuar la idea básica del autor. Esto lo hacía un respetuoso y a la vez verdadero creador, ya que cada canción era revestida por su voz, de una frescura y una originalidad cautivante, que llevaban a la obra al más franco éxito.

Como hombre de pueblo, Cafrune nunca dio la espalda al compromiso con el más noble espíritu de confraternidad. No se distanciaba del momento histórico en el que vivimos, que exige del hombre el más alto precio de la solidaridad humana. Su personalidad definida, su actitud franca, su palabra valiente y su canto sin mordaza le dieron muchos amigos y admiradores en varios continentes y también esas mismas virtudes le acarrearon enemigos que provocaron su desaparición. Por eso en el aniversario de su muerte, le recordamos con tanto cariño y respeto. Respeto por arte inimitable y su hombría de bien; por su siembre y por su surco abierto al rumbo del canto, y porque Cafrune, dejó en cada uno de los argentinos y orientales, un ejemplo de lo que es el arte, cuando es auténtica expresión de su pueblo. Solo nos resta solicita a los cantores populares, el más sentido de los homenajes , bregando porque algunos de los escenarios mayores del canto popular rioplatense lleve el nombre de quien tanto hizo por ellos: el de Jorge Cafrune.

Tomado del libro “El canto elegido. Aníbal Sampayo”. Ediciones Cono Sur Press.1985.

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